«El alcalde que más hizo por el Campus fue León de la Riva»

Alfonso G. Mozo
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Feliciano Trebolle se despide de la Presidencia de la Audiencia Provincial de Valladolid y destaca el papel del ministro socialista Caamaño en las gestiones por el Campus de la Justicia y el del ex alcalde: «León de la Riva ayudó mucho»

Trebolle resalta la ayuda de León de la Riva para el Campus

Hoy, después de casi 43 años como juez, dice que volvería a serlo «sin ninguna duda», pero cuando en 1972 se licenció de Derecho, no tenía nada claro por qué oposición decantarse. Fue su padre, recientemente fallecido, el que le condujo hacia una Carrera Judicial que hoy adora y de la que se irá, a los 70 años y 100 días, el próximo 8 de julio. «Quiero vivir, quiero saber lo que es aburrirme», confiesa. Podía haber continuado hasta el 30 de marzo de 2021, pero ha querido que su último juicio sea el de la niña Sara, «uno de los más duros y difíciles» de un magistrado cuya lista de sentencias es eterna: Garfia, Monchines, el doctor Soto Casas, Olga Sangrador, Arroyo, Arca Real...
Es solo una parte de la hoja de servicios de Trebolle. Durante los últimos casi 16 años ha sido capaz de simultanear su función como magistrado y como presidente de la Audiencia Provincial de Valladolid, batallando siempre por un Campus de la Justicia que no se le ha logrado, por la reducción de una dispersión de sedes que sí ha mitigado y por conseguir una dotación de medios adecuada a la ciudad en la que este gallego se quedará a vivir ya como juez jubilado.


