TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


El 'dedazo americano' de Pedro Sánchez

03/12/2020

Lamento reconocer que no conozco a don Borja Cabezón, contra quien nada tengo, por tanto, más allá de las habladurías constantes en esa jaula de grillos que se llama Asamblea de Madrid, especialmente en lo que se refiere al siempre bullicioso grupo socialista, al que el señor Cabezón pertenece. Ni siquiera tengo constancia oficial de que sea el todopoderoso asesor y jefe de Gabinete presidencial Iván Redondo quien ha puesto en circulación el nombre de su amigo el señor Cabezón como candidato a la dirección de la Casa de América, ese importante consorcio que tanto papel jugó algún día, y ya no juega tanto, en las relaciones de España con Iberoamérica. El caso es que el nombre de don Borja, persona que circula con facilidad por los pasillos monclovitas además de por el Parlamento madrileño, suena mucho en cenáculos y mentideros como posible, o probable, nuevo okupante del principal despacho en el espléndido Palacete de Linares.

Ya digo que nada tengo contra el señor Cabezón, de buen currículum académico, excepto que muchos dedos le señalan como beneficiario de un 'dedazo americano' más del poder gubernamental. Y ya tenemos alguna experiencia especialmente desafortunada en la que otro 'dedazo', el del entonces presidente Zapatero, colocó al frente de la Casa de América a quien fue su jefe en la comunicación monclovita, un hombre llamado Miguel Barroso que dejó en muchos recuerdo de sus actividades profesionales tantas veces cobijado por la sombra refrescante del buen árbol gubernamental. Barroso, como Cabezón, poco tenía de diplomático, y casi nada de conocimiento de la cambiante, poliédrica, realidad iberoamericana. Y eso sí me parece condenable: el favor al amigo, aunque carezca de los títulos necesarios para okupar -perdón por la licencia tipográfica_el puesto con el que se le beneficia, es política demasiado arraigada en este país nuestro, bien se trate de asesorías varias, presidencias rentables de empresas públicas o carguetes siempre generosamente remunerados e influyentes. Al amigo, el oro, al enemigo, el plomo y al indiferente, la legislación vigente, ya sabe usted: no es cosa solamente de este Gobierno nuestro de ahora.

Por eso le dedico este artículo al señor Cabezón, hacia quien reitero todos mis respetos, que aumentarían de grado si públicamente desmintiese, como privadamente va susurrando, al parecer, La Moncloa, que pretenda hacerse con el particular trono del palacete situado en la plaza de La Cibeles, que tantas 'cumbres' de sabor iberoamericano ha albergado. Y también que tantos actos de neto cariz político, con Pedro Sánchez de protagonista sin ir más lejos, ha conocido.

Coincido con un reciente y espléndido artículo del eurodiputado Esteban González Pons en el que denunciaba el olvido al que el Gobierno español -y no es el único: la última etapa de esplendor fue la de Felipe González_ está condenando a las relaciones 'normales' con Iberoamérica. Hoy, quizá con excepción de maniobras extrañas -el nombramiento de un embajador ajeno a la carrera diplomática nada menos que en La Habana, alguna 'aventura' con Venezuela como aquella visita de la vicepresidenta venezolana con clandestinidad y alevosía o el misterioso viaje de Pablo Iglesias acompañando al Rey en Bolivia--, el olvido más desolador preside estas relaciones. Lo cual, ayudado ciertamente por el aislamiento al que nos fuerza la pandemia, resulta particularmente grave en unos momentos de grandes tensiones políticas y sociales en muchos países importantes de América Latina.

Tal vez, cuando despertemos de este mal sueño y el dinosaurio de Monterroso ya no esté ahí, comprobemos que una buena parte de aquella Iberoamérica que es un elemento sustancial de nuestra Historia y lo fue de nuestra economía, ha cambiado mucho. Demasiado aprisa para la lentitud elefantiásica de los responsables de nuestra diplomacia. Y, desde luego, si esta deriva sigue así, no será la Casa de América quien mejor pueda hacer los diagnósticos ni arbitrar buenas soluciones para recomponer lazos perdidos o desgastados.



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