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«Las señales del Ministerio sobre el Campus no son buenas»

Alfonso G. Mozo
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Entrevista al presidente de la Audiencia Provincial de Valladolid

Francisco Javier Carranza posa en la sala de vistas del tribunal del jurado, del Palacio de Justicia de Valladolid. - Foto: J. Tajes

Cuando tomó posesión del cargo, hace ahora tres septiembres, ni se podía imaginar la que se le vendría encima unos meses después de convertirse en presidente de la Audiencia Provincial de Valladolid. Una pandemia que se llevaba todo por delante y que ponía contra las cuerdas también a un sistema tan anquilosado en su camino hacia el siglo XXI; peleado con unas nuevas tecnologías que hubo que abrazar de la noche a la mañana para evitar que la justicia se paralizase. Y ahí los juzgados y tribunales vallisoletanos se mostraron diligentes, modernos y tan predispuestos como que fueron marcando el paso incluso al CGPJ en su adaptación a una situación que impulsó lo juicios telemáticos y que echó por tierra muchos de los planes de futuro que tenía en mente Javier Carranza cuando aterrizó en el imponente despacho del Palacio de Justicia, ese desde que ansía ver empezar algún día las obras del deseado campus judicial; o, como él quiere acuñar para evitar alguna susceptibilidad, la Plaza de la Justicia.

Pronto cumplirá tres de los cinco de mandato años en el cargo, ¿qué balance hace de este tiempo al frente de la Audiencia Provincial de Valladolid?

Es un balance positivo, porque estoy haciendo lo que quise cuando tomé la decisión de presentarme, si bien es cierto que a los pocos meses de tomar posesión estalló la pandemia y, a partir de ahí, llevamos dos años y pico muy intensos. Esta situación determinó apartar muchos de los proyectos que tenía, paralizarlos o reorientarlos. Hubo que hacer un trabajo oculto, en ocasiones no muy visible, pero necesario para poder mantener en funcionamiento la Administración de Justicia en Valladolid.

Y aquí me gustaría reivindicar la labor que se desarrolló, porque los juzgados de guardia y el Registro Civil siguieron abiertos a cara de perro, sin medidas de seguridad.

No hay duda de que esta primera parte de su mandato ha estado muy marcada por la pandemia, ¿ha sido un reto o un problema?

Un poco las dos cosas. Teníamos un problema muy importante sin ningún tipo de referencia y en el que los criterios nos llegaban tarde y había que afrontar situaciones inmediatas, por lo que tuvimos que aplicar decisiones de sentido común. Al poco de declararse la pandemia ya estábamos creando medidas y adoptando acuerdos. Hicimos una especie de comité provincial con los presidentes de Sala, el juez decano, la fiscal jefe, el secretario coordinador, los colegios de abogados y procuradores, los forenses, el presidente de la mesa de personal, el gerente de Justicia..., un chat que estaba muy activo a cualquier hora del día.

Fue un problema muy gordo y, al mismo tiempo, un reto. Yo creo que aquí lo llevamos bastante bien y lo fundamenté sobre la base de que la información es oro. Y fuimos adoptando decisiones de sentido común, porque aquí no vino nadie de seguridad laboral a decirnos lo que teníamos que hacer. De hecho, Valladolid ha tenido decisiones adoptadas muy pronto, antes de que el Consejo General del Poder Judicial adoptase sus acuerdos en materia de covid-19.

«El protocolosobre juicios telemáticos de Valladolid se hizo un mes y medio antesque la guía del propio CGPJ. Siempre fuimos por delante»

 

Valladolid se convirtió en una de las primeras ciudades en apostar por la justicia telemática...

Sí. Es que el protocolo sobre juicios telemáticos de Valladolid se hizo un mes y medio antes que la guía del propio CGPJ. Además, la que luego elaboró el Consejo fue muy parecida a la nuestra. Teníamos muy claro que había que seguir funcionando y muy pronto nos pusimos a ver cómo lo podíamos hacer para evitar los contagios.

Igual es anecdótico, pero una de las primeras medidas adoptadas, una muy pedestre, pero que ya marcó el paso de lo que iba a ser esa etapa. Vino el que era decano del Colegio de Abogados, Javier Garicano, porque ellos comparten toga y aquel era un momento en el que todos pensábamos que nos contagiábamos con todo, así que decidimos acordar que no fuera necesario el uso de las togas en las salas de vistas. Hubo algún juez que no lo entendió muy bien, pero, en general, esa norma se respetó. Y los juicios telemáticos nacen porque nos damos cuenta de que una sala llena de personas era una evidente fuente de contagio.

¿Fue difícil arrancar con los juicios telemáticos?

