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La Formación Profesional hace la maleta

Óscar Fraile
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El programa Erasmus se consolida en estos estudios y los beneficiarios de ayudas de la Junta se cuadruplican en cuatro años

Luis García hizo prácticas en una empresa de Francia dedicada a la reparación de piezas de centrales nucleares. - Foto: J. Tajes

Aunque la mayor parte de la población vincula el Programa Erasmus con la comunidad universitaria, lo cierto es que desde hace unos años esta experiencia se ha ampliado a otros ámbitos educativos, entre los que se encuentra la Formación Profesional (FP). Y cada vez con mayor acogida, como demuestran los datos de las becas concedidas por la Junta de Castilla yLeón para estas personas. Si en 2017 llegaron a 128 participantes (110 alumnos y 18 profesores), el año pasado esa cifra se elevó hasta los 537 beneficiarios, 448 estudiantes y 89 profesores en toda la Comunidad, según los datos facilitados por la Consejería de Educación. Es decir, en solo cuatro años se ha cuadriplicado el número de perceptores, pese a que en 2020 se notó un lógico parón por el efecto de la pandemia

El programa Erasmus+ de la Unión Europea que actualmente está en vigor abarca un periodo que va desde 2021 a 2027. Su objetivo es «apoyar, a través del aprendizaje permanente, el desarrollo educativo, profesional y personal  de  las  personas  en  los  ámbitos  de  la  educación,  la  formación,  la  juventud  y  el  deporte,  dentro  de  Europa  y  fuera de su territorio, contribuyendo así al crecimiento sostenible, al empleo de calidad y a la cohesión social».

Unos objetivos que también persiguen en los centros de FP de Valladolid que se han sumado a este programa. Uno de ellos es el IES La Merced, que se 'estrenó' en el curso 2020/21, sobreponiéndose a las dificultades que por entonces imponía la pandemia. «Pese a ello, en marzo enviamos a dos alumnos a Croacia», señala la responsable de este programa en el centro, Elena Castrillo. Vista la buena experiencia, el instituto consiguió en 2021 la acreditación para el programa 2021-2017 de Erasmus+, en lo que se refiere a movilidad de estudiantes y profesores. «Es un programa que completa la educación de los alumnos en muchas cosas que no podemos hacer nosotros desde el centro», añade Elena.

Esta experiencia va mucho más allá de lo académico para los que van a estudiar y de lo laboral para los que van a hacer prácticas en empresas, como es el caso de los alumnos de FP. Casi siempre se trata de la primera experiencia del joven fuera de casa, con todo lo que eso supone en el refuerzo de la autonomía personal. Además, hay que tener en cuenta el enriquecimiento que supone conocer otras culturas y mejorar en otros idiomas. «También mejora su empleabilidad, porque el hecho de tener una experiencia en una empresa extranjera es muy positivo; además, es un motor de cambio, porque cuando vuelvan a Castilla y León y empiecen aquí a trabajar, pueden aportar ideas renovadas y formas de hacer las cosas diferentes», señala la responsable del programa.

Los alumnos de FP tienen que hacer obligatoriamente prácticas en empresas como parte de su formación, y el centro les da la posibilidad de hacerlas en el extranjero. Hay dos tipos de movilidades, la corta, que dura un mes; y la larga, que se prolonga durante un trimestre.

Es el propio centro el que se encarga de la selección de los alumnos, con un proceso en el que se tienen en cuenta aspectos como el expediente académico y las circunstancias personales. Además, el instituto busca centros de FP en otros países que hagan el papel de socios colaboradores para que gestionen allí la búsqueda de empresas y el alojamiento, del mismo modo que el IES La Merced ha hecho lo mismo con los tres jóvenes franceses y dos alemanes que actualmente están en Valladolid.

Desde este centro han salido alumnos y profesores a empresas de Portugal, Alemania, Croacia, Irlanda, Italia y Francia. «Lo estamos ampliando, y el año que viene posiblemente trabajemos también con Moldavia», explica Elena. De hecho, el instituto pretende hacer el día 24 de mayo un acto con profesores de ese país y representantes de algunas empresas de Valladolid.

Durante su estancia, a los alumnos «se les cubre todo». Las becas que reciben van en función de factores como el coste de la vida del país al que vayan, entre los tres grupos en los que están clasificados, la distancia a la que están desde la ciudad de origen y la duración del periodo de prácticas.

