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El club del séptimo arte

Óscar Fraile
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Más de 300 socios integran el cineclub Casablanca, un colectivo autogestionado que alquila salas en Valladolid para proyectar cada lunes cine de autor que no suele llegar a las carteleras más comerciales

José Luis Cano de Gardoqui presenta la película japonesa ‘El teléfono del viento’, una de las últimas proyectadas en el Broadway para los socios del cineclub. - Foto: J. Tajes

«Lo fundamental es la experiencia de ver una película en grupo a oscuras, y eso está desapareciendo (...) Me resulta algo triste el imperio de las pantallas pequeñas, mucha gente ve películas en el ordenador, y eso es otra cosa.  Ver una película es entrar en un mundo a oscuras, sin teléfonos que suenen, sin nada alrededor, sin nada que puede romper esa experiencia». Estas palabras del director David Lynch resumen parte de la filosofía del cineclub Casablanca, formado por un grupo de aficionados al celuloide que, de trimestre en trimestre, alquila alguna sala en Valladolid para disfrutar una vez a la semana de esa liturgia que supone entrar en esa caja de sueños. Son, de algún modo, románticos que se resisten al avance de las plataformas digitales. Aficionados que disfrutan del cine de autor, ese que rara vez asoma por las carteleras comerciales y, si lo hace, desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

Este cineclub acaba de cumplir siete años y acaba de finalizar la programación correspondiente al cuarto trimestre de este año, que ha incluido seis películas: Nunca volverá a nevar, El teléfono del viento, Suspense, Letters to Paul Morrissey, El extraño viaje y El Apartamento. Todas proyectadas los lunes en los cines Broadway.

Aunque su 'cuartel general' no han sido siempre estas salas. En los primeros meses se instalaron en los Casablanca (de ahí el nombre del cineclub) y poco después se trasladaron al Manhattan, donde han estado hasta el inicio de esta pandemia, cuando pasaron al Broadway.

De izquierda a derecha, Carlos Sáez, Pedro Javier Salado, Ángel Codesal y José Luis Cano de Gardoqui, cuatro de los cinco fundadores del cineclub.De izquierda a derecha, Carlos Sáez, Pedro Javier Salado, Ángel Codesal y José Luis Cano de Gardoqui, cuatro de los cinco fundadores del cineclub. - Foto: J. TajesUno de los impulsores de este colectivo es José Luis Cano de Gardoqui, antiguo director de la Cátedra de Historia y Estética de la Cinematografia de la Universidad de Valladolid. «Siempre tuve la idea en la cabeza», reconoce. Su referencia para dar los primeros pasos fue el colectivo Letras del Cine, otro cineclub dirigido por entonces por Ángel Codesal, quien también se unió al proyecto de Cano, junto a dos de sus alumnos más aventajados: Pedro Javier Salado y Carlos Sáez. El quinto miembro del equipo fundador fue el director del cine Arturo Dueñas, recientemente nominado al Goya al mejor cortometraje, aunque años después abaldonó la gestión del cineclub por falta de tiempo.

Cuando los cinco se pusieron manos a la obra, una de sus primeras decisiones fue visitar a los responsables del cineclub Calle Mayor, en Palencia, que tiene casi 60 años de trayectoria. Una vez que se empaparon de valiosos consejos para seguir este modelo, el siguiente paso fue la captación de socios. «Creamos una lista de correo a la que la gente empezó a apuntarse y establecimos un mínimo de 80 personas para empezar», recuerda Salado. Y en solo una semana los tenían. «Funcionó el boca a boca y, sobre todo, Facebook», añade.

Cuando se confirmó el cine Casablanca como primera 'sede', tocó hablar de la programación. Una decisión de la que intentaron hacer partícipes a los socios en las primeras semanas, mediante la votación de una serie de opciones, pero la escasa participación hizo que al final fueran ellos los que eligieran las películas. «Nuestra idea era programar las que no se hubieran estrenado en Valladolid o aquellas que, pese a haberse estrenado aquí, hubieran pasado desapercibidas», explica Cano. Y siempre manteniendo un compromiso de calidad las obras. Su apuesta es el cine de autor, aunque no renuncian a clásicos del que en determinados momentos se cumplan un aniversario.

Acceso a una de las películas.Acceso a una de las películas. - Foto: J. TajesY así se han mantenido durante los últimos siete años, con programaciones tres trimestres al año, ya que durante el verano el cineclub no tiene actividad.

Cuota de los socios. Así, los socios pagan unos 30 euros al trimestre para ver unas diez películas (son cifras que pueden varias ligeramente). Es decir, unos tres euros por película.

Cuando el 'comité de expertos' decide las películas, entra en acción el trabajo de Codesal, el encargado de contactar con las distribuidoras y pagar los derechos de distribución para hacerse con una copia. A veces con un contacto directo y otras, mediante una gestora de derechos.

Ese es uno de los gastos que tienen que soportar, además del alquiler de las salas. Todo se cubre con las cuotas de los socios, que a finales de este año eran 327, aunque han pasado más de mil personas por el cineclub desde su creación. «Estamos completamente autogestionados», dice Salado.

La actividad del cineclub Casablanca va más allá de la mera proyección de películas, aunque siempre está ligada al cine. Así, han organizado ciclos en la Casa Museo de Zorrilla, otros en la UVa, han colaborado con la Fundación Municipal de Cultura y con otros colectivos, como Fundación Intras, CreaVa y la Asamblea Ciclista. Se trata, en definitiva, de convertir esta pasión en un acto social.

De hecho, tras cada proyección, que siempre son en versión original subtitulada, se abre un debate entre los asistentes para comentar aspectos técnicos de la película y cosas que hayan llamado la atención a un público muy variado, aunque cada vez más joven. «Nuestra intención es educar y formar a través del cine», asegura Salado. Y a partir de ahí se crean vínculos personales que a veces han terminado en duraderas amistades.

El cineclub Casablanca, después de tres meses intensos, volverá a tomarse un respiro para regresar con más fuerza en 2022 y para hacer buenos los versos de Luis Eduardo Aute: «Cine, cine, cine, más cine, por favor; que todo en la vida es cine y los sueños, cine son».