«El yacimiento necesita un plan con una inversión fuerte»

M.Rodríguez
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El director del yacimiento de Pintia pide inversión pública para poder seguir trabajando en las excavaciones

«El yacimiento necesita un plan con una inversión fuerte» - Foto: Jonathan Tajes

La necrópolis de Las Ruedas, el cementerio de la ciudad vacceo-romana del yacimiento arqueológico de Pintia, que dirige el catedrático de la Universidad de Valladolid (UVa), Carlos Sanz Mínguez, ha recibido un accésit en los Premios Hispania Nostra, que otorgan la Asociación Hispania Nostra y la Fundación Banco Santander. La necrópolis de Las Ruedas, ubicada entre los municipios  de Padilla de Duero y Pesquera de Duero, ha sido reconocida en la categoría de ‘Intervención al paisaje’, donde el jurado destaca la importante labor de protección y difusión de esta intervención, así como la implicación de personas de distintos ámbitos en un proyecto que conciencia sobre la riqueza del patrimonio y la necesidad de conservarlo.

 

¿Este reconocimiento es una aliciente para seguir adelante con el trabajo a pesar de las dificultades?
Sí. Me atrevo a decir, aunque esté mal decirlo, que es merecido. No es un reconocimiento a la labor de una persona sino que es a una trayectoria. Es muy importante hacer las cosas, pero lo es casi más el mantenerlas. Estamos cansados de muchas inversiones que se hacen y que caen en baldío porque no hay un proyecto de futuro y un compromiso. En este caso, el compromiso está ahí, echas la vista atrás y lo ves a lo largo de 40 años, con excavaciones continuadas en el tiempo, un programa de investigación, alumnos participantes, programas de divulgación y educativos, publicaciones,... Es un reconocimiento a una labor con vocación de permanencia.


Una trayectoria que se recoge una publicación sobre los 40 años del yacimiento arqueológico. 
Sí, el año pasado se cumplieron los 40 años del inicio de las excavaciones por parte de la Universidad de Valladolid.


¿Ese echar la vista atrás sirve para coger impulso?
Sí, sí. Sirve para reflexionar qué cosas se han hecho bien o regular, y cuáles se pueden mejorar. El balance es positivo, pero muestra que, a veces, vamos por encima de nuestras posibilidades porque queremos abrir muchas, y muy diversas, líneas de trabajo. Y no todas se pueden llevar a cabo porque los recursos y los medios humanos son los que son, bastante escasos. Para mí uno de los problemas es que la arqueología no está en la sociedad, es un tema que interesa en verano, pero luego parece que no está más en la agenda.


¿Depende de los yacimiento, no?
En términos generales, no hay una apuesta fuerte y decidida por la arqueología. Está todavía en su minoría de edad. Quizá desde la perspectiva del turismo tiene alguna posibilidad más, pero no veo proyectos de enjundia, donde se haya apostado decididamente. Después de 40 años en un proyecto, en el que se hubiera apostado decididamente, tendríamos que tener no ya un Atapuerca, porque esa es otra dimensión y una excepción, pero algo más de lo que hay aquí.

 

¿Qué ha fallado para no tener ese apoyo económico de las administraciones a pesar de la importancia del yacimiento? Aunque sí que han conseguido patrocinio privado.
Evaluando estos 40 años vemos que si hemos conseguido unos tres millones de euros, dos son de financiación privada. Resulta curioso que la pública esté tan alejada de la privada, cuando creo que tendría que ser a la inversa. Esa falta de interés público es lo que ha hecho difícil que se sumaran a este carro, de una manera más decidida, otras empresas. Pese a todo, el saldo no es malo, pero hay una falta de demanda social. Esto no es importante sencillamente porque no está en la sociedad. Y  lo hemos visto en la pandemia, es de los elementos más prescindibles. Con esta crisis, y con la anterior, prácticamente han desaparecido los arqueólogos y el ejercicio de la profesión. 

