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«En Ucrania hay riesgo para las instalaciones nucleares»

Óscar Fraile
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El vallisoletano Juan Carlos Lentijo asume el cargo de presidente del Consejo de Seguridad Nuclear en mitad del proceso de desmantalamiento de las centrales nucleares

Juan Carlos Lentijo Lentijo es presidente del Consejo de Seguridad Nuclear desde el 9 de mayo. - Foto: Grupo Senda

Juan Carlos Lentijo ha estado toda una vida profesional ligado a la seguridad nuclear y a la protección radiológica, después de formarse en instituciones como el Instituto de Tecnología de Massachusetts, el Centro de Investigación de Aplicaciones Nucleares de Bélgica y el Centro de Investigaciones Energéticas y Medioambientales de Madrid. Este ingeniero industrial vallisoletano se incorporó en 1984 al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), un organismo que ha pasado a presidir el pasado 9 de mayo después de la renuncia de Josep María Serena i Sender. También atesora una dilatada experiencia en el Organismo Internacional de Energía Atómica.

Las centrales nucleares siempre han generado cierto recelo entre parte de la población por los potenciales problemas que pueden generar en un accidente provocado, por ejemplo, por un terremoto. ¿Se puede decir que la producción de energía nuclear en España es segura?

Sí. La función del CSN es controlar que las centrales nucleares puedan operar en condiciones de seguridad y para eso hay una normativa y condiciones técnicas que deben cumplir. Todas tienen que realizar estudios de los emplazamientos donde están ubicadas sobre los riesgos naturales que podrían afectarlas. Por ejemplo, terremotos o inundaciones. Además, también se pide que la central tenga unas capacidades, por diseño y procedimientos de operación, que la hagan segura frente a esos riesgos externos. Si hay riesgo de terremoto, todas las construcciones que alojan equipos de seguridad tienen que ser suficientemente robustas como para aguantar el terremoto base de diseño, que normalmente es el máximo previsto que puede ocurrir en la zona, aunque sea de bajísima probabilidad.

Sin embargo, pese a este nivel de seguridad, España está inmersa en un plan de desmantelamiento que contempla el cierre de las cinco centrales que todavía están en marcha. ¿Cuándo dejarán de existir?

El Consejo no tiene responsabilidad en planificación energética. Son otros los que deciden qué planes va a haber respecto al paro o alargamiento de vida de las centrales. Nosotros ponemos las condiciones de seguridad para aplicar esas decisiones. No obstante, ya hay un plan del Gobierno que prevé alargar la vida operativa de las centrales para ir progresivamente parando entre 2027 y 2035. Nosotros ahí no tenemos nada que opinar. 

La única central nuclear de Castilla y León, la de Santa María de Garoña, en Burgos, cesó su actividad en 2013. ¿Sigue estando sometida a controles por parte del CSN?

El sistema regulador español lo que dice es que el CSN tiene la responsabilidad del control de la seguridad nuclear y protección radiológica de las instalaciones a lo largo de todo su ciclo de vida, es decir, desde que empieza a proyectarse hasta su desmantelamiento. Santa María de Garoña todavía no ha llegado a ese punto. Es una central que formalmente está en una situación de final de vida operativa, es decir, una transición desde la operatividad a obtener la autorización de desmantelamiento. Cuando eso se produzca, en los próximos meses, la titularidad pasarán de Nuclenor a Enresa (empresa pública de gestión de residuos radioactivos).

El CSN se encuentra inmerso en el desarrollo de un plan estratégico 2020-2025. ¿Cuáles son los objetivos principales que contempla?

Hay varios. Primero, optimizar nuestras actuaciones de supervisión de las instalaciones. Pero hay más. Por ejemplo, hacer lo mismo con nuestros procesos internos, es decir, trabajar con la máxima eficacia y eficiencia. Luego hay otros objetivos que miran más hacia dentro, como promover que nuestros empleados tengan un buen ambiente de trabajo y mejorar la transparencia.

