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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La otra excepción ibérica

14/04/2022

Tras los análisis comparativos que se han realizado en los últimos días sobre el auge de la extrema derecha en Francia y en España, con el pase a la segunda vuelta de la dirigente de Reagrupamiento Nacional, Marine Le pen y la entrada dela ultraderecha nacional, VOX, por primera vez en el puente de mando de un gobierno, la mirada se ha dirigido hacia el desastre que han sufrido el Partido Socialista Francés y su candidata, la alcaldesa de Paris, Anne Hidalgo, y también Los Republicanos, los herederos de la derecha tradicional francesa.

Ambos partidos, que han sido las columnas centrales de la Quinta República hasta hace unos años se encuentran en ruinas y en la ruina. ¿Puede ocurrir lo mismo en España? Habría que hablar aquí de una nueva excepción ibérica que no se limita a las peculiaridades energéticas de España y Portugal, sino a la fuerza de los partidos tradicionales que siguen siendo la clave del arco de sus sistemas políticos. 

En el país vecino, su primer ministro, Antonio Costa, del Partido Socialista Portugués,  revalidó el poder por mayoría absoluta, tras una legislatura de jeringonza con la izquierda. Y en España, una vez conjurada la amenaza de los partidos de la 'nueva política' cuyos líderes originarios han desaparecido del mapa y que llegaron a amenazar su primogenitura, el PSOE y el PP se mantienen como las principales fuerzas políticas en sus espectros ideológicos. Si bien, es preciso reconocer que no atraviesan por sus mejores momentos en cuanto a representación política, a la vista de su representación en el Congreso, tras las sucesivas elecciones de 2019.

Aunque el PP logró sacudirse la amenaza de Ciudadanos por el error estratégico de su líder Albert Rivera de no pactar con el PSOE, al partido conservador español le ha salido una cuña de su misma madera, Vox, que no deja de crecer en apoyo popular, con una forma de hacer política que no puede tener sesgos más tradicionales. El PSOE, sin embargo, logró conjurar la amenaza que suponía para su hegemonía el nacimiento de Podemos, y ahora la formación de Pablo Iglesias no se encuentra en condiciones ni tan siquiera de plantearse tomar el cielo por asalto porque su forma de hacer política cayó en un centralismo democrático de lo más antiguo y consumió sus fuerzas innovadoras.

Ni en la derecha ni en la izquierda se aprecian ahora movimientos que pudieran poner en riesgo su lugar en la política nacional -con la excepción de la España Vaciada- que supusieran un revulsivo para los dos partidos del 'régimen', aunque en el ejercicio del poder tendrán que ser acompañados por los otros partidos menores que conforman el 'bibloquismo actual y que condicionan su acción de gobierno, porque ninguno llegará a la excepcionalidad portuguesa de conseguir la mayoría absoluta en las próximas elecciones.

En el caso del PSOE, además de todas las diferencias sobre el sistema político francés y la composición del voto a las formaciones que se han presentado, no es lo mismo afrontar unas elecciones desde el Gobierno que desde el ostracismo de la oposición. Con el desgaste del ejercicio del poder en una situación de crisis sucesivas, las encuestas todavía dan a los socialistas un empate técnico con los populares, lo que viene a significar que todavía tiene un suelo sólido de votantes que reconocen su trabajo en el campo económico e ideológico -y que haya logrado dormir otros conflictos latentes-, con respuestas tradicionales de la socialdemocracia y últimamente con la búsqueda de una mayor ocupación del centro.