 

¿Se puede atribuir a la tónica de borra el pasado más que a descubrirlo y estudiarlo para aprender de él?
Creo que las raíces y saber de dónde venimos, aunque pueda sonar muy tópico, nos da las claves de los qué somos y de las grandes preguntas retóricas de la vida. Es evidente que acercarte a tus raíces, a tu origen, a intentar comprender la vida a partir de tus antepasados es algo radicalmente importante. Necesitamos tener esas raíces. 
Hace unos años, trajimos a la delegada de Cultura de la Embajada de EE.UU a una entrega de diplomas alumnos extranjeros y nos preguntó por qué desaparecieron los vacceos. Y otro compañero y yo le contestamos que no desaparecieron, que los estaba viendo. Ella se quedó sorprendida al saber que nos considerábamos descendientes de gente de 2.500 años, cuando ellos no tienen identidad más allá de 200 años. Y ese contraste muestra que el que lo tiene no lo valora, y los que no lo tienen expresan sorpresa por el valor de tener antepasados directos y que nos podemos identificar con ellos.


En esa valoración, ¿cómo interpreta el interés mediático que se generó en las excavaciones de Valladolid para encontrar los restos de Red Hugh O’Donell? ¿Le da envidia?
Es que realmente la arqueología sí que tiene ese interés en la sociedad y genera, de vez en cuando, esa especie de repunte. Quizás lo que falta es siempre lo mismo. Las grandes investigaciones o los grandes descubrimientos son resultado, como en todas las ciencias, del trabajo callado y de una travesía del desierto. Y eso requiere equipo humano. En un gran ciudad, como es el caso de Pintia, hace falta un equipo estable. A lo largo del tiempo, la única forma de poder llegar a descubrimientos importantes es con el mantenimiento de un equipo especializado. Cuesta muchísimo formar a alumnos de doctorado para que hagan sus tesis y cuando terminan, se ha terminado su vinculación al proyecto. Estamos en la situación de estar continuamente formando y perdiendo. 


¿Cuántos componen el equipo?
Hay un alumno de doctorado, que está a punto de leer su tesis sobre los materiales del poblado; otro está haciendo el TFM del máster de Arqueología y otros dos que están en interesados, además del personal contratado, que es insuficiente.


¿Al menos cuentan con el apoyo de la Universidad de Valladolid?
Sí, eso es fundamental. Sin las infraestructuras de la UVa, prácticamente no habríamos podido avanzar y mantenernos. En todos estos años no hemos dejado de cavar y de investigar, incluido en la crisis de 2008 a 2012 cuando prácticamente no excavaba nadie. Eso ha sido posible gracias al apoyo de la UVa.


Pintia está en una de las comarcas más ricas y turísticas de Valladolid. ¿Qué hace falta para que se convierta en un recurso turístico?
Lo que falta es inversión. No hablo de subvenciones, el yacimiento necesita un plan con una inversión fuerte, que debe ser pública. El premio Hispania Nostra ha sido para la necrópolis de Las Ruedas, pero es que el yacimiento de Pintia es mucho más. Son los alfares mejor conservados y más grandes de Europa; es una ciudad con un millón de metros cúbicos de arqueología y tiene una muralla de casi siete metros de anchura, en un perímetro de un kilómetro, rodeada de tres fosos consecutivos, que es una obra de poliorcética griega, que es la única documentada en toda España.


¿Y qué se ha descubierto?
Tenemos un volumen de información, con lo poquito que hemos sido capaces de arañar en estos 40 años, que hacen de este yacimiento un lugar extraordinario. Hace falta inversión y  capital humano, como ocurre en otras comunidades. 
En el yacimiento, en la ciudad de Las Quintanas, hay siete niveles con cuatro metros de estratigrafía vertical. Es una secuencia de 1.200 años; son niveles de destrucción por incendio que conservan tal cual la hora D a la hora H del incendio, cuando cayeron los escombros y sellaron todo lo que se estaba haciendo en vida cotidiana de esas gentes. Allí excavamos entre el 2000 y el 2007, y ahora se va a sacar el estudio. Y pudimos ver la información tan extraordinaria que ofrece, pero requiere inversión. No estamos hablando de excavar una cosita pequeña, una aldea, un sepulcro megalítico; esto es una ciudad más grandes que la actual Peñafiel. 


Y hay una parte del yacimiento que está en la lista roja de Hispania Nostra.
La propia necrópolis sigue arándose. Es un disparate.


