Una vuelta a los orígenes

M.B
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Una vuelta a los orígenes - Foto: Jonathan Tajes

El atleta Álvaro Rodríguez, el último olímpico vallisoletano, quiere volver a la elite tras un par de años apartado de las pistas por lesiones

Colegio San Agustín (avenida Madrid, 38). Este vallisoletano comenzó en el mundo del deporte y del atletismo aquí, en su colegio de toda la vida, donde estudió desde que tenía uso de razón y hasta 2º de Bachillerato. Su padre, ahora prejubilado, era profesor de Educación Física del centro escolar y allí corrió con su primer club. «Además de las vivencias, gran parte de mis amigos de Valladolid son de allí», señala Álvaro, que recuerda a la perfección el polideportivo, el campo de fútbol y los metros que había entre ambos: «800... se podía llegar a los 1.000 contando los caminos de la entrada».
Pista de atletismo del Centro Especializado de Alto Rendimiento Río Esgueva. Su ‘lugar de trabajo’ en los últimos 15 años. Aquí se ha pasado gran parte del tiempo de su día a día hasta hace un par de años, cuando comenzó su calvario de lesiones que le han dejado fuera de las pistas. Ahora ha vuelto a ella con el grupo de Uriel Reguero. Además, asegura, que ha visto crecer y cambiar esta instalación, ya que cuando él entró en ella no había módulo -ahora centro de referencia- y hace unos años vio como se reestructuraba y ampliaba esa pista exterior hasta las ocho calles.
Pinar de Antequera. De la misma forma que la pista de Río Esgueva, este lugar es uno de sus principales entornos para ejercer su carrera deportiva, donde entrena y entrenaba con habitualidad. «He conocido muchos sitios para entrenar en todo el territorio nacional pero aún no he encontrado un sitio igual para correr», asegura.
Plaza Mayor. «El sitio emblemático de Valladolid», se arranca tajante para contar una anécdota: «El perímetro de la plaza, lo que es por los soportales, es de 400 metros, los mismos que los de una pista de atletismo. Me gustaría organizar una carrera, al estilo de la película ‘Carros de Fuego’, por debajo de esos soportales». Y lanza la idea por si alguien en el mundo empresarial o político la quiere recoger y trabajar junto a él en ella.
Campo Grande. El último deportista olímpico de Valladolid adjetiva a esta zona como el pulmón verde de la ciudad, como lo hacen muchos: «Tener un sitio así en la zona centro que permita salir del urbanismo... además de que es un entorno privilegiado». Para el propio Álvaro Rodríguez, el Campo Grande le trae recuerdos de su infancia, de cuando paseaba con sus padres, del barquero... 
Iglesia de Santa María La Antigua (Arzobispo Gandásegui, s/n). Destaca el valor patrimonial de su ciudad y el gran número de iglesias que tiene, pero se queda con ésta: «Es mi favorita». Asegura que no es un entendido en arte y que quizá no sea la más exuberante de Valladolid, pero sí la más coqueta.
Discoteca Mambo (calle San Felipe, 1). Actualmente este local nocturno está cerrado, pero para él marcó parte de su vida. «Me lo he pasado muy bien allí», reconoce con una sonrisa con cierta picardía. Para él fue un sitio de referencia a la hora de salir con los amigos a tomar algo y reconoce que no se había dado cuenta de lo que le gustaba hasta que se cerró: «Echo de menos ir».
Pasaje Gutiérrez. Esta galería comercial cubierta es uno de sus lugares favoritos por su vitalidad, por su singularidad y su construcción. «Si hay que hablar de sitios bonitos de Valladolid me quedo con éste. Creo que es el lugar del que los vallisoletanos podemos presumir sin dudarlo. Si tengo visita es uno de esos emplazamientos a los que llevo a la gente para que disfruten de él», añade sin dudas.
Estadio José Zorrilla (avenida Mundial 82, s/n). Álvaro Rodríguez, pese a que su deporte es el atletismo, también es futbolero. Y no puede dejar de colocar entre sus lugares favoritos el estadio: «Quizá no sea el más bonito, pero es en el que juega el equipo de mi ciudad y le tengo mucho apego». Asegura que le gustaría acudir en más ocasiones de lo que lo suele hacer y que la llegada de Ronaldo Nazário a la Presidencia del Real Valladolid ha insuflado ilusión entre los aficionados.
Auditorio Miguel Delibes (avenida del Real Valladolid, 2). Amante también de la música (incluso hizo sus pinitos con algún instrumento no hace muchos años), asegura que es un lujo tener este espacio en Valladolid. Y más disfrutar de la música clásica, que es a lo que más acude a este Auditorio. ¿La última? «A ver a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León», responde.