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Santiago González

CARTA DEL DIRECTOR

Santiago González

Director de El Día de Valladolid


Donde una puerta se cierra, otra se abre

02/01/2022

«Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: Donde una puerta se cierra, otra se abre. Dígolo porque si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que buscábamos, engañándonos con los batanes, ahora nos abre de par en par otra, para otra mejor y más cierta aventura». Sabias palabras las que pone Miguel de Cervantes en boca del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y que han llegado hasta nuestros días como una gran verdad. Estos pensamientos me han venido ahora a la mente porque andamos cerrando la puerta a un año que llegó cargado de esperanzas y nos ha dejado con hartazgo y cierto temor, aunque agarrados a la ilusión de que 2022 pueda ser, esta vez sí, el que abra un nuevo horizonte donde poder olvidar al maldito bicho y recuperar nuestras vidas y nuestras costumbres.
Las vacunas han sido las grandes protagonistas de un año en el que todos pensamos que podríamos cantar victoria frente al coronavirus, que ya nos ha quitado a muchos seres queridos, demasiados, y nos ha hecho cambiar el estilo de vida y, en muchos casos, las relaciones sociales y familiares. Pero no ha podido ser y, como sirve de poco mirar hacia atrás, ahora debemos centrar nuestro objetivo y nuestra lucha en que esta vez sí, el año que iniciamos sea el último de una pandemia que nos ha producido mucho sufrimiento y aún lo sigue haciendo. Tan solo en el último mes, diciembre de 2021, han muerto cerca de medio centenar de personas víctimas de la covid-19 en la provincia de Valladolid. Y pensábamos que ya estaba superada, que podíamos volver a los conciertos, a las cenas de empresa, a las comidas familiares, a las fiestas, a los cotillones...
La altísima tasa de contagios y el sinfín de cuarentenas han impedido en muchos casos acudir a esos encuentros navideños tan esperados y enraizados en nuestra cultura. El peligro de una desenfrenada transmisión del virus ha actuado como un medidor de sensatez para no poner en riesgo la salud de nuestros seres queridos, en especial los más mayores o las personas con alguna patología de riesgo. Sin embargo, esta tristeza que nos queda, y que aún permanecerá cuando en unos días haya niños que no puedan acudir a casa de sus abuelos o tíos para recoger los regalos que les hayan dejado los Reyes Magos, debe convertirse en esperanza durante las primeras semanas de este nuevo año. Algunos científicos hablan del principio del fin de la pandemia tras esta sexta ola en la que la variante ómicron es muy contagiosa pero mucho más leve que las anteriores, otros prefieren ser más prudentes y aseguran que aún es pronto. Al menos es un rayo de luz que hace presagiar que el camino es correcto para salir de este largo túnel.
Yo prefiero agarrarme fuerte a esta ilusión, pensar en que este año sí, este año venceremos y volveremos a abrazar y besar a nuestros seres queridos, amigos y familiares. Cierro los ojos y veo una sonrisa sin mascarilla, a pesar del insufrible precio de la electricidad o de la altísima inflación que no se reduce con el paso de los meses, de la incertidumbre en el empleo por la falta de componentes y de una recuperación que no avanza al ritmo que nos contaron. Hay motivos para la esperanza, no nos dejemos vencer por la frustración pues cada vez está más cerca el final y yo creo firmemente en que 2022 es el primer año de la victoria frente a la covid.
Eso sí, pongamos todos de nuestra parte. Seamos responsables y luchemos con fuerza por no dejar a nadie atrás. Salgamos todos, pero juntos y mejores. Son mis deseos.