Una mirada solidaria a Guinea Bissau

Óscar Fraile
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Una familia vallisoletana de enfermeros lleva una década viajando cada año al país africano para operar de forma altruista a la población de patologías oftalmológicas derivadas de la alta exposición al sol

El vallisoletano Juan Manuel García (segundo por la derecha), en una de las intervenciones en Guinea Bissau.

Además de ser uno de los países más pobres del mundo, Guinea Bissau se caracteriza por tener altas temperaturas durante todo el año. Una media superior a los 25 grados y muchas horas de exposición al sol para sus más de dos millones de habitantes. Si se tiene en cuenta que los niveles de protección e higiene también son muy mejorables, el resultado es una alta incidencia de enfermedades oftalmológicas.  Desde las clásicas cataratas al pterigion (crecimiento anormal de la conjuntiva sobre la córnea), pasando por el tracoma (infección causada por bacterias) o chalación (grasas irritantes en el párpado).

Para solucionarlo, diversas organizaciones solidarias de otros países realizan campañas regulares para atajar este problema. Una de ellas es Anawim, ONG con sede en Elche que envía cada año a nueve sanitarios, tres médicos oftalmólogos y seis enfermeros, entre los que se encuentran Juan Manuel García, María Antonia del Río y Pablo García. Los dos primeros son enfermeros recién jubilados del Hospital Clínico y el Río Hortega, respectivamente, y el tercero, su hijo, también es enfermero y estudiante de Medicina.

Sus primeras experiencias en el país africano se remontan a hace más de una década. Durante estos años han desarrollado campañas en varias zonas del país. Desde las Islas Bijagós a Sao Domingos, al noroeste, pasando por otras localidades que carecen de cualquier infraestructura sanitaria. Juan Manuel recuerda cómo han tenido que improvisar 'hospitales' desde la nada, encalando las paredes y «tapando los agujeros de los ratones». Sin embargo, en Sao Domingos cuentan con la colaboración del hospital Bacar Mané, que cede sus instalaciones, así como la de una ONG local, que facilita las viviendas donde alojarse.

Juan Manuel García, María Antonia del Río (ambos a la izquierda) y Pablo García (agachado) posan junto a la expedición.Juan Manuel García, María Antonia del Río (ambos a la izquierda) y Pablo García (agachado) posan junto a la expedición.

El trabajo que hacen estos voluntarios allí comienza a fraguarse antes de que aterricen en África, a través de las campañas de difusión en las que colaboran la radio local Kasumai y la ONG local Acción para el Desarrollo. El trabajo de divulgación sigue cuando los sanitarios están en Guinea, con improvisados carteles para hacer un llamamiento a los que quieran revisar su vista y, en su caso, operarse. Y con visitas a las 'tabancas', pequeñas comunidades ubicadas en lugares de difícil acceso. Allí, para bien o para mal, todo va muy rápido. «Mucho más que la Seguridad Social de España», bromea Juan Manuel. Tanto, que si una persona acude a estas consultas y se detecta que tiene cataratas, puede pasar al quirófano a los pocos minutos.

Anawim suele ir a Guinea Bissau a partir de septiembre, justo cuando acaba la época de lluvias, que empieza en mayo. En esos cinco meses la movilidad de la población está muy limitada por el impacto de las precipitaciones en unas infraestructuras muy precarias. Sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de la población se mueve a pie o, en el mejor de los casos, en bicicleta.

Es una parte más de la lucha contra los elementos que tienen que librar estos enfermeros. Otro ejemplo es la falta de suministros. La expedición ha tenido que llevar placas solares con baterías y un generador porque allí ni siquiera está garantizado el suministro eléctrico cuando cae el sol. Antes de partir, siempre hacen acopio del material sanitario que menos ocupa en el equipaje: compresas, colirio, seda para hacer las suturas, etcétera. Todo lo que den de sí los 23 kilos de límite de cada maleta. Una vez en Guinea, compran más material en farmacias de Bissau, la capital. Y todo lo que sobra de una campaña a otra, se guarda allí, al igual que herramientas de trabajo delicadas, como microscopios.

Cartel con el que se anuncia la gratuidad de las intervenciones.Cartel con el que se anuncia la gratuidad de las intervenciones.

Financiación

Ningún guineano tiene que pagar nada por estas intervenciones. La financiación de los viajes corre a cargo de la ONG y de sus socios, que pagan su desplazamiento y la comida. Algunas marcas también ceden su material y otras empresas privadas colaboran, así como entidades públicas, entre las que se encuentran el Ayuntamiento y la Diputación de Valladolid.
Más allá de las dificultades logísticas y presupuestarias, los retos sanitarios que tienen que afrontar allí también son de calado. «En España no se ven las cataratas que se ven allí, son auténticas piedras», señala en enfermero. También es habitual encontrarse con pacientes a los que no se puede tratar porque se han puesto en manos de «brujos» que utilizan hierbas y «otros ungüentos» que aplican en los ojos, con una total falta de higiene. Los daños en esos casos son irreparables.

Pero hay muchos otros que sí tienen margen de mejora con una rápida intervención.Por eso la expedición intenta aprovechar al máximo el tiempo que está allí. Las jornadas comienzan poco después de las 8.00 horas y en algunos casos se prolongan hasta las 22.00, si la electricidad lo permite (en algunos casos han tenido que utilizar hasta linternas); si no, acaban a las 20.00. Solo hay una pausa para comer.
En el último año atendieron a 225 personas y 136 de ellas se sometieron a una intervención quirúrgica. Desde que empezaron a ir hace más de diez años, con la salvedad de 2020, por la pandemia, son más de 2.000 beneficiados por estas expediciones sanitarias.

Más fotos:

Un grupo de pacientes después de pasar por el quirófano.
Un grupo de pacientes después de pasar por el quirófano.
Pablo García somete a un examen de vista a un ciudadano de Guinea Bissau.
Pablo García somete a un examen de vista a un ciudadano de Guinea Bissau.

Ellos lo agradecen como pueden. A veces no tienen otra cosa que ofrecer que una sonrisa y un abrazo. Cuando se puede, llevan a los sanitarios una cesta de frutas. «Una vez nos ofrecieron un cordero; otras, langostinos», recuerda. Todo parece poco para agasajar a esos 'forasteros' que les devuelven la luz. Literalmente. El próximo mes de septiembre comenzará una nueva aventura.