Histórica y monumental

Jesús Anta
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Plaza de San Pablo

Histórica y monumental - Foto: Jonathan Tajes

Es la gran plaza del Valladolid histórico y monumental.  Fue el epicentro de un imperio que tenía puesta la bandera de España en todos los puntos cardinales del planeta. 
A esta plaza están unidos los últimos Austrias: Felipe II y IV nacieron  en sendos palacios de la plaza: el de Pimental y el Real respectivamente; y el III asentó aquí la Corte entre 1601 y 1606.
Difícil es decir cuál de todos los edificios que la circundan es el principal, pues aunque, sin duda, el Palacio Real ocupa  todo un lateral, el icono monumental de la iglesia de San Pablo es una de las postales de la ciudad, sobre todo acompañado de la perspectiva que ofrece la calle de Cadenas de San Gregorio.
La plaza está presidida por un Felipe II en bronce con aire de emperador romano: una reproducción a mayor escala del original de los escultores Leoni  conservado  en el Museo del Prado. Se instaló en 1964. Y un gran cedro del Líbano plantado hacia 1880 sirve de guardaespaldas a la escultura.
Ahora vemos edificios aparentemente inconexos entre sí en razón de sus diferentes épocas y estilos de construcción, pero cuando este era el epicentro del imperio, algunos historiadores han descrito la plaza como un gran pulpo cuya cabeza era el Palacio Real del que salían una especie de tentáculos (discretas pasarelas aéreas) que comunicaban con el llamado Salón de los Saraos –es decir, de las fiestas- (que estaba en la parcela sobre la que se construyó el colegio de El Salvador), el convento de San Pablo, el palacio de los Benavente (actual Biblioteca de la Junta), y este, a su vez, con el embarcadero del Pisuerga frente al palacio de la Ribera, en la otra orilla.
 A medida que los reyes dejaron de usar este edificio,  el palacio sirvió para otros servicios públicos hasta que en 1876 pasó al entonces Ministerio de la Guerra.
Es tarea imposible resumir  todas las modificaciones exteriores e interiores que ha sufrido el edificio. Pero sin duda merece ser conocido, cosa que se puede hacer mediantes visitas guiadas que organiza el propio palacio.
Fray Juan de Torquemada, fraile culto y conciliador, tío del inquisidor Tomás de Torquemada, comenzó en 1445 a rehacer desde los cimientos el antiguo convento de los dominicos que se había ido levantando desde finales del XIII a partir de una donación de Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio.  El arzobispo de Palencia, Fray Alonso de Burgos, y más tarde el Duque de Lerma, fueron acrecentando el edificio de San Pablo, cuyo resultado final es la espléndida  fachada  que ahora vemos.  Arquitectos importantes como Diego de Praves y Simón de Colonia han dejado su firma en el mismo. 
Del palacio de los condes de Ribadavia, que también se conoce como palacio de Pimentel,  sede de la Diputación de Valladolid, que hace esquina con la calle Angustias, podemos comentar que su último propietario fue Mariano Miguel de Reynoso Abril, que lo vendió a la Diputación en 1875. Miguel de Reynoso,  un prócer y rico hacendado vallisoletano, lo fue todo en política: alcalde y presidente de la Diputación, senador, diputado y ministro de Fomento en 1851.  Durante un tiempo, el tramo de la calle de las Angustias frente a la Diputación llevó su nombre.
Duro encargo recibió el arquitecto Teodosio Torres cuando en 1902 tuvo que construir el Instituto Zorrilla habida cuenta del entorno tan monumental en el que se enclava. Mas, salió airoso marcando una clara personalidad al edificio mediante el uso del ladrillo, un aire clasicista y  la verja de cerramiento del solar. 
La última referencia de la plaza la tenemos en el antiguo Colegio de El Salvador, que cerró sus puertas en 2003. En sus dependencias estuvo la cuna del rugbi vallisoletano a raíz de que el padre Bernés, francés, durante su estancia en Valladolid en la década de 1960, además profesor del colegio, creara el primer equipo de rugbi de la ciudad.
Sin duda la plaza de San Pablo merece ser repensada, sobre todo si finalmente en el Salvador se instalan las nuevas dependencias judiciales, de tal forma que adquiera un aire más señorial y al mismo tiempo facilite la celebración de eventos lúdicos y culturales.