Llegó el momento de la despedida, ¿va a echar de menos la toga?
Sí, me da pena, pero también ese mismo hecho de la despedida y de la jubilación, me genera ilusión. Me da pena porque ahora dejo una vida profesional que me ha dado muchas alegrías durante estos años y que me ha gustado ejercer, pero, por otra parte, tengo mucha ilusión por esta nueva etapa, porque este ritmo de vida estresante que yo he llevado en estos años, tenía que terminar, y le he puesto el punto y final en el día 8 de julio, precisamente.
¿Se va satisfecho de su carrera?
Totalmente, tanto de mi función gubernativa como presidente de la Audiencia Provincial de Valladolid, como de mi función jurisdiccional, como magistrado. En lo que tiene que ver con mi función gubernativa, hemos sido pioneros en muchísimos aspectos, como es en materia de mediación (penal, civil, familiar...) o de realización de diligencias de reconocimiento en rueda o todo lo relativo a la aproximación hacia los ciudadanos, facilitando el acceso a la Justicia de los medios de prensa, como el mejor vehículo para llevar a cabo ese acercamiento, a través de sus noticias.
Y también en todo lo referente al punto de vista jurisdiccional, ya que he disfrutado de unos magistrados en mi sección, en mi tribunal de los que estoy muy orgulloso. Pese a las convicciones (religiosas, humanas, sociales, políticas...) de cada uno de ellos, a la hora de dictar resolución, ha primado siempre el principio de independencia, imparcialidad y objetividad, que estuvo en todo momento presente.
¿Cómo ha evolucionado la justicia en estas más de cuatro décadas?
Ha sido un cambio importantísimo y muy brusco, a la vez. No existía el número tan grande de asuntos que hay hoy, ya que todos los juzgados y órganos jurisdiccionales han visto cómo se incrementaba el número de casos que deben atender. Hay cada vez asuntos más conflictivos y con juicios de larga duración, tal como ha sucedido en la Audiencia de Valladolid con el del clan de los Monchines o el más reciente de la niña Sara.
¿De qué manera ayuda al cambio de estos años la irrupción de las nuevas tecnologías?
En este momento aún inicial, lo cierto es que las nuevas tecnologías no han llegado para ayudar a que jueces y magistrados desarrollen mejor su trabajo, sino más bien para perturbarlo. Obviamente, yo espero y deseo que esto se llegue a solucionar, pero es la realidad de lo que está pasando hoy en nuestra Administración de Justicia.
Usted llegó al juzgado de Medina de Rioseco en 1976, ¿también ha cambiado mucho el tipo de delitos que se ven?
Totalmente. Cuando yo llegué al juzgado de Rioseco veíamos sobre todo accidentes de tráfico y, por ejemplo, ninguno con trasfondo político. Además, los delitos contra la libertad sexual no existían en la cantidad actual, como tampoco los delitos de robos con violencia e intimidación.
¿Cuánto ha crecido la Justicia en Valladolid?
Hemos vivido una evolución muy grande. Estando ya de presidente de la Audiencia Provincial y antes de que España sufriese esta grave crisis económica, se crearon un gran número de juzgados en esta ciudad, hasta el punto de llegar a ponerse en marcha dos en un año. La crisis económica motivó que los juzgados, sobre todo, los de Social, los de la jurisdicción Civil y los de Penal viesen incrementado de una forma importante el volumen de asuntos, generado precisamente por esa crisis económica. Pero no había dinero, no se podían crear nuevos órganos jurisdiccionales y, por lo tanto, hubo que ir ya a un modelo alternativo, a lo que se llamó el sistema de refuerzos, basado en el envío de jueces de apoyo en los juzgados con un mayor volumen de asuntos. Y se utilizó también a los alumnos que salían de la Escuela Judicial, que funcionó muy bien en Valladolid. Yo estoy muy orgulloso de cómo todos esos alumnos fueron colaborando con los jueces y que dieron unos resultados muy buenos, colaborando a que esos juzgados estuviesen más actualizados. Este sistema no se ha abandonado y se mantiene en Social y en Familia, y, puntualmente, en los juzgados en que se iba necesitando, como pasó durante años, por ejemplo, en los juzgados de Medina del Campo.
¿Es difícil impartir Justicia con la permanente sensación de estar desbordados, de ir al límite...?
Sí, sin duda. Y muchas veces eso no lo sabe la sociedad, que se trabaja en casa, que se han muchas horas... El papel de los magistrados y de los jueces está muy poco reconocido a nivel social. Quizá en los últimos años y, sobre todo, en cuestiones con trasfondo político en que se ha visto que los jueces han dado un paso al frente muy importante, tal como el caso de Cataluña, ya sí ha aparecido la figura del magistrado como garante de una sociedad democrática.
¿Con qué otras necesidades deja a la Justicia vallisoletana?
Valladolid necesita la creación de un juzgado de lo Social, que va a entrar en funcionamiento en el mes de diciembre; otro juzgado de Familia, que creo que será efectivo en el año 2020; y uno de lo Penal o uno de Instrucción. Esto es en la capital, porque la provincia está bien tras la creación del tercero de Medina del Campo. También es fundamental que pueda haber una instalación propia para el juzgado de guardia, que ahora mismo no lo tiene en una ciudad del tamaño y la importancia de Valladolid, y, claro, el Campus de la Justicia.
¿Habrá Campus de la Justicia de Valladolid?
No me quiero despedir dejando unas críticas, pero está claro que la no creación durante tanto tiempo de un Campus de la Justicia es una decepción. Yo espero y confío que con el transcurso del tiempo, pese a estar jubilado, yo pueda asistir a esa primera piedra y a ver cómo se levanta el edificio del Campus de la Justicia.
¿Se imagina que dentro de cinco años, por ejemplo, se inaugure el Campus de la Justicia... ‘Feliciano Trebolle’? ¿Le gustaría?
Eso me resulta indiferente. Claro que el ego me dice que sería una satisfacción grande, pero lo que más importa es que la Administración de Justicia esté dotada de medios adecuados, de los mejores que se pueda y, para eso, es clave tener el Campus de la Justicia.
¿Cuánto desgaste personal le ha supuesto esta pelea?
