Cocina castellana para curiosos

Manuel Belver
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"Nos gusta la cocina tradicional con otro traje", señala Teo Rodríguez

Cocina castellana para curiosos - Foto: TEO SANCHO

Solo su nombre ya tiene una historia de por sí. Porque Trasto Restaurante era en sus inicios Trasteo, o mejor dicho Tras Teo. Pero a los seis meses de su apertura tuvieron que cambiarlo: «Cuando abrimos, en julio de 2016, vimos que había una Taberna Trasteo en Zahara de los Atunes, y nos pusimos en contacto con ellos para explicarles que el nuestro significaba tras Teo. No tuvimos noticias hasta que a los seis meses nos mandaron un mensaje informándonos de que su nombre ya estaba registrado. Nos volvimos a poner en contacto, les explicamos e incluso pactamos un día para vernos, pero nos enviaron un burofax y decidimos cambiar el nombre».Desde entonces, la cocina de Teo Rodríguez, la del Trasto, no solo se ha asentado en Menéndez Pelayo, esquina con calle Santa María, sino que ha ido recibiendo reconocimientos, como el Sol de la Guía Repsol o El Plato Michelin. 
Detrás del Trasto está Teo Rodríguez con un equipo de nueve personas, cinco de ellas en cocina. Sus inicios se remontan a un negocio familiar, situado en la A-6 a la altura de Vega de Valdetroncos: «Los clientes que iban por allí de Valladolid nos decían que por qué no abríamos en la ciudad y como yo vivía cerca al final nos decidimos por este local». Con un perfil, como él mismo dice, autodidacta, se vio entre fogones casi por obligación: «Estaba estudiando Turismo cuando me vi obligado a echar una mano en la cocina. Por entonces no sabía ni freír un huevo». De aquello han pasado quince años y muchos recorridos (stage) por restaurantes de costa e interior. Bromea pensando cómo ha sido su evolución: «El cubo de basura era mi mejor cliente con tanta prueba-error».
Y así surgió Trasto y una cocina viajera: «Queríamos salir desde Valladolid, ir a muchos sitios y volver». Sin querer hablar de cocina fusión, reconoce que sí fusionan recetas de diferentes lugares para unirlas con la provincia. Aunque con el paso del tiempo han ido cambiando: «Ahora los viajes son más bien excursiones». Porque su tendencia es la de conservar las recetas tradicionales, las castellanas, con otro traje. Como dicen en su web: cocina para curiosos. «Hablamos de cocina tradicional con otro toque, no vanguardista, sino con otro traje», apostilla.
Por ejemplo, la sopa castellana es uno de sus platos estrella. Pero en un primer vistazo nadie diría que se trata de una sopa castellana. La presentación es diferente, no así su sabor. «Nos gusta también el producto de temporada. Como el bonito y las pochas ahora. ¿Las pochas nos preguntan? Es de verano, respondemos», relata Teo mientras piensa en octubre, en el otoño, donde llegará la caza, las setas... «quizá la mejor época del año. Nos encanta que la gente unte en los platos, apostamos por ello, por la cuchara».
Con capacidad para unos 85 comensales entre la zona de mesas altas y la del restaurante propiamente dicho, abren de lunes a sábado, y cuentan con un menú a la carta por 38 euros; otro degustación, por 50;y un receteo, de lunes a viernes, por 17,95 con cuatro platos (medias raciones). «Al principio salimos con dos menús degustación pero pronto nos dimos cuenta de que esta ciudad no está preparada para ello y metimos una carta, aunque seguimos conservando esos menús», apunta.
«En la cocina está todo inventado, aunque yo soy de los que piensan que hay dos tipos: la buena y la mala. Y para llegar a tu objetivo puedes dar muchas vueltas, pero tu objetivo es llegar», señala mientras asegura que en su trastienda se usa nitrógeno u otros nuevos trucos, pero que buscan algo mucho más sencillo: que sea cocina tradicional, que los sabores recuerden, como empezó a hacer en Los Palomares, en ese área de servicio en una autovía hace unos años y ahora realiza en pleno centro de Valladolid.