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La sombra de los criminales

Charo Barrios
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Manuel Ríos San Martín publica 'Donde haya tinieblas', una reflexión sobre el mal, la religión, la vida y las mismísimas redes sociales

La sombra de los criminales

Cada vez que hablo con un escritor de novela negra pienso: no nos cansamos de las tramas en torno a asesinatos. Manuel Ríos San Martín lo sabe, pero no conoce la razón. «Si estas tendencias pudieran controlarse escribirían las novelas los bancos o los fondos de inversión». El lector es impredecible y las tendencias van cambiando con los años. En su «defensa» añade que él empezó a escribir thriller antes de que estuviese tan de moda. Ha tenido suerte. 

Publica Donde haya tinieblas (Planeta), una reflexión sobre el mal, la religión, la vida y las redes sociales escrita en pleno confinamiento, un relato que enhebra varios crímenes tan crueles como elaborados; alguien diría rebuscados.  Lo hace para retar al lector, y para hablar de temas que le apasionan. La investigación mantiene el interés, pero al fondo puedes hablar de prehistoria y violencia ancestral, como en su novela anterior, La huella del mal, o de simbolismo religioso y de pecado, como en esta.

De ahí que nos lleve a la Ermita de la Virgen del Ara, en Badajoz (una nave con pinturas espectaculares en la bóveda), a San Juan de la Peña, en Huesca, y a Nuestra Señora de Aránzazu, en Guipúzcoa. Buscaba una determinada simbología religiosa en cada uno de ellos. Y, además, que fuesen espectaculares. 

Esta elección de escenarios nos invita a pensar sobre el hecho, innegable, de que cada día que pasa, la religión pierde peso en nuestras vidas, pero sigue siendo fuente de inspiración imbatible. En el caso que nos ocupa, los crímenes y esos escenarios están estrechamente relacionados: «No es por sorprender al lector, que también, sino es fruto de una reflexión más compleja, de una teoría detrás de lo que acontece». 

 

Vivir cada día

No obstante, lo dicho, este policiaco contiene reflexiones muy de nuestro día a día, mezcla un ambiente muy cotidiano y reconocible con una trama más compleja y difícil que ocurra. Pero es importante llamar la atención del lector entre tanta oferta, sorprenderlo, descolocarlo. Y a Ríos San Martín le gusta rodear al policía protagonista de una cierta vida familiar; esa es la realidad, la mayoría tenemos que compaginar trabajo y familia, y no es sencillo. 

Entre lo muy real, el uso de las redes sociales y la presencia de los haters. El mal de nuestro tiempo. En la novela se habla de que hay dos modos de entender la religión y la vida: los que prefieren el perdón y la misericordia o los que se quedan con el castigo y el pecado. «Los haters son de estos segundos, pero con cuenta de Twitter». 

Respecto a las redes, a los que tenemos cierta edad nos sorprende esa obsesión por la imagen, por dejar testimonio gráfico de cada paso, por contarlo todo en la corrala virtual. Cierto, la obsesión por la belleza viene casi desde los orígenes del ser humano, lo que pasa es que hasta ahora no hemos tenido tanto tiempo de ocio ni medios tan accesibles. 

Vamos saliendo ya de las tinieblas, esa niebla espesa que Ríos San Martín ha esparcido ante nuestros ojos lectores. Hemos hablado de casi todo… menos del asesino, cuya identidad no vamos a desvelar, aunque sí nos interesa saber en qué medida el autor, su creador, ha de entender (no simpatizar, pero sí conocer) sus razones profundas. 

Obviamente, el madrileño no va a destripar nada, pero cree que aquí va a quedar bien explicado. Es distinto, dice, comprender los motivos del criminal a que te parezcan moralmente bien sus actos. Él cree que en Donde haya tinieblas los personajes están construidos con cuidado y sus actuaciones son coherentes. Incluso un criminal te puede llegar a dar lastima, pero eso no evita que actúe la Justicia. «Me gusta que los personajes sean complejos y tengan luces y sombras». Una mente atormentada es más literaria que una mente feliz, de eso no cabe duda, por eso ha intentado que los policías de la novela sean también interesantes, no por sofisticados, sino por su humanidad. 

Le comento, para terminar, si su condición de guionista televisivo influye en su manera de escribir. Obviamente, no puede separar sus dos facetas. Pero también admite que, para convertirlo en serie, este libro habría que trabajarlo bastante; le faltaría acción y habría que cambiar el arranque y parte del planteamiento. Son dos lenguajes distintos. «Ahora estoy adaptando mi anterior novela y estamos aportando muchas cosas», concluye.