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«En el Ayuntamiento se han respetado bastante las leyes»

M.Rodríguez
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Valentín Merino lleva más de cuatro décadas de servicio público y ha ejercido los últimos 27 años como secretario del Ayuntamiento. Se jubila este viernes, después de haber recibido numerosos homenajes, y con la mano tendida para seguir ayudando

El secretario del Ayuntamiento de Valladolid Valentín Merino Estrada - Foto: Jonathan Tajes

Protesta porque no hay gradualidad para la jubilación. «Hoy con 69 años soy todo y mañana cumplo 70 años y no soy nada». Una idea, que defiende el propio ministro de Seguridad Social, pero que no se ha llevado a la práctica. Y propone una media jornada o la opción de dedicarse a formar a nuevos funcionarios. Algo que recalca le hubiera encantado. Aunque no le faltarán tareas a las que dedicarse en su jubilación.

Usted es uno de los pocos funcionarios de los que se puede decir que conoce el municipalismo como la palma de su mano. 

Son 43 años. Empecé a trabajar como secretario de ayuntamiento en 1979, cuando entré como interino en un pueblecito de Burgos. Estaba preparando las oposiciones y me llamaron. Las aprobé en mayo de 1980, y desde entonces soy lo que ahora se llama secretario-interventor. Mi primer destino fue Reinosa y luego, por circunstancias muy especiales, aterricé en Valladolid.

Pero a un puesto distinto.

Vine a aquí como director general de administración local en el primer gobierno autonómico, que tuvo Castilla y León en 1983, siendo consejero José Constantino Nalda.

Y fue uno de los promotores de las manconuminades, con lo que implica de apuesta por lo local.

Yo me hice cargo de la dirección general de administración territorial, pero que es de régimen local, en realidad. No encargábamos de los ayuntamientos y las municipalidades, fundamentalmente de los pequeños, que son la inmensa mayoría y los que más carencias tienen. En aquellos años esas carencias eran espectaculares, pero también es cierto que había un gran entusiasmo. 

Los ayuntamiento democráticos acababan de nacer y la gente quería hacer muchas cosas de servicio a la ciudadanía. También se habían hecho oposiciones de secretarios, después de 14 años sin ellas. Y la dirección general acudía a ayudarlos. Y en esa etapa es cuando más me entusiasmé del municipalismo.

¿Qué implicaba esa propuesta?

Donde verdaderamente se vive el municipio, más aún que en las ciudades, es en los pueblos pequeños. Y el verdadero secretario es el de la pequeña municipalidad que lo hace todo, y a veces muy solo. Y en ese contexto impulsamos las mancomunidades porque era una forma de fortalecer los municipios. Solo había cinco mancomunidades en la región. Pero también hicimos auditorías para que empezara lo que ahora se llama transparencia y reformamos o ayudamos a construir muchas casas consistoriales porque había un abandono absoluto.

Y se pusieron los cimientos de toda la normativa municipal.

Me pilló la formación de la ley de bases del régimen local, que es del 85, que consagra el nuevo municipalismo y que sigue vigente, aunque con modificaciones. Participé en su elaboración y también iniciamos la ley de Castilla y León, lo que pasa que no vi su aprobación. Y no era fruto de estudios sino de conocer esa realidad. Hubo muchos debates sobre el concejo abierto, las mancomunidades, las comunidades de villa y tierra históricas,… y a partir de eso se redactó la ley regional. 

Y tres décadas después se reclama todavía la segunda descentralización. ¿Es necesario dotar de más autonomía a los ayuntamientos?

Por supuesto. Sigue habiendo un problema muy importante. España es un país de los más descentralizados del mundo. ¿Cómo se mide esto? En función de la participación de los gobiernos territoriales en el gasto público total no financiero de la nación. Sobre cien, los municipios tenemos un 13,5% del gasto público total nacional y estamos estancados ahí desde 1979. 

¿Por qué?

Ahora el Estado apenas está en el 45% de ese gasto. Lo que pasa es que la descentralización ha ido en favor de las comunidades autónomas. Hoy el verdadero poder de gasto, que es el poder de hacer políticas públicas, está en ellas. La sanidad y la educación son las grandes competencias autonómicas. Y realmente ahí es donde va el gasto. Pero hay otra política que transciende a la gente, que es la del día a día y se refleja en los servicios básicos de las ciudades. Esas competencias son municipales, pero no hay suficientes recursos para hacerlas bien. Aunque lo estamos haciendo muy bien los municipios durante estos años porque las ciudades y pueblos han mejorado increíblemente. Eso implica un gran esfuerzo y con poco (13,5%) se ha hecho mucho.

¿Están bien los grandes servicios?

Han decaído mucho. Primero con la crisis del 2008, después con la pandemia y ahora la guerra. La prueba es que hoy todos miramos la sanidad y vemos que es buena, pero que está en declive. Y también vemos problemas en la educación. Y, sin embargo, vemos el transporte o la Policía Municipal y coincidimos en que está bastante bien. Han decaído mucho menos los servicios municipales.

Al ser la administración más cercana, ¿tiene más flexibilidad normativa? ¿Ha sido un reto la adaptación normativa a las exigencias de la pandemia?

Los ayuntamientos tenemos una ventaja, que se acrecienta en las crisis, y es la proximidad. Somos la administración más próxima. Pero no es solo una cuestión física, es la capacidad de escuchar, de captar las demandas y expectativas de los ciudadanos. Y cuando sabes lo que la gente necesita, haces mejor las políticas y diseñas mejor las soluciones. 

¿Y ha sido así?

