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Santiago González

CARTA DEL DIRECTOR

Santiago González

Director de El Día de Valladolid


Una ciudad cohesionada y sin brechas económicas

20/02/2022

Una ciudad es algo más que calles limpias, polígonos industriales llenos, calles comerciales, actividades culturales y barrios con parques y jardines. La ciudad la forman sobre todo sus habitantes, las personas que pasean a diario, las que compran en sus tiendas, las que recorren sus calles para ir y volver del trabajo, los mayores que acuden al hogar del jubilado, los niños que disfrutan de columpios y juegos al aire libre o los que hacen deporte en las instalaciones municipales. Todos imprimen caracter a la ciudad y su cohesión depende de que se encuentren a gusto y puedan desarrollar en ella su proyecto de vida, tanto en el ámbito personal como profesional.
Todo esto es teoría, lo sé. Sin embargo, cualquier responsable municipal debe trabajar en este objetivo y para ello es necesario establecer una hoja de ruta por la que caminar hasta alcanzar o acercarse lo máximo posible a un desarrollo armónico de la ciudad. Valladolid es una urbe de tamaño medio, una gran capital si lo comparamos con el resto de las castellanas y leonesas, que debe evitar divisiones entre sus vecinos, bien sea por el río Pisuerga, que durante muchos años ha marcado la frontera entre el núcleo urbano y el extrarradio;o por la infraestructura ferroviaria, que aún hoy supone una barrera que marca los barrios situados al otro lado de la vía. 
Sin embargo, hay otras divisiones que no son físicas, pero que separan mucho más que el agua o los raíles. Me refiero claramente a las condiciones económicas de unos vecinos y otros, de unos barrios y otros, un factor que en los últimos años se ha visto agravado provocando que el nivel de renta de unas zonas de la ciudad sea cada vez más alto a la vez que en otras áreas apenas crezca la renta del trabajo que declaran sus habitantes. Con todas las salvedades que se quiera, los datos que recoge en sus páginas este fin de semana El Día de Valladolid demuestran que los hogares vallisoletanos con mayor poder adquisitivo se agrupan en el centro, en barrios como Villa del Prado o Parquesol y en urbanizaciones como Fuente Berrocal, mientras que las bolsas de pobreza continúan en las Viudas o el 29 de octubre, además de Barrio España y San Pedro Regalado. La brecha entre ambas es abismal, prácticamente los ingresos en las zonas más acomodadas son el doble que en las más modestas.
Esta es la situación en Valladolid y las administraciones públicas no han encontrado aún soluciones prácticas que rebajen esa gran diferencia entre las economías de unos y otros. Evidentemente me gusta ser realista y todos sabemos que siempre habrá una brecha entre los ingresos y el patrimonio de unas personas y los de otras. Contra eso no se puede luchar, ni siquiera se debe. El trabajo de los políticos está en establecer un mínimo que permita llevar una vida digna, a la vez que mantener unas dotaciones, un dinamismo cultural y unas infraestructuras similares en todos los barrios de la ciudad. Ahí está lo que yo llamo el desarrollo armónico o la cohesión de una ciudad.
En Valladolid aún hay zonas degradadas, con déficit de dotaciones y ausencia de mobiliario urbano. Bien es cierto que a veces es complicado. Uno de los ejemplos de esta dificultad es el 29 de octubre, un barrio donde los servicios sociales municipales han actuado y llevan un tiempo trabajando, lo que sin embargo no ha supuesto una gran mejora en la convivencia entre los propios vecinos del barrio. Indudablemente, el desarrollo de una ciudad tiene que ir de la mano con la puesta en servicio de herramientas sociales, culturales y de ocio para que las personas sientan como propio ese espacio común que es de todos.
Hay que reconocer que los servicios municipales lo intentan, pero es evidente que hay que buscar otras soluciones. No sé cuáles y seguramente esa sea la mayor dificultad. Pero no podemos dejar de buscar una mayor cohesión entre el centro de la ciudad y todos los barrios, no solo los nuevos.