95 millones de niños invisibles

Agencias
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La falta de recursos, las legislaciones obsoletas o las creencias culturales atascan la inscripción de más de un 55 por ciento de los menores de cinco años nacidos en los países subsaharianos

95 millones de niños invisibles - Foto: George Esiri

Cerca de 95 millones de niños en el África subsahariana son «invisibles». Y es que lo que en Europa y Occidente se da por sentado, como es el registro del nacimiento, no se realiza con todos los neonatos en esta región, donde solo están inscritos el 45 por ciento de los menores de cinco años, siendo la tasa más baja del mundo.
El balance oficial de los nacimientos es dispar, pues supera el 85 por ciento en países como Cabo Verde, la República del Congo, Sudáfrica, Botsuana, Gabón o Mali; y no alcanza el 15 por ciento en Somalia, Malawi, Chad o Zambia, según las últimas cifras de Unicef.
«La visibilidad jurídica de los individuos es muy importante porque, si la persona no se encuentra en los ficheros del Registro Civil, no existe en el plano jurídico. Y, si no existe, no se beneficia, no está identificado por los servicios del Estado», explica Aliou Ousmane Sall, director del Registro Civil en Senegal.
Tener un certificado de nacimiento da acceso a la educación y la sanidad, a obtener el documento de identidad o poder votar, pero también puede prevenir el trabajo infantil o el matrimonio precoz, o evitar condenar a un niño como si se tratara de un adulto.
El sistema de registro civil en África subsahariana afronta muchos desafíos. En primer lugar, «está gestionado por leyes que en su mayoría son antiguas y que no han sido reformadas», indica Mirkka Tuulia Mattila, especialista de Unicef para África occidental y central, con sede en Dakar. Eso «da lugar a que, por ejemplo, el registro digital no esté autorizado en la mayoría de los países en África Occidental y del Centro. Es manual y depende en primer lugar de una reforma legal», agrega.
El principal motivo al que se alude para explicar por qué los padres no inscriben a sus hijos es el problema de accesibilidad a las oficinas. «Si el centro está un poco alejado de la zona del nacimiento, a la gente no le estimula y lo van atrasando hasta que se les olvida declararlo», relata Binette Ndiaye, coordinadora general de Forum Citoyenne, organización de la sociedad civil senegalesa. Si el menor nace en una zona rural, la tasa de registro es de un 35 por ciento, mientras que si llega al mundo en una urbe aumenta al 61 por ciento, indica Unicef.
Igualmente, la pobreza tiene un impacto, registrándose en África subsahariana un 63 por ciento de los niños cuando el hogar es más rico y solo el 26 por ciento cuando es más pobre, debido a que directa o indirectamente la inscripción del nacimiento tiene un coste, ya sea a través de una tasa o del transporte necesario para hacer el trámite.
«Cerca de 370 millones de niños viven en países donde hay gastos asociados al registro de los nacimientos y, en la mayoría de los casos, esos gastos incluyen multas por un registro tardío», indica Unicef, que agrega que en solo 10 naciones de 42 la inscripción es gratis.
Las creencias sociales también influyen en que los pequeños no sean declarados oficialmente. Es el caso de las madres solteras, explica Sall, pues «una mujer que ha tenido un bebé fuera del matrimonio está mal vista por la sociedad y no osa ir a la autoridad municipal para declararlo». Lo mismo pasa cuando son nacidos tras una violación o incesto. «Entre los miembros de la familia se pueden organizar y guardar eso en secreto, pero, si llevas el caso al funcionario del registro civil, finalmente te van a preguntar quién es el padre», apunta Ndiaye. Algo que, además, sucede cuando el niño tiene una discapacidad muy severa. «Prefieren ocultar al niño que declararlo», asegura.
Culturalmente, también existen razones para el bajo porcentaje de registro de nacimientos. Por ejemplo, en el caso de algunas etnias en Senegal, principalmente en zonas aisladas donde persisten las prácticas tradicionales, mujeres y hombres no comparten apellidos y, si los declaran, el funcionario de turno pondrá el apellido del padre a las mujeres que «no tienen ese derecho de llevarlo». Hay algunas que incluso no quieren contar su número de hijos y, en lugar de decir cuántos tienen, utilizan otras expresiones «porque creen que puede disminuir su progenitura».


Objetivo para 2020

El registro de nacimientos está entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 de Naciones Unidas, pero se necesita acelerar las inscripciones para llegar a la cobertura universal. Aunque hay países con buenas expectativas, como Costa de Marfil, donde si se duplicara la tendencia actual se llegaría a un registro del 99,4 por ciento en 2030; en Nigeria, el país más poblado del continente, aún duplicándola solo se lograría el 42 por ciento.
En los últimos años, naciones como Ghana, Mali, Senegal, Uganda, Namibia o Etiopía casi han doblado la oficialización de nacimientos, pero Unicef teme que la pandemia de la COVID-19 lastre a estos progresos. Los cierres y restricciones en muchos Estados africanos para frenar el coronavirus, así como petición de las autoridades de que la población reduzca sus movimientos, hacen que el registro civil no esté entre sus citas imprescindibles.