Hemos sido más resistentes en la crisis y se ha visto a alcaldes ir ellos mismos a repartir las mascarillas o fumigar las calles. A mí me pilló la declaración del estado de excepción en Panama. Y para firmar la declaración del estado de excepción tuvo que ir la Policía Municipal a mi casa porque realmente no teníamos solucionado el problema digital.

¿La pandemia sirvió para acelerar la administración electrónica?

A todas las administraciones nos pilló a medio camino la digitalización. Llevamos bastantes años con leyes y avances, pero no completos. Todavía había muchísimo por hacer. Y en un año avanzamos más que en 20 por la necesidad. Y esto también lo hicimos mejor los ayuntamientos. Cuando se modifica la ley para avalar los plenos digitales, nosotros ya los estábamos haciendo porque no podíamos esperar. Tuvimos que improvisar y esa reforma legal nos dio seguridad jurídica.

¿Ayudó también la reforma del reglamento de régimen interno?

Aquí llevamos tiempo trabajando en los reglamentos internos. Mi labor principal ha sido tratar de agilizar una administración demasiado pesada y burocratizada. Hay un problema de entender lo que es la ley y separar lo que exige, como garantía al ciudadano. Y, sobre todo, que se respeten los tiempos: no puede ser que tarden meses en darte una autorización, la gente no puede esperar. Esta es la mayor preocupación que yo he tenido desde hace muchos años, desde que en el 96 empecé con un reglamento mucho más ágil. Pero llegó la pandemia, cada uno estaba en su casa, y había que resolver el problema y agilizarlo todo. Las crisis siempre generan innovación.

Hablando de crisis. En este periodo, en el que ha coincidido con tres alcaldes, ha tenido que informar asuntos complejos. ¿Ha habido momentos difíciles por ejercer ese contrapoder?

No somos un contrapoder, ni controladores. En primer lugar, somos asesores en materia de legalidad. Es evidente que tenemos la responsabilidad de que la ley se aplique bien y que se busquen opciones, razonables y legales. La labor del secretario es cooperar y ayudar a que lo que quiere un alcalde se pueda lograr por un buen camino. Un buen secretario nunca cierra puertas porque si lo hace abre otras. Hay siempre un cauce en la ley, bien interpretado.

¿Ha vivido mucho esa situación?

Entré con Tomás Rodríguez Bolaños, al que apreciaba mucho, pero en esa etapa fui oficial mayor y trabajaba más con los concejales. Como secretario general he coincidido con Javier León de la Riva y Óscar Puente. Y he tenido la enorme ventaja de que han sido siempre muy respetuosos. Y yo, a su vez, nunca les he dicho en términos absolutos esto está bien o mal porque no soy quien para ello. Es muy importante que te pregunten antes, que haya diálogo, que no puede ser que lleguen cuando todo está decidido, tiene que ser al principio. En toda mi carrera profesional nunca he tenido un choque con un alcalde. Nunca he tenido que plantarme, ni a mí me han tenido que decir nada de ese tipo. 

¿Ha contribuido a eso su faceta de investigador  y docente?

En el Ayuntamiento, más allá de mi figura, se han respetado bastante las leyes y las normas; ha existido bastante separación y, a la vez, colaboración. Cada uno en su papel. El político está para decidir, escuchar a la ciudadanía y aplicar su programa; y el funcionario está para poner el cauce, advertir y tratar de que las cosas vayan lo mejor posible. Aquí nunca hemos conocido enfrentamientos que sí que se dan en otras administracioneslocales. Yo me he esforzado en consolidarlo como un capital de la organización, no como algo que es de una persona, sino que se ha introducido en el ADN para siempre. 

¿Y cómo se consigue?

Si investigas, estudias, tienes un prestigio y, sobre todo, si formas, si transmites conocimiento a tus compañeros. Estoy muy satisfecho de haber dedicado parte de mi tiempo a preparar a los funcionarios y ayudarles a resolver los problemas. La puerta de mi despacho siempre ha estado abierta. 

¿Seguirá activo en su faceta investigadora y educadora?

Ahora voy a tener más tiempo para escribir y para hacer muchas cosas. Antes de Navidades acabaré un libro específico del derecho municipal de Centroamérica y la República Dominicana. Visito habitualmente este continente y creo que podré acabar un tratado del derecho municipal iberoamericano.

¿Cómo surgió esa conexión?

Para cualquier español Iberoamérica es una atracción importante. Muchas veces se ha menospreciado la enorme labor que España hizo en el continente. Es muy reciente la separación de los caminos y nunca ha llegado a ser total. Y entre otras cosas se transmitió el derecho, el municipio,… Eso está en la base y luego vienen las casualidades de la vida. En el año 2000 me pidió el alcalde que fuera a Venezuela a dar unos cursos y allí empiezo.

¿Ese municipalismo está todavía haciéndose?

La historia reciente empieza en los años 80, lo mismo que en España. Hay un paralelismo muy grande y España ayudó mucho a generar un nuevo municipalismo. Lo que pasa es que nosotros hemos avanzado mucho por el contexto europeo y allí no. Entonces hay que ayudar, pero también aprender. Yo empecé y, de repente, me enamoré de las posibilidades que había en aquellos países.

¿Y de la política? 

La política es totalmente necesaria. A mí me gusta más que nada, entre otras cosas porque sin un contexto político no se pueden analizar las leyes. La política es lo más importante que hay, pero no se reduce solo a las batallas entre los propios partidos. Y lo que más respeto son los alcaldes. Yo tengo un lema para resumir la administración local en dos palabras: ley y alcalde.

Personalmente no he sentido la tentación de entrar en la política por el tema del funcionamiento interno de los partidos. Era horrible y sigue siéndolo, no hemos avanzado nada. Y eso es lo que a la gente le provoca rechazo, no la política o los políticos.