La dimisión de Theresa May y el futuro del Brexit

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Theresa May está contra las cuerdas. Mucho se ha especulado durante las últimas semanas sobre la posibilidad de que la primera ministra pudiera anunciar su dimisión, forzada por las presiones de las voces más críticas con su gestión del Brexit, pero parece que en esta ocasión la líder del Partido Conservador se encuentra en un callejón sin salida y que, según publicaban ayer la gran mayoría de los tabloides británicos, al menos 11 de sus ministros estarían a favor de empujar a la premier a una salida en el Consejo de este mismo lunes. La decisión pasaría por ubicar al frente del Ejecutivo a un hombre de paja que fuera capaz de renegociar con Bruselas una posible prórroga para llevar a cabo la salida y, de esta manera, ganar tiempo para poder mejorar el planteamiento que May pretende ejecutar a toda costa.

La manifestación del pasado sábado en Londres, que aglutinó en las calles a un millón de personas que exigía continuar en la UE y dejó patente el sentimiento de hartazgo que existe entre la ciudadanía, no ha hecho más que echar gasolina a un fuego que de por sí ya se había avivado en el último mes, con las decisiones tomadas por una primera ministra que ha sufrido el desgaste de una negociación doble, tanto dentro como fuera de Reino Unido, y que ha dejado sobre el tapete un sinfín de dudas y ha generado incertidumbre en su país.

Algunas fuentes conservadoras admitían que el ministro de Economía, Philip Hammond, habría podido dar luz verde al plan para forzar la dimisión de May, aunque él mismo se encargó de negarlo horas después en la televisión. Sin embargo, lo que sí adelantó es que está casi descartado que se celebre una tercera votación del Brexit esta semana, ya que, como todo apunta, el plan de la premier sufriría un nuevo rechazo. Ahora parece que el debate se va a centrar en la posibilidad de cambiar la hoja de ruta, analizando la posibilidad de cambiar el paso y plantear un Brexit mucho más duro, convocar un segundo referéndum o, algo que parecía impensable pero que ha ido cobrando fuerza en las últimas semanas, renunciar a la salida de la UE y continuar de la mano de Bruselas.

El fantasma de un segundo referéndum suena cada vez con más fuerza, igual que la posible salida de Theresa May. El mismo Hammond dejó ayer abierta la primera posibilidad, que reclamó el millón de personas que se movilizó el sábado, pero que irrita cada vez más a un nutrido grupo de euroescépticos que considera que esa decisión, la de salir o quedarse, se tomó ya en su día y que el Brexit se va a llevar a cabo aunque suponga un coste económico tan brutal para el Reino Unido y sus ciudadanos.