PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


Ahora vino y jamón, ¿y luego qué?

14/08/2020

Estamos en la semana festiva por excelencia del verano. No hay casi ningún pueblo que no celebre el 15 de agosto. Bueno, para adaptarnos a la nueva normalidad, hay que puntualizar que no lo celebrarán porque este año no podrá ser y habrá que esperar a mejor ocasión. A estas alturas  no hace falta explicar el porqué, ni habría que recordar a los vecinos que deben ser prudentes, que no puede haber concentraciones y que no es el momento de celebraciones porque la situación sanitaria y económica es de emergencia. La pandemia de la covid-19 no ha pasado, y no pasará en un tiempo, aunque algunos se empeñen en frivolizarlo porque están cansados de tanta restricción.
Pero parece que también hay que recordárselo a algunos alcaldes, que tienen la responsabilidad de gestionar sus pueblos en lo bueno y lo malo, y no lanzar balones fuera cuando vienen mal dadas. Algunos se han puesto de perfil cuando se han aplicado medidas de contención en sus localidades por los brotes. Eso es la gestión pública: no siempre se puede contentar a todos. Hay ocasiones en las que hay que tomar decisiones drásticas por el bien común y no se puede andar con medias tintas porque luego las consecuencias son peores.
Y luego están los que en pleno debate de la financiación municipal, cuando el dinero escasea en las arcas públicas y las previsiones de  merma de ingresos por la bajada de la actividad económica asustan hasta al más optimista del lugar, deciden ‘compensar’ a sus vecinos por no poder celebrar las fiestas regalándoles un jamón o un lote de productos de la tierra, con botella de vino incluida. La medida sería anecdótica en otro momento, cuando la economía del país no estuviera a las puertas de la recesión, cuando el sistema sanitario no esté otra vez a amenzado por un nuevo colapso por el segundo brote que ya llega o cuando los índices del paro no galopasen hacia récord históricos.
Y no hay que ir muy lejos para buscar ejemplos desafortunados, aunque los vecinos los hayan recibido de mil amores. Las paletillas que se regalaron hace unas semanas en La Mudarra o el lote de productos de Rueda, que ha distribuido el Ayuntamiento de esta localidad esta semana, es un despropósito, se mire por donde se mire. El dinero público, el de todos, exige una gestión responsable, no populista y de corto recorrido. Las fiestas patronales no se celebran por una cuestión de salud pública, y no hay más parches que poner.