¿Se han reforzado los protocolos de actuación para una crisis nuclear por la amenaza que supone el conflicto bélico en Ucrania?

Las circunstancias de la guerra en Ucrania son muy especiales. Normalmente la energía nuclear y el resto de recursos se utilizan orientados a una situación de paz. En este caso, estamos haciendo un seguimiento de lo que está ocurriendo allí. No como CSN, de forma aislada, sino trabajando con el resto de países europeos. Hemos tenido varias reuniones dedicadas a reflexionar sobre esta situación y hemos invitado al organismo regulador ucraniano para que nos expliqué cómo podemos ayudar, y en eso estamos. Y queremos canalizar esa ayuda a través del Organismo Internacional de la Energía Atómica.

¿Y en España?

Tenemos planes de emergencia nuclear que ya prevén condiciones incluso de accidentes poco probables, pero que podrían ser difíciles de gestionar. Es un dispositivo que se pondría en marcha con independencia de cuál sea el origen del accidente. Lo que tratamos de ver ahora es que, como todo el diseño de la prevención es para condiciones de paz, cómo está influyendo la guerra en Ucrania para aumentar el riesgo de las instalaciones nucleares y ayudar a disminuirlo. Uno de los aspectos fundamentales que garantiza que estamos al día en seguridad nuclear es aprender de todo tipo de situaciones, especialmente de las anómalas que se dan en cualquier central del mundo. En este caso, es la guerra, y por supuesto que vamos a intentar aprender, pero lo más urgente es ayudar a Ucrania. La mayor lección está clara: las guerras no deben ocurrir. Y, si se dan, deben respetar la integridad física de las instalaciones nucleares. Incluso cuando se trate de una invasión ilegítima. Es una situación inaceptable porque puede comportar riesgos físicos a las instalaciones nucleares.

Antes ha citado el Organismo Internacional de la Energía Atómica, en el que usted tuvo importantes responsabilidades. Por ejemplo, participar en misiones en Fukushima. ¿Qué lección pudimos aprender de lo que pasó?

Siempre que me hacen este tipo de preguntas empiezo respondiendo que el accidente de Fukushima nunca debió ocurrir. Era perfectamente evitable. Por entonces había conocimiento y recursos para ello. Todos aprendimos lecciones que hemos incorporado en nuestras regulaciones, incluso con mejoras en las instalaciones. Hay muchos procesos que se siguieron después del accidente para aprovechar estas lecciones, pero el más importante fue el que hizo el Organismo Internacional de la Energía Atómica y que dio origen a un informe publicado en 2015 en el que se analiza qué pasó, por qué y qué lecciones se pueden aprender. Y algunas las asumimos.

¿Algún ejemplo?

Se actualizó la metodología para hacer los análisis de los sistemas de las centrales que previenen un accidente en el caso de que se produzca en el exterior un terremoto, una inundación, una explosión, etcétera. Como consecuencia, se  construyeron en todas las centrales lo que se llamaron centros alternativos de gestión de emergencias, capaces de sobrevivir a circunstancias de mucha adversidad. Son edificios capaces de aguantar terremotos inimaginables.

El CSN también es el responsable de la gestión de los residuos nucleares. En este sentido, Finlandia está construyendo el primer almacén geológico profundo y hay algunas voces en España que reclaman una instalación de este tipo. ¿Es posible a medio o largo plazo?