Mucho, muchísimo. Hablamos de muchas reuniones tanto de calado político, como con profesionales del ámbito judicial de Valladolid y el propio Ministerio de Justicia. Yo llegué a crear una comisión, que fue autorizada por el Ministerio, donde había un representante de los trabajadores, de Fiscalía, de los médicos-forenses, de los letrados de la Administración de Justicia (antes secretarios judiciales)... y, claro, donde estaba el juez decano y donde estaba yo, presidente de la Audiencia Provincial. Y con esto se han tenido muchas reuniones, al nivel del Ayuntamiento y también del Ministerio de Justicia. La idea era muy clara y dada la situación de crisis económica a nosotros no nos importaba que el Campus de la Justicia se retrasase durante unos cinco años, pero que cada año sí fuese entrando, ya en ese nuevo edificio, una jurisdicción.
¿Qué ministro de Justicia de todos estos años y qué alcalde fueron los que más hicieron o más ayudaron a la consecución del Campus?
El ministro que más hizo por el Campus fue el socialista Francisco Caamaño. ¿Y alcalde? Javier León de la Riva ayudó mucho.
 ¿Por qué Caamaño?
Porque a pesar de las críticas que había por el traslado al barrio de Girón, él se apoyó en los informes técnicos para tomar la decisión de llevarlo allí, porque entendía que era el lugar idóneo para instalar el Campus de la Justicia, pues era una parcela de grandes dimensiones y que nos resolvía los importantes problemas de aquel presente, pero también los de futuro.
 ¿Y por qué León de la Riva?
En todo momento, intentó llevar a cabo todas las labores burocráticas necesarias con el fin de que fuese realidad. Las reuniones que tuve con él resultaron muy positivas siempre.
Y también he tenido reuniones con el actual alcalde de Valladolid, Óscar Puente, con el que mantengo una magnífica relación, pero sí que lamento que el Ayuntamiento que recientemente ha cesado, pues que hubiese cambiado la idea que tenía del Campus.
¿Qué falló en esas negociaciones?
Yo siempre he dicho que en materia de Justicia son muy importantes los pactos, que un cambio de Gobierno haga una determinada cosa y que, después de las elecciones, llegue otro Gobierno y lo cambie todo.
¿Si volviese al año 2003, volvería a presentarse a la Presidencia de la Audiencia Provincial de Valladolid y volvería a enarbolar la bandera del Campus y ese acercamiento a la sociedad que protagonizó casi desde el primer día?
Sí, totalmente. Yo siempre tuve muy claro que la sociedad, en su mayor parte, no conoce cómo funciona la Administración de Justicia y que había que trabajar por acercarla a la ciudadanía, abriendo las puertas de la Audiencia Provincial para que colectivos de todo tipo (jubilados, universitarios, asociaciones...) acudiesen a presenciar juicios del ámbito penal, personas cuya idea de la Justicia cambió totalmente.
Y , por otra parte, yo tenía claro que esa sensación de oscuridad que había en los Juzgados, donde parecía que era mejor que nadie se enterase de nada, pues era algo que también debía cambiar totalmente. Tenía que haber una sensación de transparencia, porque los jueces y los magistrados nos movemos bajo el principio de independencia y de imparcialidad. A aquella idea de transparencia y cercanía, se unió mi propósito cumplido de acudir a jornadas y eventos relacionados con la Administración de Justicia y fortalecer la presencia en general en la sociedad vallisoletana, sobre todo a Colegio de Abogados, de Procuradores, Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Local... Sí, me ha costado más trabajo, pero yo lo volvería a hacer.
¿Le han tentado alguna vez para saltar a la política?
Nunca. Esa no es mi función, ni lo que me gusta. Me gusta muchísimo el papel de juez y magistrado, y me voy encantado de haber pertenecido a la Carrera Judicial, de haber hecho todo lo que he hecho a lo largo de estos años y nunca, absolutamente nunca, pasaría a formar parte de ningún organigrama con criterio político.
¿Es más difícil condenar a un político que a un narcotraficante o al autor de la violación y muerte de una niña?
Estoy muy orgulloso del tribunal que he presidido, de los magistrados que he tenido en la Sección. Porque nosotros hemos tenido toda esa problemática, desde los llamados delincuentes de cuello blanco, a personas del mundo político hasta asuntos económicos importantes o incluso de entidad religiosa. Y yo estoy orgulloso, porque en todas nuestras deliberaciones siempre hemos sido objetivos, siempre bajo el prisma de la imparcialidad como la base fundamental de nuestro trabajo.
Usted ha firmado la primera pena de prisión permanente revisable de Valladolid por el caso de Sara, un caso similar al que ya juzgó en los años 90 con la violación y muerte de Olga Sangrador. ¿Defiende esta prisión permanente revisable, a pesar de las críticas?
Yo siempre me he mostrado muy favorable a la introducción en nuestro ordenamiento jurídico de la pena de prisión permanente revisable. No se debe confundir con la cadena perpetua, porque al que se le impone una pena de cadena perpetua, esa persona sabe que cuando entra en una prisión, ya no saldrá nunca más en vida, que solo va a salir cuando fallezca para su enterramiento. Sin embargo, en la de prisión permanente revisable se parte de un mínimo de 25 años y, a partir de ahí, ya será el tribunal sentenciador, el juez de Vigilancia Penitenciaria, los psicólogos, la junta de tratamiento de la prisión... pasan a valorar si esa persona está preparada para vivir en sociedad. Si los informes no son adecuados y se aprecia un riesgo de que vuelva a cometer hechos similares, pues esa persona continúa en situación de prisión.
También fue histórica la condena al clan de los Monchines, al que no se le llegó a detener con droga en su poder, pero al que su tribunal le impuso penas de más de diez años por un delito continuado, durante décadas, de tráfico de drogas...
El juicio de los Monchines duró tres meses y fue muy duro en el sentido de lo que supuso para el día a día del tribunal. También porque fue muy difícil y para llegar a la grave condena que impusimos, hubo que basar la actividad probatoria en las abundantes escuchas que se presentaron y en las testificales de los policías.

