Donde Pipo y Pipa

Jesús Anta
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El escritor Jesús Anta nos acerca la historia de la plaza del Poniente en la sección Callejeando

Donde Pipo y Pipa - Foto: Jonathan Tajes

Rosa Chacel recibe junto al primer portal de la plaza del Poniente. Una escultura sedente y recostada sobre un banco que en 1996 realizó Luis Santiago Pardo dos años después del fallecimiento de la escritora, cuyos restos descansan en el Panteón de Personas Ilustres del cementerio del Carmen.
Y a su espalda, en la otra acera junto al edificio de San Benito, se ha plasmado en el pavimento la visualización del Alcazarejo que aquí hubo en los siglos XII y XIII. Una fortificación de la que aún se conserva en el subsuelo parte de su construcción original. 
No puede comenzar de mejor manera la plaza del Poniente, de la que, sin duda, lo que destaca por diversos motivos es su zona ajardinada. Pero hay otros interesantes puntos.
Llama la atención el edificio que hace esquina con la calle de los Molinos. Fechado en 1957, el arquitecto, José María Plaja Tobía, no eludió el problema que suponía la acerada esquina, que la aprovechó para acentuar el ángulo y dotar al edificio de una singular expresividad. 
Y no menos interesante, aunque acaso poco apreciado, es el Instituto Núnez de Arce, de Miguel Fisac. Construido en 1961, en la historia de la arquitectura de Valladolid pasa por ser una de los edificios contemporáneos más importantes, tanto por lo avanzado que en su día fue el uso de diversos materiales, como por la distribución interior y las innovaciones arquitectónicas que aportó en su momento. 
Mas, antes de adentrarnos en los jardines, necesario es indicar que en el número 5 están las instalaciones de la Alianza Francesa: una institución centenaria impulsada en su momento por el Gobierno Francés para la difusión de la lengua y culturas galas.
La plaza del Poniente surgió tras el soterramiento del ramal norte de la Esgueva, que desde San Benito atravesaba este espacio para ir a desembocar en el Pisuerga. Y más arriba hemos hablado de la calle de los Molinos, que es el nombre que tuvo en origen, por conducir a unos molinos movidos por las aguas de la Esgueva. La calle, después de haber conocido otros cuatro nombres, vuelve a recobrar el que desde más antiguo se le conoce.
Una vez que el río quedó soterrado, el Ayuntamiento decidió crear un espacio ajardinado que comenzó a tomar forma en 1863, y se construyó la hermosa fuente llamada del Cisne que ahora está en la Pérgola del Campo Grande. La fuente comenzó a funcionar en 1887 y de ella hay que decir que atendía a la doble función de embellecer la plaza y proveer de agua para consumo del vecindario. Por diversos motivos, en 1892 se trasladó a su actual emplazamiento. Arrastra la fuente una curiosa anécdota: los concejales, una vez visto el color de las sirenas o náyades que la adornan, decidieron que se pintaran de verde para evitar la excesiva carnosidad de aquel conjunto ornamental. Parece que aquella decisión se reiteró en los años 30 del siglo pasado para así volver a ser repintadas, en aquella ocasión, de negro.
En 1933 el Ayuntamiento decidió crear en la plaza un parque infantil, y para ello lo adornó con las que durante años fueron entrañables esculturas infantiles llamadas Pipo y Pipa, Bobito, La lechera, Lolín, Pinocho y Pichi. Se hicieron dos espacios separados prácticamente simétricos y ambos se adornaron con las citadas esculturas infantiles que el gamberrismo fue rompiendo hasta que el Ayuntamiento decidió retirarlas. No obstante se conservan sus pedestales. Es intención municipal reponerlas en su emplazamiento original.
La creación del parque infantil en su día (año 1934) fue acompañada de la prohibición de que las parejas utilizaran este lugar para manifestarse su cariño, pues aquello era un lugar solo para niños.
Una placa en los jardines de la plaza indica que en 2008 se plantó un roble para conmemorar los 100 años de la inauguración de la Casa Consistorial actual.
Y si Rosa Chacel nos recibió en la entrada de la Plaza, nos despide un grupo escultórico que representa a Jorge Guillén con dos criaturas botando barcos de papel en el agua que llevan los nombres de algunos de sus poemarios: Cántico y Clamor. Se instaló en 1998 y su autor es, también, Luis Santiago Pardo.