Qué tienen en común Dalí, Michael J.Fox y Mohamed Ali...

Agencias
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La respuesta correcta es la enfermedad de Parkinson, una alteración con la que conviven en España 160.000 personas y que va mucho más allá de sufrir temblores en las manos o pies

Qué tienen en común Dalí, Michael J.Fox y Mohamed Ali...

De acuerdo con la Federación Española de Párkinson (FEP), más de 160.000 personas conviven con esta enfermedad en España, de las cuales una de cada cinco tiene menos de 50 años. Es más, apuntan que una de cada tres personas con esta patología tienen menos de 65 años en el momento del diagnóstico.

Según constata la FEP, el párkinson es una enfermedad comúnmente asociada al envejecimiento de la persona y a la creencia de que el temblor es su síntoma más representativo. Sin embargo, añaden que una de cada cinco personas tiene menos de 50 años en el momento del diagnóstico, y un 30 por ciento de ellas no llegan a desarrollar nunca el temblor. Personajes públicos como Salvador Dalí y Mohamed Ali padecieron la enfermedad, así como Michael J.Fox, actor que ha creado una fundación homónima en la lucha por la cura de la enfermedad, y sobre la que trabaja de una manera muy activa en la actualidad.

Diego Santos García, neurólogo especializado en párkinson y trastornos del movimiento, actualmente trabaja en el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña y es médico asesor de la FEP. Recuerda que esta alteración es una enfermedad neurodegenerativa, es decir, que afecta al sistema nervioso, y por la que habrá una pérdida progresiva de neuronas, lo que a su vez dará lugar a una serie de síntomas que irán progresando.

Entre las evidencias motoras típicas, el también coordinador del grupo de estudio de trastornos del movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN) y coordinador científico y vicepresidente de la Fundación Curemos el párkinson, apunta al temblor, especialmente en reposo en la mano o en un pie; a la rigidez, limitación en el movimiento de las articulaciones, o lentitud de movimientos; problemas al caminar; hiponimia o reducción de la expresividad facial; problemas para tragar o bien a alteraciones del lenguaje, siendo personas que hablan más bajito o les cuesta más articular palabras, entre otros.

Entre los no motores indica que son frecuentes la depresión, la ansiedad, la apatía, el dolor, la fatiga, o las alteraciones cognitivo conductuales. El doctor Santos reconoce que algo muy característico del párkinson es la asimetría, ya que empieza por un lado del cuerpo, y este se encuentra generalmente más afectado que el otro, «a veces muy afectado y otras de forma muy leve».

«A día de hoy se sabe que cuando aparecen estos síntomas motores se han perdido la mitad de neuronas que contienen dopamina en el cerebro y la enfermedad lleva años desarrollándose», apostilla el especialista, quien añade que, aunque en general es más frecuente a edades más avanzadas, entre los 60 y los 75 años, también puede aparecer en edades más tempranas, incluso por debajo de los 40.

 En cuanto a su causa, el neurólogo reconoce que a día de hoy no está demasiado clara y hay gran variabilidad de unos pacientes a otros. A su vez, mantiene que hay una base genética, pero también factores ambientales que podrían desencadenarla, como la exposición a tóxicos, o a infecciones virales, «aunque todavía no está demasiado claro».

 

Diagnóstico clínico

Por otro lado, el doctor Santos apunta que su diagnóstico es clínico, requiere de una exploración del paciente, si bien lamenta que en la actualidad sigue sin haber un marcador de confirmación de diagnóstico en vida. Sí hay pruebas, según señala, que pueden ayudar en su localización, pero que no pueden servir como confirmación.

Actualmente, el párkinson no tiene cura, según prosigue, y su tratamiento tiene dos vertientes: fármacos y terapias no farmacológicas. Sobre estas últimas considera que son «muy importantes» para estos pacientes, tales como la fisioterapia, la logopedia, la terapia ocupacional, así como el ejercicio físico, a su juicio «muy importante» porque se ha demostrado que el ejercicio vigoroso ayuda a reducir el riesgo de desarrollarlo y también a que la enfermedad progrese más despacio, aparte de que estas terapias complementarias permiten reducir la necesidad de tratamientos farmacológicos.

En cuanto a los tratamientos no farmacológicos, el neurólogo sostiene que están encaminados a los síntomas, con el objetivo de compensar la falta de dopamina a nivel del cerebro para mejorar los síntomas de la enfermedad. «No los hará desaparecer pero sí los mejorará  y se encontrará mejor el paciente».

En última instancia, avanza que se está investigando en tratamientos farmacológicos con fines potencialmente curativos, que intentan enlentecer la progresión , como con inmunoterapia u otros que eviten el acúmulo de proteínas que se produce en esta enfermedad en el cerebro.



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