La experiencia para este centro ha sido, hasta ahora, más que positiva. Y continuará en los próximos años.

Rubén Román: «Si no hubiera sido por la beca, que es de más de mil euros al mes, no habría podido ir a Croacia»

Rubén Román solo tiene 21 años, pero ya tiene claro que quiere vivir fuera de España. O, al menos, tener una experiencia en otro país. Por eso no dudó mucho en apuntarse al programa Erasmus+ del IES La Merced, donde cursó un grado medio de Instalaciones de Telecomunicaciones. Este estudiante estuvo nueve meses en la empresa Komteh, situada en Zagreb y dedicada al sector de las radiocomunicaciones. Allí desarrolló trabajos como la fabricación de cables de antenas, carga de baterías, inventarios y distintas reparaciones.

Rubén se fue en marzo del año pasado sin tener «ni idea de inglés». De hecho, uno de sus objetivos, aparte de mejorar sus competencias profesionales, era ganar fluidez en esta lengua. Y lo ha conseguido, con creces. «Por ejemplo, ahora veo todas las series en inglés, algo que era impensable para mí hace tiempo», reconoce.

La experiencia no ha podido ser más positiva para Rubén, aunque haya pasado momentos delicados lejos de su familia. «Cuando vas a otro país pasas por tres fases; la primera, en la que todo te impresiona y te gusta; la segunda, en la que echas de menos tu país y a tus amigos; y la tercera, en la que puedes analizar con más calma todo lo bueno y lo malo», señala.

Uno de los mejores aspectos de esta experiencia para él ha sido el económico. La beca que ha recibido en este programa es de más de mil euros al mes, una retribución que le permitió vivir con cierta soltura en una país como Croacia. «Si no hubiera sido por esta beca, no podría haber ido», reconoce.

Aunque la experiencia que ha ganado también ha mejorado mucho su empleabilidad, cuando regresó, Rubén decidió seguir formándose antes de lanzarse a buscar trabajo. Así, ahora está estudiando un grado superior en Programación, una disciplina con muchas salidas laborales. «Me han ofrecido otra beca», reconoce. Y, visto lo bien que ha ido su experiencia en Croacia, no sería una locura repetir.

Luis García: «Decidí ir a Francia porque era una oportunidad para ver si me podía buscar la vida yo solo»

Luis García nació en Bolivia hace 25 años, pero desde 2009 reside en España. En la actualidad estudia un grado medio de Instalaciones Eléctricas y Automáticas en el IES La Merced y ha sido uno de los alumnos que ha decidido hacer en el extranjero parte de las prácticas que todos los estudiantes tienen que hacer en empresas. Bien es cierto que esto no estaba entre sus planes, pero se animó al ver a otros compañeros que venían de fuera a hacer lo propio en España. «Mi profesora me comentó que teníamos la posibilidad de hacer prácticas en el extranjero y que era una experiencia interesante», recuerda.

Como quiera que entre sus aficiones está la de viajar y conocer «cosas nuevas», al final se animó a dar el paso. «También quería comprobar hasta qué punto podía ser independiente y buscarme la vida yo solo en un país diferente a España», señala.

Así es como aterrizó en el norte de Francia para incorporarse a la empresa Dalkia, dedicada a la reparación de piezas mecánicas de las centrales nucleares del país, previa descontaminación. «Aunque yo estaba en el almacén, no podía entrar en esas zonas porque eran de riesgo y no estaba formado para ello», explica.

Luis estuvo un mes allí y ahora está terminando los dos que le faltan de prácticas en la empresa Olmedo-Cáceres del polígono de San Cristóbal. Durante su estancia en Francia vivió en la casa de uno de los compañeros de su empresa, previo acuerdo con los responsables del IES La Merced, encargados de gestionar la viviendas de los alumnos que se van fuera. En realidad se trataba de una habitación que el trabajador tenía en alquiler.

Para este estudiante la experiencia ha sido «muy positiva», pese a los problemas que le generó no saber francés. De hecho, la mayor parte de sus comunicaciones las hacía en inglés, y cuando tenía que recurrir al idioma galo utilizaba un traductor. «Me ha gustado mucho esta experiencia porque la ciudad era muy bonita y me llama la atención relacionarme con personas que tienen otra forma de pensar y otra cultura», finaliza.