¿Un crimen sin móvil?

A. G. Mozo
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¿Un crimen sin móvil?

El juicio por la muerte de 'Sebitas' arranca este viernes con la incógnita de qué llevó al presunto homicida a acabar con el joven de 41 años. Un jurado popular decidirá si fue Tomás A.S. y si actuó con alevosía aquel 9 de abril de 2017

Sebitas y Tomás se conocían. No era raro verles juntos por su barrio de toda la vida, aunque no está clara cuál era la relación que les unía, más allá de ser coetáneos y de esas décadas de vecindad en el popular Barrio España; sus casas estaban a solo cinco minutos a pie, por ejemplo. Tampoco se ha logrado descubrir con certeza cuál fue el móvil de un crimen que Tomás A.S. niega desde el mismo instante de su arresto, postura en la que se ha mantenido firme, a pesar de que las pruebas parecen señalarle con meridiana claridad. Incluso, durante los más de catorce meses de pesquisas, se llegó a apuntar la posibilidad de que discutieran porque la víctima hubiese acusado a su supuesto verdugo de haberle cogido el teléfono móvil, pero no se pudo confirmar.
Sebitas era archiconocido en la zona por lo «inocentón» que dicen que era, pero, sobre todo, por sus recurrentes recaídas en el cruel mundillo de la droga. Y en el de la delincuencia de baja escala, «ese de los robos con fuerza en coches para llevarse un ‘casetto’ y poder pillar una ‘papela’», según explica alguno de los policías que saben de las andanzas de este toxicómano de 41 años.
De Tomás (46 años) hay más dudas. En el barrio dicen que, como la víctima, «no tenía ni oficio ni beneficio» y que «se pasaba el día de paseo con su perrito, uno de esos pequeños, un chihuahua». Residía en la calle Costa Brava -la paralela al centro comercial Carrefour 2- y «por allí se pasaba el día», recuerda alguno de sus vecinos. Por allí y paseando por una ribera del río que, según dicen, «conocía bien».
Menos el día de marras. Aquel domingo 9 de abril de 2017 en que alguien mató a ‘Sebitas’, Tomás A.S. dice que no estaba en el barrio ni en la ribera del río Pisuerga -en la zona de Soto de Medinilla-, donde apareció el cadáver. Él dice que ese día se encontraba «lejos de allí», pero en sus declaraciones nunca concretó dónde.
Tampoco después de que la Brigada Provincial de Policía Científica elaborara un informe en base a la triangulación de la señal de su teléfono móvil y que, muy a su pesar, le sitúa en la zona el día y a la hora del crimen. En este tipo de pruebas se utiliza la posición de tres repetidores telefónicos para así concretar la ubicación de un móvil, pero, en este caso, esos repetidores en concreto ofrecen un dictamen no concluyente respecto al terminal de Tomás, «con un margen de error de unas decenas de metros», según especifican las fuentes jurídicas consultadas. Suficientes para no poder concluir que estaba en Soto de Medinilla, pero sí para tumbar su coartada y aquello de que siquiera estuvo por el barrio.

Un testigo, en cambio, le sitúa no solo en la zona del crimen, sino, además, discutiendo y pegando a 'Sebitas', al parecer, a cuenta de las acusaciones sobre la sustracción del móvil; esa es, al menos, la tesis de la Fiscalía.
Por la ubicación del móvil y por la declaración de ese testigo, Tomás fue siempre el único sospechoso para los investigadores del Grupo de Homicidios de la Unidad contra la Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Brigada de Policía Judicial. Fue apresado 48 horas después del homicidio, cuando solo había pasado poco más de un día desde la aparición del cuerpo sin vida de Sebastián V.R.;  un pescador se topó con el cadáver en la orilla del Pisuerga a las nueve de la noche del domingo y el arresto de Tomás A.S. se produjo a primera hora de la tarde del martes 11 de abril de 2017.
El trabajo policial llevado a cabo esas primeras horas fue clave y el análisis de las pruebas obtenidas tanto en el escenario del crimen como en la vivienda de Tomás A.S. terminaron de apuntalar un caso que nunca ha obtenido la ansiada confesión del único acusado, aunque eso no ha sido óbice para conseguir su ingreso en prisión -allí está desde el 14 de abril de 2017- ni su procesamiento como presunto autor de un delito de homicidio.
EN EL LUGAR DEL CRIMEN

Los agentes encontraron en la ribera del río, cerca del cadáver, el cuchillo con el que atacaron a ‘Sebitas’ y el ladrillo con el que le golpearon en dos ocasiones en la cabeza y que, finalmente, fue la causa del óbito, a pesar de la veintena de heridas por arma blanca que tenía el cuerpo del toxicómano. En los dos objetos se encontró el ADN de la víctima y en la zona, también, restos biológicos de la presencia allí de Tomás.
A pesar de ello, serán los nueve miembros de un jurado popular los que deberán determinar el peso de esas pruebas, tanto de las físicas que se encontraron en la ribera del río, como del informe pericial de la posición del móvil. El anuncio de que el abogado defensor de Tomás pedirá la libre absolución de su cliente en el juicio anticipa una nueva declaración de inocencia del único sospechoso, que se sentará en el banquillo acusado de delito de homicidio por parte del fiscal del caso y de asesinato, en el caso del letrado de la familia de ‘Sebitas’, que ejerce la acusación particular en un juicio que arrancará este viernes, precisamente, con la elección de los miembros del jurado popular.
A CUCHILLADAS Y GOLPES

La vista se celebrará durante toda la semana siguiente en la Sección IV de la Audiencia de Valladolid, en el primer juicio con jurado popular en más de un año, desde que en diciembre de 2016 se celebrase el del doble crimen en el club Las Vegas, de Medina del Campo, en donde se zanjó a tiros una deuda por una compra de drogas. En este caso, en cambio, no se ha logrado descubrir cuál fue el móvil.
La Fiscalía entiende que Tomás cometió un delito de homicidio y pide por ello una pena de catorce años de prisión, mientras que el abogado de la familia de ‘Sebitas’ entiende que sí hubo alevosía (por ir armado, por haberlo planeado o por actuar sorpresivamente) y, por ello, eleva su petición de pena a los 20 años de cárcel, entendiendo que fue un asesinato. Pero, ¿por qué?