Un emblema de la ciudad

Óscar Fraile
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El presidente del Colegio de Farmacéuticos de Valladolid, Carlos Treceño, hace un repaso por sus diez lugares preferidos de la ciudad

Un emblema de la ciudad - Foto: Jonathan Tajes

1. Plaza de San Pablo. Una elección que hace extensible al entorno de Cadenas de San Gregorio. No solo por ser un lugar «emblemático» por la belleza de los edificios que lo custodian –«los más hermosos de Valladolid»–, sino porque es un escenario de su rutina diaria. «Casi todas las tardes-noches hago ese camino al volver de mi trabajo a casa, en Huerta del Rey, y siempre me he sentido especialmente amparado en esa calle, donde hay tanta belleza y grandiosidad», dice. Un encanto que se hace sobresaliente con la iluminación nocturna.
2. Calle de la Galera. Como buen amante de los espacios tranquilos, Treceño incluye en la lista la calle de la Galera, que une Santuario con Fray Luis de León. «Es una calle muy recoleta situada en el centro de la ciudad por donde solía pasear cuando era niño, casi adolescente, con mis padres», recuerda. Recorrer esos mismos pasos ahora es volver a la adolescencia, a los paseos a fuego lento y a un lugar muy feliz de su vida que marca la transición de la niñez a la adolescencia. Como si el tiempo se hubiera suspendido.
3. Paseo del Prado de la Magdalena. Otro lugar que tiene que ver con sus itinerarios, pero no con los actuales, sino con los de su época de estudiante. «Es un lugar que solía recorrer cuando hacía mis estudios de doctorado, yendo desde mi farmacia hacia la Facultad de Medicina», recuerda. Un paseo «corto», pero «especialmente grato» en medio de una zona arbolada y tranquila, pese a estar en el centro de la ciudad.
4. Iglesia de la Vera Cruz. El entorno de la calle de la Rúa Oscura y Platerías es otro de los diez lugares preferidos del presidente del Colegio de Farmacéuticos de Valladolid. Un recorrido que tiene mucho que ver con el cine, porque es la distancia que se recorre desde la antigua ubicación del cine Casablanca a la actual (calle Leopoldo Cano). «Durante mi juventud vivía por esa zona, en la calle Macías Picavea y recuerdo con especial cariño las escapadas de tarde-noche a ver esas películas de autor, menos comerciales y comentarlas después en alguna cafetería de la zona», explica. Hoy no tiene tanto tiempo para esas escapadas, pero su amor por el cine permanece intacto.
5. Ribera del Pisuerga. Treceño suele salir a correr en el tramo que separa Las Moreras del parque Ribera de Castilla. «Es una especie de oasis o paraíso en el centro de Valladolid», opina. Una forma de trasladarse, aunque sea mentalmente, al interior de un bosque escondido en una telaraña urbana. Un «lujo» del que no se priva cada vez que quiere hacer deporte.
6. Plaza de la Universidad.  El edificio histórico de la Universidad de Valladolid, la Catedral y la Iglesia de Santa Mari de la Antigua configuran un entorno de una belleza incalculable. «Es una de las plazas especialmente hermosas de Valladolid, que me trae recuerdos de la época de estudiante, porque, aunque yo hice la carrera en Salamanca, tengo muchos amigos que estudiaban aquí», señala. Una zona «entrañable» y «emblemática».
7. Estación Valladolid-Campo Grande. Un punto muy frecuentado por motivos laborales y que a él le ofrece una sensación de paz, toda vez que es el lugar al que regresa después de jornadas de trabajo fuera de la ciudad. «Es esa sensación de regresar al hogar y a la tranquilidad que me produce un sentimiento muy especial», asegura. Es lo mismo que le pasaba cuando volvía a Valladolid desde Salamanca en su época de estudiante.
8. Campos de Pepe Rojo. Treceño jugó al rugby hasta los 28 años, en El Salvador, y llegó a ser internacional en las categorías inferiores del club ‘chamizo’. Sin embargo, una lesión truncó su carrera deportiva. Ahora acude a Pepe Rojo como un aficionado más, para animar a su equipo y reunirse con sus amigos. Del rugby aprendió valores como la solidaridad, el esfuerzo y el respeto.
9. Plaza de Santa Ana. «No sabría decir una razón concreta por la que elijo este sitio», reconoce. Puede que sea porque en su adolescencia era el lugar en el que habitualmente se citaba con sus amigos. O puede que sea el Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, con su impresionante museo. El caso es que Treceño siente que esta plaza no puede faltar en sus diez lugares predilectos.
10. Campo Grande. Un lugar en el que se reconocen casi todos los que han sido niños en Valladolid. También él, ya sea por el estanque, las tardes de juegos, la cascada, los pavos reales o la vegetación. «Es una referencia». Un sitio al que acudía a pasear con sus padres y donde él ahora lleva a sus hijos para cerrar el círculo.