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El alumno vence al maestro

Santiago Aparicio (EFE)
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Alcaraz derrota a Nadal en Madrid (6-2, 1-6 y 6-3), pese a una aparatosa caída en la que se torció el tobillo, para citarse en semifinales con Djokovic

El alumno vence al maestro - Foto: JUAN MEDINA

Tal y como confió en la víspera después de una victoria solvente ante el británico Cameron Norrie, a la tercera fue la vencida para Carlos Alcaraz, que echó del Mutua Madrid Open a Rafael Nadal para acceder a las semifinales del torneo.

El tenista de El Palmar tiene prisa. Y hace tiempo que con desparpajo y el atrevimiento de juventud irrumpió en el circuito sin pedir permiso. De pronto, con rotundidad, a salto de mata.

No pudo con la motivación y el empuje de Alcaraz ni Nadal ni el traspié que sufrió al inicio del segundo set, que le condicionó y que le dejó noqueado durante la segunda manga. Volvió enérgico y desinhibido en el tercero, el definitivo, para poner las cosas en su sitio, donde estaban y ganar el partido.

El alumno vence al maestroEl alumno vence al maestro - Foto: AFP7 vía Europa Press

Y es que tiene entre ceja y ceja este chico de diecinueve años recién cumplidos la ganancia de un espacio entre los elegidos del circuito. Va a base de récord Alcaraz que llegó a Madrid como noveno del mundo, su mejor posición en el ránking, y saldrá, como mínimo, en el séptimo lugar de la clasificación ATP.

Amenazaba ya el murciano con derribar más pronto que tarde en un partido a Nadal. En convertirse en el primer joven en vencer al balear en tierra y en poner punto y final a la racha de veinticinco victorias seguidas del ganador de veintiún Grand Slam ante rivales españoles.

Dos registros más que acapara el de El Palmar, atrevido, osado en la pista y con desparpajo para desarrollar su mejor encuentro en lo que va de torneo.

Alcaraz se convirtió en el semifinalista más joven en la historia del Mutua Madrid Open después de no pararse a pensar en el trayecto en el que se encuentra Nadal, sumido en un período aún de puesta a punto. De búsqueda de su nivel óptimo después de seis meses alejado de la competición por una fisura costal pero con la mirada puesta en realidad en Roland Garros, su auténtico objetivo.

Sin desechar el lustre y la repercusión de Madrid y Roma, Nadal tiene París entre ceja y ceja. Sufrió para sacara adelante el choque de octavos contra David Goffin y no pudo con el empuje de Alcaraz, más metido en el partido, en la temporada y en plena ebullición.

La segunda derrota de la temporada del balear, que solo había perdido ante Taylor Fritz en la final de Indian Wells, la provocó el jugador con más victorias de la temporada. Veintiséis suma ya Alcaraz que se reencontró con Nadal después de la semifinal infernal de Indian Wells, azotada por un indomable viento y también un año y un día después de la primera, en este mismo escenario.

Entonces Alcaraz llegó como invitado. Con la timidez y el talante apocado de un menor que quiere jugar con los mayores. Con tratamiento de usted hacia los rivales. Ahora es otra cosa. Instalado entre los mejores del mundo, con un bagaje envidiable para su edad y apetecible para veteranos: cuatro títulos, entre ellos un Masters 1000.

La quinta victoria seguida ante un 'top ten' la cimentó desde el principio. Confiado en la victoria, imparable durante 71 minutos, solo estuvo en cuestión su dominio cuando sufrió la caída en el tercer juego del segundo set. Cayó con estrépito, se dobló el tobillo derecho. Tuvo que ser atendido por el médico de pista que le cubrió el pie con un llamativo vendaje. Fue ahí cuando decayó. Con la dolencia en la mente aflojó. Nada tenía que ver con el vendaval del principio. Y Nadal lo aprovechó.

Está curtido en mil batallas el balear que no dejó pasar el tren. Necesita horas de juego para encontrar la forma que pretende. Ganó el parcial con comodidad ante un adversario que había desaparecido. Con el partido en el aire y al amparo del estado físico de Alcaraz, el choque se reanudó después de que el murciano acudiera al vestuario.

Regresó firme, como nuevo. Dejó la indumentaria verde y apareció de blanco. Retomó el pulso al partido. Veloz de piernas otra vez, fresco y recuperado impuso su juego en el set decisivo que se apuntó con autoridad.

"Es complicado jugar contra Rafa, especialmente para mí porque es mi ídolo. He intentado verlo en cada partido y aprender de él", explicó a pie de pista.

"Después de doblarme el tobillo y pensar que igual no podía saber pensé en dar todo porque no me iba a retirar y me ha hecho sacar todo para ganar el partido", dijo el semifinalista más joven en la historia del torneo.

Ganó a la tercera el murciano en una evidente declaración de intenciones, una advertencia para los mejores. Espera el número uno del mundo. Djokovic, con el que nunca ha jugado.