 

«El caso más complejo fue el del doble crimen de Arca Real porque ahí todos mentían»

Trebolle es el magistrado penal con una trayectoria más dilatada y con más casos a sus espaldas en esta ciudad. Del día a día y mediáticos. En su historial, están las condenas a los hermanos Garfia, el golpe a los Monchines, el del doble crimen de Arca Real, el de la niña Sara, el de Olga Sangrador, el caso Arroyo (ya en el ámbito político)... de casi todos guarda una anécdota, un recuerdo...


¿Qué juicios le han marcado más en lo personal, con cuál se ha ido a casa con el estómago torcido?
Ninguno me ha hecho irme con el estómago torcido a casa, pero me han marcado varios. El del clan de los Monchines, el del asesinato del doctor Soto Casas, el caso de la violación y asesinato de la niña de Villalón de Campos, ahora el más reciente de la niña Sara, el de Arca Real... Estos son los que más me han marcado, porque hubo unos momentos de gran tensión, como el de Arca Real (en el que el clan de los Teixeira mató a tiros en  un piso de esa calle a dos de los Ferreruela, por un noviazgo no aceptado por las familias), en el que tuve que adoptar durante el juicio órdenes de protección para varios testigos por el peligro que para sus vidas podía haber. Otros, como el asunto de la niña Sara, en el que el mero hecho de ver las fotografías en el transcurso de la prueba pericial de los forenses, fue algo muy duro... Y también fue dramático el caso de la violación y muerte de la niña de Villalón de Campos, en los años 90.
¿Se le ha quedado grabado algún asunto en el que la frialdad del acusado fuese extraordinaria?
Sí, recuerdo por ejemplo un caso de agresión sexual en plena calle, cerca de El Corte Inglés de la calle Constitución, que fue grabado por las cámaras de seguridad y que fue visionado en el propio juicio, y que, al ejercer su derecho a la última palabra, manifestar el acusado que había sido una relación sexual consentida, pese a lo abrumadora de la prueba y la violencia que se vio con que actuó.
También algún otro homicidio, como el caso de Benita del Valle, una mujer desmembrada por su marido y que fue arrojando al río Pisuerga los restos hasta que fue detenido. Y, por supuesto, uno de los que más, este último, el de la niña Sara.
El de la niña Sara ha querido que sea su último juicio en Sala y con una sentencia histórica, tras la imposición por primera vez en Valladolid y en Castilla y León de la novedosa pena de la prisión permanente...
Es un proceso histórico, no por la duración en sí, ya que el que más ha durado fue el del clan de los Monchines, que se alargó tres meses, pero sí que ha sido el más largo con jurado popular y que difícilmente se pueda dar otro procedimiento de características similares. Con 138 preguntas en el objeto del veredicto, en vez de las 50-70 preguntas habituales. También por su complejidad desde una visión jurídica, ya que  un tribunal lego ha tenido que resolver cuestiones sobre si estamos ante un dolo eventual o un dolo directo, sobre ver una responsabilidad criminal por una comisión por omisión. Y, claro, ahí ha quedado la pena de prisión permanente revisable, que es una pena que debe saber la sociedad que no es una pena facultativa que el tribunal pueda imponer a su libre arbitrio, sino que es una pena que impone el Código Penal obligatoriamente, cuando concurren una serie de circunstancias en un delito de asesinato, como es la muerte de una menor de 16 años o cuando la muerte se produce tras una agresión sexual, factores ambos que concurrían en este caso. Y la pena que fija obligatoriamente el Código Penal es la de prisión permanente revisable.
¿Y en el caso de la madre?
Pues puede que haya gente que no entienda por qué a la madre no se le impone la misma pena de prisión permanente revisable, pero es porque concurren dos circunstancias atenuantes y, en ese supuesto, desde el Código Penal se establece que hay que bajar la pena en un grado; esto significa que pasa de la prisión permanente revisable a la de 20 a 30 años de cárcel, y se le han puesto los 25 años porque es la pena máxima que se le podía imponer, porque en la conducta de la progenitora no concurría ninguna circunstancia agravante y que ya sí nos podría permitir ir a la franja de los 25 a 30 años.
¿Ha sido el más complejo?
No, posiblemente el que ha sido más complejo fue el del doble crimen de Arca Real, porque ahí todos mentían. Cada persona decía una cosa que era distinta a lo que manifestaba el siguiente, que si había visto que disparaba el padre con una escopeta, que si el hijo con una pistola, que si la hija... y hubo que basar todo en la prueba de la Policía Científica en base a las armas utilizadas.