75 horas para volver a Valladolid

M.B
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Una familia vallisoletana narra la odisea de más de tres días, con cuatro vuelos por medio, para regresar de Nueva Zelanda. Fernando Carnicero se pasó 48 horas viajando desde Tailandia, vía Moscú

75 horas para volver a Valladolid

Estos días son días de muchas historias. De solidaridad, empatía, confinamientos... y también de viajes interminables de regreso a casa. Como los vividos por Mercedes, Rubén y sus dos hijos. O como el de Fernando. Ellos ya están en sus domicilios tras un sinfín de peripecias, aviones, escalas y anécdotas que no olvidarán nunca. Merce y Rubén, tras 75 horas, cuatro vuelos, tres continentes, más varios taxis y trenes. Fernando, después de 48 horas, moto, barco, minivan, tres aviones y tren.
«Ha habido momentos en los que me sentí abandonada por mi embajada», concluye Mercedes después de narrar su odisea para volver desde Nueva Zelanda, donde estaba con su pareja y sus hijos, Eric y Unax. Los cuatro pasaban sus vacaciones en las antípodas cuando el coronavirus hizo su aparición en España. «Cuando nos fuimos, el 2 de marzo, aquí no era ni una amenaza así que iniciamos el viaje sin dudarlo. Con el paso de los días, los mensajes de WhatsApp nos fueron poniendo en alerta», recuerda. El 17 decidieron hacer una llamada a la embajada: «Nos dijeron, sin preguntarnos ni nombre ni nada, que se podía viajar pero que el cierre de fronteras iba a ser inminente». Ellos tenían el vuelo de vuelta para el 25 pero el consejo era volar antes: «Si nos quedábamos allí nadie se haría cargo de nosotros».
Estaban al sur de Nueva Zelanda y tras varias llamadas y mail sin respuesta al buscador de vuelos con el que tenían contratado el regreso, decidieron ir al norte, al aeropuerto internacional de Auckland. «Allí no encontramos solución y volvimos a llamar a la embajada. Nos dijeron que volviésemos comprando otro vuelo... lo antes posible». Ya era jueves 19. Para el viernes solo había disponible vuelos «que no podíamos pagar, así que buscamos alguno que llegase a Europa». Encontraron uno para el domingo a Munich. Su idea era volver luego por carretera desde Alemania. Por si acaso siguieron buscando con Swiss Air Lines, con la que tenían uno de los vuelos contratados. La cancelación de uno de ellos les abrió un hilo de esperanza ese mismo día: «Nos dijeron que había uno en 45 minutos que, con escala, llegaba a Madrid. Nos ayudó todo tipo de gente pero al llegar, la puerta del embarque estaba cerrada». 
La desesperación cundía en una familia que quería volver cuanto antes. Con ayuda de su familia siguieron buscando y llamando a la única compañía que parecía poderles ayudar. Encontraron uno hasta Londres para el sábado y, tras varias negociaciones, lo cerraron. Auckland-Kualu Lumpur-Dubai-Londres-Madrid. 75 horas, 4 vuelos, 3 escalas y 3.700 euros menos. «En Nueva Zelanda era todo normal, con algunos carteles avisando de la higiene pero nada más. En Kualu Lumpur el aeropuerto estaba vacío; en Dubai sí había algo de movimiento y en Londres mucho más, aunque en el último vuelo vinimos casi vacíos». El lunes de madrugada llegaban a casa, tras muchas horas «y sin apenas ayuda».
Fernando Carnicero se encontraba en Ko Pha Ngan, una isla en el sudeste de Tailandia, donde lleva dos años yendo a trabajar como entrenador personal. Él volvió el domingo aunque reconoce que hasta una semana antes no se hablaba del coronavirus allí:«Cuando se dieron los primeros casos en Bangkok empezó todo. El viernes 20 el Gobierno comunicó el cierre de todos los negocios, incluidos gimnasios, y nos empezamos a poner nerviosos». Entonces no se lo pensó y se compró billete de vuelta de la noche a la mañana: «Había restricciones de agua y anunciaban que iba a salir el ejército. Aunque el principal motivo fue mi padre, tiene 85 años y yo ya no estaba a gusto allí, tan lejos de él». 
Había muchos problemas pero encontró uno con Aeroflot, de Bangkok a Moscú y de Moscú a Madrid. «Fue todo duro y estresante. Salí a las seis de la mañana, en moto a coger un ferry; de allí en Minivan al primer aeropuerto; luego vuelo a Bangkok, bus al aeropuerto internacional, vuelo a Moscú, espera y para Madrid», relata en sus 48 horas de regreso. «Yo he ido con mi máscara y mi jabón, he visto mucha gente concienciada menos en Moscú», asegura. Y se queja de que en Barajas no hubiese controles de temperatura ni nada: «En mi vuelo venía una persona con tos y cuando llegamos no nos hicieron controles. Yo me he venido a casa de mi hermano a estar 15 días confinado antes de ir a ver a mi padre».