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Las más antiguas farolas de Valladolid

Jesús Anta
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Las más antiguas farolas de Valladolid

El ornato de las calles, con más o menos acierto, siempre ha preocupado al Ayuntamiento, especialmente si se trata de lugares emblemáticos, como son los parques, jardines y plazas.

Por ejemplo, daría para un libro si nos dedicáramos a repasar las propuestas y debates entre los concejales sobre qué adornos poner en la Plaza Mayor: fuentes, estatuas, obeliscos, kioscos de música, jardines, árboles, etc.

En el marco de la mejora y ornato de paseos y plazas de Valladolid, se aborda, avanzada la segunda mitad del XIX la remodelación del Campo Grande, considerado el principal paseo de Valladolid. María Antonia Fernández del Hoyo, acaso la historiadora que mejor conoce el Campo Grande,  cuenta que su remodelación fue una de las más importantes obras de jardinería que emprendió la ciudad a partir de 1862, especialmente impulsada por el alcalde Miguel Íscar (fallecido en 1880). Y en esas mejoras se incluye el alumbrado, para lo que se acometió  la conducción del gas en el  paseo de Coches y se colocaron varias filas de artísticas farolas de columnas de hierro, bancos de piedra con respaldo de hierro, y abundante y cuidado arbolado. 

Otra historiadora, María Antonia Virgili, apunta  que el paseo de Coches se remató   poniendo a la entrada dos candelabros de hierro fundido de cinco faroles, e igual se hizo en la salida, a la altura de la actual plaza de Colón. Para ello se aprobó una convocatoria pública.  Las bases del concurso para ejecutar aquel encargo establecían que la fundición de las farolas tenía que ser de clase superior, sin grietas ni otras faltas. Cada candelabro habría de llevar cuatro brazos formando sus direcciones ángulos rectos con el árbol central, con sus correspondientes conductos de gas. Deberían llevar cinco globos de vidrio y los correspondientes mecheros (aunque estos dos detalles los haría otra empresa). El diseño artístico se debía hacer con cuatro festones de flores y frutos bajo los cuatro niños que parecen sostener el báculo de la farola. A todo esto hay que señalar que la introducción del alumbrado del gas a partir de 1858 fue un enorme adelanto en su momento, pues además de permitir que el alumbrado público se extendiera por buena parte de la ciudad, sustituyó  a los sucios farolillos de aceite que, además, no daban mucha luz.

La ejecución de aquella obra se adjudicó a los talleres Gabilondo Hermanos en julio de 1878. Y en enero de 1879 comenzaron a dar luz. Una obra de la que, según el periódico de la época La crónica mercantil, «el Ayuntamiento quedó muy satisfecho con aquellos faroles monumentales que adornaron el paseo de Coches del Campo Grande». En el grabado de 1880 que ilustra el artículo  se pueden ver hacia el ángulo inferior izquierdo, las dos farolas que había cerca de plaza de Zorrilla.

De aquellas cuatro artísticas farolas, que aún estaban en su emplazamiento original  hacia 1905,  aún sobreviven tres en la vía pública.  Desde que se desmontaron, el Ayuntamiento las ha ido cambiando de lugar varias veces y con ellas adornó e iluminó, por ejemplo, las plazas de San Miguel, Rinconada y el Campillo (actual plaza de España).  Ahora, dos de ellas están en los jardines de la Rosaleda; y la tercera sobreviviente  se reinstaló en la plaza de la Solanilla hacia 1961. Estamos hablando de las farolas más antiguas de Valladolid que aún se conservan.