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El candidato para todo sale al rescate

Agencias-SPC
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Con el reto de 'salvar' a Podemos tras abandonar el Gobierno, Pablo Iglesias fía su apuesta al debate ideológico para «parar el fascismo»

El líder morado ha protagonizado un duro enfrentamiento con Monasterio. - Foto: JUAN MEDINA

Desde que se presentó a las elecciones europeas en 2014 con su cara en la papeleta electoral, Pablo Iglesias ha ejercido en Podemos un hiperliderazgo que le ha llevado a no confiar nunca a nadie más que a él el reto más difícil de cada momento político, aunque ello implique dejar el Gobierno para tratar de salvar su organización. Porque ese es el objetivo del líder morado después de los descalabros autonómicos de su formación, especialmente en Galicia, donde ni siquiera logró representación.

A sus 42 años, Iglesias ha sido profesor universitario, fundador de Podemos, candidato a las europeas y cuatro veces a las generales y vicepresidente del primer Gobierno de coalición de la democracia. Pero, tras abandonar ese puesto apenas un año después de acceder al Ejecutivo, y, como «madrileño y antifascista», según remarcó en el vídeo en el que anunciaba su candidatura, se encomendó a sí mismo la tarea de polarizar con Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid.

Aquella declaración de intenciones se ha hecho realidad en una campaña en la que ha fiado su apuesta al debate ideológico, por encima de las propuestas. Sin embargo, aunque las críticas más furibundas de los días previos a las elecciones fueron, precisamente, contra la aspirante popular, su enfrentamiento más sonado fue con la candidata de Vox, Rocío Monasterio, a la que acusó de dudar de las amenazas que recibió en plena campaña. Ese fue el punto de inflexión de su estrategia electoral. A partir de ahí, el mensaje que ha lanzado Iglesias a los electores es claro: deben elegir entre «democracia y fascismo». Pese a esta polarización, que busca principalmente la movilización de la izquierda, siempre más remolona para ir a votar en las autonómicas, las encuestas no auguran el éxito de Podemos, con horquillas que van desde quedarse fuera de la Asamblea, al no conseguir el cinco por ciento de los votos, hasta subir en apenas un diputados los siete de 2019.

Padre de tres hijos, introspectivo, apasionado, estudioso, «cabezón» y devorador de series televisivas, el candidato morado ha corrido una maratón política que le ha llevado de querer «asaltar los cielos» y romper el «candado del 78» a formar parte de un Gobierno de coalición con el PSOE, a quien tanto criticaba con reproches que incluyeron hasta la «cal viva» de los GAL para acabar, de momento, como aspirante al trono madrileño.