El objetivo era que la justicia no se parase y sí, al principio, arrancó con muchos problemas pero poco a poco se fueron solucionando y hasta llegar al día de hoy en que únicamente hay algún problema técnico puntual. La pandemia nos metió en el siglo XXI de golpe, cuando veníamos casi del XIX... El sistema no estaba pensado para coordinar a dos mil abogados, cada uno con su ordenador, con su sistema operativo... y vimos cómo se sucedían los fallos, pero poco a poco se fue mejorando, algunos sucumbieron, otros insistimos y ahora vemos que la práctica de la justicia telemática es totalmente normal ahora mismo.

«La pandemia nos metió en el siglo XXI de golpe, cuando veníamos casi del XIX...»

 

¿La justicia telemática ha llegado para quedarse?

Ha llegado para quedarse pero solo en parte, como un elemento más de eficacia de la justicia. En estos momentos, todos pensamos que ya hay que retornar a los juicios presenciales, porque los juicios tienen que ser presenciales.

La percepción directa del juez de los testigos, de las partes, de los gestos que hacen, incluso de la postura física, es necesaria; y no a través de una pantalla, no en un entorno modificado como es un despacho o una vivienda. Además, esto otorga al juicio las mayores garantías.

«Hay que retornar a los juicios presenciales, porque los juicios tienen que ser presenciales»

¿Y para qué podría ser útil ahora la justicia telemática?

Pues para otras diligencias, en las que es una cuestión de trámite o de alegato de los abogados. Esto nos libera salas de vistas y horarios, así que yo creo que una parte de esas diligencias se va a celebrar de forma telemática, pero los juicios no, porque tienen que volver a ser presenciales.

¿Ha habido jurisdicciones más o menos sensibles con la justicia telemática?

Cifras estadísticas como tal no hay, pero la percepción que yo tengo es que en la jurisdicción penal se han celebrado muy pocos; quizá por ese prurito de que la garantía del acusado exige esa presencia física y a mí me consta que la mayor parte de los juicios penales ha tenido lugar presencialmente. En cambio, los juicios civiles y sociales se han hecho telemáticamente en gran cantidad, lo que ha permitido que el retraso acumulado no fuera más acusado. En la Sección Primera de la Audiencia Provincial –tribunal del que forma parte Carranza–, por ejemplo, hemos celebrado todos de forma telemática, si bien hay una serie de pruebas que hemos practicado presencialmente, entre ellas el interrogatorio de testigos para evitar que sean manipulados. Digamos que eran juicios mixtos.

¿Pero siguen celebrándose juicios telemáticos por la pandemia?

Sí, pero es mi intención llevarlo a la Sala de Gobierno del TSJ para que se adopte una decisión en consenso porque la sensación que yo tengo es que el Ministerio y el CGPJ van un poco por detrás: ahora mismo podemos ir a un bar, al cine o a un espectáculo sin ningún problema, pero en cambio para acceder a los edificios de la Administración de Justicia aún hay restricciones.

La pandemia también ha frenado uno de sus grandes proyectos, la creación de esa Unidad Central de Mediación, con la que pretendía fomentar ese otro modo de hacer justicia...

Si queremos quitar carga de trabajo a los juzgados, o cambiamos toda la cultura de un país que tiene un nivel de litigiosidad altísimo; o nos ponemos a incrementar la ratio de jueces, que aquí son once por cada 100.000 habitantes, mientras que en la UE son veinte; o establecemos procedimientos alternativos de solución, como es la mediación. El problema es que la mediación ni es obligatoria ni gratuita.

Mi idea, esa Unidad Central de Mediación, no ha podido arrancar por culpa de estos dos años con la pandemia. Lo voy a retomar y yo tengo mucho interés en impulsar la mediación civil y de familia para que funcione mejor.

Su llegada, en el otoño de 2019, coincidió prácticamente con la puesta en servicio del Juzgado de lo Social número 5 y en el pasado enero se estrenó Mercantil 2, ¿qué nuevos juzgados necesita ahora mismo la Justicia vallisoletana?

Necesita más juzgados y algunos de forma más perentoria que otros. Estaba previsto para Valladolid un nuevo juzgado de Primera Instancia que pudiera ser civil o encargarse de los asuntos de Familia, pero al final se optó por crear uno nuevo en Segovia.

Entonces la previsión para 2023, que ya está cerrada, es que no se pondrá en marcha ningún nuevo juzgado en Valladolid...

En 2023, no. Y habrá que ver para 2024, que eso es lo que se decidirá el próximo año. 

Haga su lista, ¿qué se necesita en Valladolid?

Pues en Social, pese a la creación del número 5 en enero de 2020, ya haría falta otro más. Provocado por todo el arrastre de asuntos de la pandemia, en esta jurisdicción siguen con problemas y eso hace estén señalando a casi un año los asuntos no urgentes.