No es solo es posible, sino que es lo previsible. Eso es lo que dice el VI Plan Nacional de Gestión de Residuos Radioactivos y los borradores del VII plan que publicó hace unas semanas el Ministerio de Transición Ecológica. Ahí se contempla una gestión temporal de los residuos, de unos decenios, durante los que se preparará la gestión definitiva que, en principio, con el conocimiento que tenemos hoy, sería a través de un almacenamiento geológico profundo. Para ello hay que buscar una formación geológica de unos 400 o 500 metros de profundidad, analizarla muy bien desde todos los puntos de vista y garantizar que tiene estabilidad a muy largo plazo para garantizar que los residuos que se depositen allí estarán suficientemente aislados de la vida humana y del entorno medioambiental. Lo que pasa es que es un proyecto que durará muchos años, porque hay que estudiar muy bien el sitio donde se vaya a poner y hay que estudiar que va a ser estable durante mucho tiempo. Todos los países están diseñando sistemas temporales transitorios y trabajan en una solución definitiva. Finlandia se ha adelantado mucho y es para felicitarlos.

¿Cómo se está gestionando ahora el almacenaje de los residuos?

Depende del tipo de residuos, porque se clasifican en varios niveles en función de sus riesgos. Para los de baja y muy baja actividad hay almacenes temporales específicos, relativamente pequeños. Me refiero a instalaciones donde se utilizan radiaciones, como los hospitales. Ahí están temporalmente, porque también hay un almacén definitivo para ellos que está en El Cabril, en Córdoba. Por las condiciones de estos residuos tienen que garantizarse su aislamiento durante varios decenios. En lo que se refiere a los residuos de alta actividad, que provienen de las instalaciones nucleares, ahora mismo hay una solución temporal en cada una de ellas. Se trata de unas piscinas donde va a parar el combustible gastado que se extrae de los reactores. Allí pasa unos años enfriándose y después se traslada a los Almacenes Temporales Individualizados, conocidos como ATI, que suelen estar muy próximos a los emplazamientos de cada central nuclear. Allí estarán varias décadas hasta que ocurra una de dos cosas: que se vayan al almacén geológico del que hablábamos antes o lo que prevé el borrador actual, que es una posibilidad que está en estudio: un almacén centralizado.

El VII Plan Nacional de Gestión de Residuos al que antes ha hecho referencia se encuentra en una fase de exposición pública a la espera de alegaciones. Ya han surgido algunas voces en contra, como la de la Asociación de Municipios en Áreas Municipales...

Bueno, eso es política de residuos, algo que no le corresponde definir al CSN. Cuando el plan avance a una siguiente fase, en la que Enresa y el Ministerio analizarán las alegaciones presentadas, se generará un nuevo borrador del que nosotros informaremos, para bien o para mal, desde el punto de vista de la seguridad. Ahí les diremos si las opciones planteadas nos parecen bien.

Aparte de las centrales nucleares, el CSN también realiza controles a otro tipo de empresas privadas. Por ejemplo, hace no mucho lo hizo en Lingotes Especiales. ¿En qué consiste este trabajo?

Todas esas empresas están identificadas como instalaciones radioactivas, aunque no es lo mismo el equipamiento de una industria que una pequeña instalación de rayos X de una clínica dental. En función de los riesgos que comporte cada una, se autoriza unas instalaciones u otras, previo informe del CSN. Una vez que tienen la autorización, todas están sometidas a un régimen de inspecciones, que pueden ser anuales o una cada dos años. Sirven para verificar aspectos técnicos y administrativos.

¿Cómo cuáles?

Por ejemplo, que las instalaciones tengan autorización, que los equipos que tienen allí se corresponden con lo permitido, que quienes operan las instalaciones tienen la licencia de operador o supervisor, que las operaciones se están llevando a cabo de acuerdo a los procedimientos autorizados, etcétera. También se miden los niveles de radiación en el entorno de los equipos.

¿Es habitual que se detecten incumplimientos?

Como en todos los órdenes de la vida. Hay instalaciones que tienen un funcionamiento excelente. En la inmensa mayoría de los casos no hay observaciones que hacer, pero en otros, muy poco frecuentes, sí que se identifican desviaciones que se analizan y, en función de impacto que puedan tener para la seguridad, el CSN emite apercibimientos para que las corrijan. Y se pueden llegar a promover sanciones, pero no es muy habitual. En un parque de 40.000 instalaciones siempre se encuentran cosas.