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Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Proyección internacional

19/01/2022

No hagamos mucho caso de la propaganda, de las presuntas excelentes relaciones internacionales de nuestros dirigentes, de su capacidad de moverse por los despachos donde se ejerce el poder fuera de nuestra frontera, de cómo son escuchados en reuniones decisivas. No hagamos mucho caso. Solo dos presidentes de gobierno españoles han pisado con fuerza en el escenario internacional. Dos. Felipe González y José María Aznar. El resto se han manejado con mayor o menor fortuna, y alguno incluso en la irrelevancia. Mejor no poder nombres, pueden imaginarlos.

La rueda de prensa con la que el canciller Scholz y el presidente Sánchez dieron cuenta de su reunión, recordaba la que dio Sánchez, de pie, en un pasillo del Parlamento Europeo en Estrasburgo, cuando acababa de ser elegido secretario general del PSOE por primera vez. Inició su mandato con una decisión insólita: no acatar el pacto habitual entre socialistas y populares europeos para elegir a los presidentes de la Comisión y el Parlamento. Sánchez se negó a que los eurodiputados socialistas españoles votaran a Junker como presidente de la Comisión, lo que escandalizó incluso a la mayor parte del grupo.

Había morbo, por tanto, por conocer qué le diría el socialista Shulz, presidente del PE gracias al pacto.

En ese encuentro pasillero, Sánchez dijo que la reunión con Shulz había ido muy bien, compartían puntos de vista sobre el futuro de Europa, blablablá, y comprendía su posición respecto a Junker.

No pasaron ni dos horas cuando los informadores españoles tuvieron noticia de la otra versión: Shulz le explicó a Sánchez que en la UE se cumplen los pactos.

Este lunes se reunió en Moncloa con el nuevo canciller alemán, el socialdemócrata Sholz. En la rueda de prensa conjunta, posterior a la reunión, Sholz mostró su simpatía por Sánchez, pero fueron evidentes las diferencias de criterio sobre cómo enfocar el futuro de la UE y cómo aplicar las normas económicas previas a la pandemia, así como el Plan de Estabilidad que obliga a España a contener la deuda y el déficit, hoy disparados. Sánchez, en cambio, hizo alarde de su habitual triunfalismo, todo va bien, todo va excepcionalmente bien. Sigue transmitiendo la idea de que España es socio fundamental de la UE y será aún más fundamental con un socialista como canciller.

Olvida Sánchez que hay españoles que conocen las interioridades de la UE y la trayectoria de Sholz. Fue importante ministro en el gobierno de coalición con Merkel y, como a otros dirigentes europeos, mira con recelo un gobierno con comunistas, populistas de extrema izquierda y partidos que no respetan la Constitución de su país.

Desde que es canciller, su prioridad ha sido establecer contacto urgente con Francia, con Italia y con los países nórdicos. También con Polonia, por su importancia geoestratégica. España le interesa, pero lo justo. Por mucho que Sánchez pertenezca a la familia socialista, el nuevo canciller prefiere mirar a gobernantes que demuestran más responsabilidad política.