Del césped a la política

M.B
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Del césped a la política

Gilberto Yearwood jugó en el Real Valladolid de 1980 a 1983: «Esas temporadas tienen recuerdos imborrables». Considerado el mejor futbolista de Honduras de todos los tiempos, desde hace un año es diputado de su país

Hace unos años, la Federación de Honduras eligió a Gilberto como el mejor futbolista de su país de todos los tiempos. Líbero, defensa central o incluso medio centro, este futbolista de buena planta jugó en Valladolid tres temporadas, de 1980 a 1983, y nadie olvida su paso por Zorrilla. Él tampoco: «Son recuerdos imborrables, me integré en la vida de Valladolid. Pero no solo deportivamente hablando. Pasar por allí te deja mucha riqueza ya que es de las mejores ciudades en las que se habla el castellano. Culturalmente influyó mucho en mi vida». 
Gilberto Jerónimo Yearwood nació San Pedro Sula, Cortés (Honduras) el 15 de marzo de 1957. Comenzó a jugar en el barrio Suyapa de su localidad natal con un equipo que se conocía como ‘El Alacrán’. Pasó por el Sport Boy y con 16 años fichó por el Real España, con el que ganó tres Ligas seguidas de su país (1974, 75 y 76). En 1977 dio el salto y llegó a España de la mano del Elche. Por entonces ya había despuntado en un Premundial juvenil, en el que se midió a la México de Hugo Sánchez, clasificando al combinado Catracho para ese Campeonato del Mundo.
Tres años después recibió la llamada de Gonzalo Alonso y Ramón Martínez. «Parecía que me quería el Real Madrid, pero estaban esperando a ver si me podía naturalizar. Ocupaba plaza de extranjero y Valladolid, Zaragoza, Betis mostraron interés. El Valladolid se llevó el gato al agua», recuerda de entonces Gilberto desde Honduras.
«El fichaje le supondrá al Valladolid un desembolso de 31 millones de pesetas (unos 186.000 euros), a pagar de la siguiente forma: nueve millones en el momento de efectuar la operación; ocho, antes del 30 de junio, y catorce, en la próxima temporada. El club castellano no dispone de estas cantidades y ha solicitado ya la colaboración de los socios para afrontar la operación», señalaba por entonces el periódico ‘El País’ con la llegada de Gilberto a Zorrilla.    
Con el dorsal 5 a la espalda jugó 64 partidos en Primera con la zamarra blanquivioleta, 58 en las dos primeras temporadas y 6 en la tercera: «Me lesioné en Valencia; me hice la triada y me operó el doctor Noriega, al que aprovecho para saludar». La siguiente campaña salió cedido al Tenerife y luego el Celta, con el que ascendió a Primera.
En Valladolid dejaba muchos recuerdos y amigos, Borja, Toño, Moré, Santos, Minguela, Rusky, Fenoy... «todos los compañeros». Mantiene contacto con Ramón Martínez y recuerda que no ha vuelto a Valladolid desde los fichajes de sus compatriotas Guevara y Pavón, en 1995 y 1996, respectivamente, aunque es un hincha más del Pucela desde la distancia: «Guardo ese cariño imborrable».
Del Celta volvió el Elche y en 1987 regresó a su país, donde jugó en el Real España, Motagua y Olimpia, donde se retiró en 1994: «Tras jugar con la selección lo dejé. Olimpia quería que siguiese jugando, pero lo pensé. Mejor retirarme cuando aún puedes estar en la fiesta, no quería irme obligado».
A partir de ahí, junto a Ramón Madariaga, pasó por el banquillo de la selección de Honduras, en las eliminatorias para los Mundiales de 1998 y 2002; y de Guatemala, en el intento de clasificación para el Mundial de 2006;y él mismo dirigió al combinado de Honduras en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008; al Motagua, siendo campeón de la Liga de su país;al Marathon, al Atlético Olanchano también hondureños; al Dragón de El Salvador; o al Real Motagua, al Xinabajul y al Sacachispas de Guatemala.
En 2017 se presentó a las elecciones con el Partido Nacional, el que gobierna en el país, para diputado por el departamento de Cortés. Salió en enero de 2018. 
«Es totalmente diferente, aunque el haber sido jugador de fútbol te da una introducción. La gente te conoce, quién eres... Tengo como ciudadano una gran responsabilidad», señala. Le quedan tres años en el Congreso Nacional y no tiene pensado dejarlo pese a que le llamase la selección. Del césped a la política. 

Una lesión le impidió fichar por el Madrid

Gilberto destacaba por su imponente planta y por un lanzamiento duro y seco, que complicaba la existencia a los porteros. Llegó al Real Valladolid en 1980 cuando le quería el Real Madrid. No fichó finalmente por los blancos por una inoportuna lesión en su tercera temporada en el equipo pucelano, en un encuentro en Valencia, que acabó con el libero con una triada, teniendo que pasar por el quirófano. Había sido el mejor de su selección en el Mundial de España de 1982, en el que Honduras llegó a empatar con la Roja (1-1) en el estadio Luis Casanova de Valencia.