A la cola de la nueva normalidad

R.G.R
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Valladolid registra colas de personas en muchos servicios básicos como supermercados, tiendas, entidades bancarias y farmacias. Se trata de una imagen que no se veía en España desde la postguerra

Las colas en los supermercados, farmacias, entidades financieras y tiendas de alimentación ya se han convertido en una rutina diaria. - Foto: Jonathan Tajes

Las largas colas de racionamiento en la época de postguerra se convirtieron en una de las imágenes de la España de la década de los 40. Los españoles esperaban de forma paciente con sus cartillas en la mano a que les llegara el turno de recogida de alimentos. Se trataba de una imagen del pasado que ha regresado con la pandemia de la covid-19. El estado de alarma en un primer momento y la llegada de la cita previa una vez que el Gobierno instauró las fases de desescalada han hecho que la paciencia sea una virtud necesaria a la hora de salir de casa. De esta forma, cada vez que se sale de casa a hacer recados básicos no queda otra que soportar de forma ‘jobiana’ detrás de cada fila de clientes.
Imagínense ustedes que un día cualquiera se marchan a comprar. Tienen que ir a por los medicamentos que les recetó el médico la última vez, ya que tienen tarjeta electrónica. Es su primera parada. Cuando aún les restan unos cien metros y ya ven a los lejos la luz verde de la cruz en la fachada empiezan a percibir que varias personas esperan en la calle. «¡Vaya cola!», piensan. Según se van aproximando se van percatando de la escena. Una de la personas que espera está mirando el móvil, otra tiene la mirada perdida y parece ensimismado en sus pensamientos. Intentan ustedes aprovechar el tiempo volviendo a repasar todos los recados que tienen que hacer esa mañana. Un cuarto de hora para entrar a por las pastillas y, aprovechando, también adquieren mascarillas y guantes, la última vez no había.
Salen ustedes rápidamente hacia la carnicería. No se lo pueden creer. Una nueva cola. Esta vez más larga que en la farmacia. Al menos hay ocho o diez personas. ¿Y si me voy al banco primero? Deciden quedarse y esperar. Otros veinte minutos. Tan solo un dependiente. Los clientes avanzan despacio. Llega su turno, compran y, con un ánimo renovado, parten de nuevo hacia su banco. Necesitan hacer unos trámites y sacar dinero del cajero. En cuanto ven hasta dónde llega la cola decaen de nuevo. Piensan que será la espera más larga de la mañana. Ya es la tercera en poco rato. Parece que vayan donde vayan ustedes, siempre hay que esperar. Se sitúan en el último puesto y se arman de paciencia. Poco a poco. Van ustedes avanzando metro a metro. Siempre manteniendo la distancia de seguridad y soportando el calor de los guantes y la mascarilla. Parece que no llegará nunca su turno, pero sí. Hacen las gestiones y obtienen el dinero que habían venido a buscar. 
Los clientes suelen mantener la distancia de seguridad mientras esperan en la fila. Los clientes suelen mantener la distancia de seguridad mientras esperan en la fila. - Foto: Jonathan TajesParan unos metros más adelante en la ferretería. Necesitan hacer una copia de una llave que se les partió hace unos días. La cola es menor en este caso. Dos personas despachan en el interior del establecimiento y otra en la propia calle. Avanzan rápido y, por suerte, no tiene ni que entrar en la tienda. Le atienden en la propia calle. Diez minutos en la cola y tres de atención. Piensan que pasan más tiempo en la cola que el que realmente necesitan para ser atendidos. «¿Pero desde cuándo se forman estas colas tan grandes en todos los sitios?», se preguntan. Les viene a la cabeza el desabastecimiento y las gigantescas esperas de los primeros días de confinamiento. 
supermercados. Salen ustedes, con paso firme y con ganas de acabar, hacia el supermercado. Pescado y varios productos en la lista. Cuando llegan se hunden en la desesperación. La cola casi da la vuelta a la manzana. Desisten. Se marchan a casa. Ya lo intentarán de nuevo mañana. 
Esta historia es una realidad ficcionada de lo que le ocurre a diario a miles de vallisoletanos. Las colas en establecimientos son una realidad que ha llegado con el confinamiento. «¿Habrán llegado para quedarse?». 


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Los clientes suelen mantener la distancia de seguridad mientras esperan en la fila.
Los clientes suelen mantener la distancia de seguridad mientras esperan en la fila. - Foto: Jonathan Tajes
Los clientes suelen mantener la distancia de seguridad mientras esperan en la fila.
Los clientes suelen mantener la distancia de seguridad mientras esperan en la fila. - Foto: Jonathan Tajes