Pero quizá lo más acuciante sea ese juzgado de Primera Instancia que ya estaba comprometido y que quizá debería asumir asuntos de Familia, porque es una jurisdicción en la que los casos casi nunca se cierran, porque los cónyuges no terminan de llegar a acuerdos y se discuten muchas cosas, lo que hace que se abran incidentes con bastante frecuencia. Y los asuntos de Familia exigen unas soluciones rápidas, porque pueden derivar en situaciones de violencia, por eso yo creo que Valladolid necesita ya un cuarto juzgado de Familia.

Al mismo tiempo, lo que yo he observado es que la jurisdicción civil ha sufrido un incremento de asuntos durante la pandemia, que es lo que ocurre cuando hay crisis económica, cuando hay impagos y eso deriva en demandas. Sin que nos olvidemos del problema de las cláusulas generales de contratación, las denominadas cláusulas suelo, que sigue ahí y que ha derivado en que ahora haya un juzgado con cuatro jueces encargado de todos estos asuntos.

«Valladolid necesita ya un cuarto juzgado de Familia»

 

Social 6, Familia 4 que sería el 16 de Primera Instancia y otro más civil, que haría el número 17 de Valladolid. Así que van tres nuevos juzgados en su lista por ahora...

Siempre, cuando se efectúan estas peticiones, hay jurisdicciones que protestan y a veces con razón. Es histórica la reivindicación de los juzgados de Instrucción y Penal, solicitando alguno más. 

Yo los he puesto en ese orden de preferencia porque sabes que no te van a dar todo. Es más, de hecho pidiéndolo no te dan nada y hay que intentar elegir.

¿Por qué se ha enquistado tanto la situación en Primera Instancia 4, en el conocido como el juzgado de 'cláusulas suelo'?

En su momento, en contra de la opinión de la carrera judicial, se optó por crear un juzgado ad hoc, uno que se ocupase de toda esa materia específicamente, lo cual suponía que lo iban a atascar. Y, efectivamente, se atascó y ahí fue cuando empezaron con el envío de refuerzos. Lo lógico hubiera sido que se repartiesen esos asuntos entre todos los juzgados, en lugar de uno solo que, ahora, con cuatro jueces se topa con el problema de que faltan medios para ejecutar las sentencias que ellos dictan.

¿Qué fue de la petición de cambiar el sistema de guardias para que sean de 72 horas en lugar de semanales?

Pues que no ha prosperado porque, según dice el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio, no concurren los requisitos para ello. Yo creo que los jueces de Instrucción tienen que volver a plantearlo, pero de un modo más exhaustivo, con cita de datos, no una mera petición de que nos corresponde esto. Está claro que si Vigo lo tiene, siendo una ciudad análoga a Valladolid, por qué no se autoriza.

¿Y de la idea de comprar su sede de la calle Angustias al Colegio de Procuradores para habilitar una zona específica de juzgado de guardia o llevar a allí el Juzgado de Menores?

Eso se enfrió porque era un plan b para el supuesto de que la Plaza de la Justicia, como yo la llamo (al proyecto del campus judicial en torno a San Pablo), se pospusiese. Era una idea que exigía efectuar un desembolso en la compra de esas dependencias y se creía que eso no tenía sentido si se va a construir la Plaza de la Justicia.

Campus o Plaza de la Justicia, aquello parece el cuento de nunca acabar...

Yo siempre he sido optimista. Al yo tomar posesión, lancé un guante al alcalde que él recogió y que supuso un nuevo impulso al proyecto, ya que se tradujo en la compra del antiguo colegio El Salvador, con un importante desembolso, así como el pacto con la Seguridad Social. El Ayuntamiento se supone que ya ha hecho su parte y ahora la pelota ha pasado al Ministerio de Justicia.

En su día, a través del ministro Juan Carlos Campo en una visita a Valladolid, el Ministerio de Justicia se comprometió a llevar a cabo la obra en cuanto tuviesen ya todo despejado. Y yo he tenido ocasión de hablar del tema con la ministra Llop, aprovechando su presencia en un encuentro de presidentes de Audiencia, le dije que había una dotación tan simbólica que había levantado ampollas en Valladolid. Ella me dijo que no me preocupara, que habría una enmienda en la Ley de Presupuestos para modificar esa partida de 100.000 euros. Pero es que esa enmienda finalmente no se ha hecho y es un aspecto que nos quita esperanzas. Las señales que da el Ministerio sobre el proyecto de la Plaza de Justicia no son buenas. Este es un proyecto que se le debe a los ciudadanos de Valladolid desde hace ya muchos años. No es de recibo que haya esta dispersión judicial.