Lentos, pero constantes

Carlota Ciudad (EFE)
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Los españoles han cambiado sus hábitos alimentarios hacia productos más saludables, pero también preparados, lo que ha tenido a su vez gran repercusión en la industria

Lentos, pero constantes

En esta década, los españoles han modificado su forma de comer en consonancia con los cambios sociales, como el mayor número de singles o el aumento de la demanda de productos más saludables pero también de platos preparados y más información sobre lo que se consume: una revolución que no ha afectado solo a los consumidores, sino a toda la industria agroalimentaria. Los cambios en alimentación son un proceso lento, pero en este período se ha constatado un aumento en el interés por la alimentación, con un consumidor que se informa más de la valoración nutricional y de otros aspectos relacionados con el etiquetado, según la Fundación Española de la Nutrición (FEN). También van en consonancia con lo que se vive desde los 2000, con la reducción en la compra de pan, patatas, aceite de oliva y naranjas en los hogares españoles, «alimentos característicos de la dieta tradicional Mediterránea», explican desde la entidad.

Ha cambiado la propia pirámide nutricional, con un mayor hincapié en la actividad física, el equilibrio emocional, el balance energético, las técnicas culinarias saludables y la ingesta de agua, todo para enfrentar unos retos que «no han cambiado mucho», ya que «una gran parte de la población sigue sin tener los recursos necesarios para confeccionar y llevar a cabo una dieta saludable». Pero estos cambios no solo afectan a las mesas, también a la industria agroalimentaria, que ha tenido que adaptarse a los cambios de demanda.

La Asociación Interprofesional Española de Carne Avícola, Avianza, apunta que esta última década ha vivido «un doble fenómeno» entre los consumidores, que no solo afecta a la carne de ave (la más consumida en España, con más de 1,7 millones de toneladas producidas, sin contar importaciones) sino a todas, en general.

El secretario de la misma, Jordi Monfort, detalla que, por una parte, «se ha reducido el consumo de carne fresca en los hogares españoles, con un descenso en torno al 17 por ciento», debido principalmente al aumento de dietas con más ultraprocesados y menos frescos, pero, por otro lado, se ha registrado una tendencia «en parte de la población a volver a consumir productos más naturales».

Esta segunda tendencia está ligada al movimiento healthy (saludable) y al descubrimiento del trabajo de los productores locales, a los «que ven como un representante de lo auténtico». También han tenido que combatir bulos, que compaginan con el cumplimiento de una «regulación actual muy estricta al respecto» en España y la UE, la investigación en genética y el impulso de campañas para visibilizar las acciones del sector por la salud humana y el bienestar animal.

La Federación de Asociaciones Detallistas de Pescado define como «auténtica revolución» el cambio en la alimentación, que «no necesariamente significa que haya ido hacia mejor», como explica su directora, María Luisa Álvarez, ya que en el país «presumimos de una dieta que vamos abandonando».

Un abandono cada vez mayor de productos frescos, aumentan los platos listos para el consumo y la comida on line son, para Álvarez, tres de los grandes fenómenos que ha generado el consumidor. Álvarez también pone el acento en que un mayor acceso a internet tampoco ha sido sinónimo de una población más informada, sino de la aparición de muchos bulos: «Es curioso que en la era de la superinformación no hay tanta comprensión», lo que genera la proliferación de bulos que van en detrimento del consumo de pescado, al contrario de lo que recomiendan las autoridades.

«El descenso del consumo de productos pesqueros es incesante», sentencia Álvarez, quien recuerda que los españoles han reducido cinco kilos al año la ingesta de estos productos en el hogar (que con los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación se establece en 22,5 kilos al año). Aunque recuerda que la reducción es menor entre personas mayores o en parejas de «cierto nivel económico», resalta que es «muy preocupante» en parejas con niños pequeños.