¿Y ninguna administración se decide a intervenir?
La Junta de Castilla y León es la responsable directa y absoluta del patrimonio. Solamente ellos son los que pueden establecer las medidas que crean oportunas, entre ellas no está la adquisición de ningún tipo de parcela arqueológica. Ni aquí, ni en ningún sitio. Un criterio que no comparto. En su día compró una parcela, pero no acabó de comprar el resto, y ahora mismos se sigue arando una de las parcelas. Bien es cierto, que con mucho cuidado después del ruido que armamos en 2008 cuando cambió de aparcero. Ahora donde ve que hay estelas tiene cuidado de rodearlas y no tocarlas, y parece que ara bastante en superficie. 


¿Aunque esté documentado su valor patrimonial?
No tiene sentido sabiendo que es un cementerio, que es un lugar de memoria. Y más un cementerio como este, que es único. Aquí se recoge un ritual de incineración con ajuares de acompañamiento riquísimos, que han aparecido en esta necrópolis en un estado de conservación sorprendente. Tenemos un legado vacceo que no puede olvidarse. No puedo entender que algo tan excepcional, porque es el único que se conoce en toda la región vaccea, siga dedicándose al cultivo.


¿Es optimista sobre una solución futura?
En absoluto. Dicen que un pesimista en un optimista bien informado. Por naturaleza soy optimista, si no creo que habría tirado la toalla hace muchos años, pero no me engaño. Sé lo que da de sí. Seguramente habrá que esperar a otra persona, en otra generación, que igual no da tantos problemas, menos crítica, para que el yacimiento salga adelante. 


Aún así, han mantenido el trabajo de excavación y también el del centro de estudio, con una intensa actividad.
La voluntad la hemos demostrado. Lo que estaría bien es que, aparte de la palmadita, que siempre se agradece, pues hubiera un plan de inversión. El potencial del lugar es tan incuestionable que el que no quiera verlo pues sencillamente no lo va a ver. 


¿Y la UVa no ha podido hacer nada?
La Universidad se mueve en las coordenadas de docencia e investigación, pero no de diseño de políticas. Se trata de creer que algunos yacimientos, no todos, tienen potencialidad. Si este es un Bien de Interés Cultural (BIC), desde 1989, es porque es un bien estratégico. Y, sobre todo, porque el valor añadido de este yacimiento, aparte de ser un BIC, es que tenemos 40 años de investigación. Sabemos muy bien su potencialidad y las posibilidades que podría ofrecer de cara a una inversión seria.


¿Se ha reunido con el consejero de Cultura o el director de Patrimonio?
No, todavía no. Sí que ha existido alguna conversación, pero todavía no.


¿Cómo les afectará la crisis de la covid-19? ¿Se reducirá la inversión?
Es complicado. Incluso ha amortiguado la repercusión del premio. Llegan cosas buenas, pero como en la peor de las circunstancias.


¿Habrá campaña estival?
Va a ser una campaña mínima. Hay un sector que quedaba entre medias por excavar, de 16 m2, y eso es lo que se va a hacer. Seremos seis o siete personas. Tuvimos que rechazar en mayo a los alumnos de Estados Unidos por las medidas sanitarias. Y se suspendieron las visitas de colegios. Y todo eso es una merma económica importante. Este estado de incertidumbre nos ha llevado a mínimos y a suspender todas las actividades que hacemos en el centro de estudios, como el cine de verano o las conferencias, a la espera de mejores condiciones.


Aunque la pandemia les ha permitido avanzar en la investigación.
Sí, hemos avanzado con las memorias de 2000 a 2006 de la necrópolis de Las Ruedas. También es importante ir sacando adelante material de la investigación, ya procesado, no solo publicaciones puntuales. Esto también va acorde a la idea de entregando materiales en el Museo de Valladolid. Ahora estamos estudiando la cerámica negra bruñida, un tipo muy particular del mundo vacceo, de época tardía. Es un tipo muy novedoso de producción cerámica. Además, otra compañera está empezando su tesis doctoral sobre fíbulas (Imperdibles). Tenemos cerca de 400. Eso muestra también las dimensiones de este sitio, que son espectaculares, y la convierte en la mejor colección de toda la península ibérica, después de Numancia -allí se han excavado tres hectáreas-.