La Audiencia estudia el caso del menor condenado por abusos

D.V. - domingo, 25 de noviembre de 2018
El acusado, natural de Villalón, ya fue condenado por una tentativa de abuso sexual con acceso carnal por vía vaginal

La Audiencia de Valladolid será finalmente la encargada de analizar si mantiene o no la condena a un menor de Villalón que ya fue condenado por un delito de tentativa de abuso sexual con acceso carnal por vía vaginal sobre una amiga, también menor y vecina del pueblo, ocurrido en diciembre de 2017 en dicha localidad.

La vista del recurso de apelación interpuesto por el condenado se celebró este pasado viernes contra la condena dictada por el Juzgado de Menores número 1 de Valladolid, consistente en su permanencia durante ocho fines de semana en un centro, un año de tareas socioeducativas, libertad vigilada hasta su mayoría de edad--cuenta con 17 años--y las correspondientes medidas de prohibición de comunicarse y aproximarse a la víctima, y todo ello junto con el pago a la menor, en concepto de daños morales, de 6.450 euros, según informaron a Europa Press fuentes del caso.

Las acusaciones pública y particular habían imputado un delito de abuso sexual--tocamientos--y otro de tentativa de abusos con penetración vaginal sobre la citada menor ocurridos en casa de ella, cuando el acusado contaba con 15 años y la víctima 16.

Aunque el juez de menores consideró probado que hubo primero tocamientos y luego un intento de penetración vaginal en el caso de la primera de ambas menores, acordó condenar por el segundo de ellos--el más grave--al entender que los toqueteos eran meramente preparatorios para la consecución del último, que absorbería por ello al primero, menos penado.

Los hechos objeto de la presente condena, vista en apelación por la Audiencia Provincial la semana pasada, se remontan a la madrugada del 1 al 2 de diciembre de 2017, fecha en la que el menor condenado, vecino de Villalón y por aquel entonces con 15 años, estuvo de copas con una amiga íntima, también lugareña y de 16, hasta que esta última, debido a la elevada ingesta de alcohol, decidió marcharse a su casa.

Una vez allí, la víctima dijo a su amigo que ya podía irse, aunque éste le respondió que no se iría hasta que se metiera en la cama, de forma que ambos subieron a la habitación de ella, a la que entonces comenzó a realizar tocamientos en contra de su voluntad y a quitarle la ropa, hasta que, dada su embriaguez, perdió el conocimiento.

Semidesnuda en la plaza del pueblo. Horas después la víctima, vestida únicamente con un jersey que no había llevado la noche anterior, se despertó toda dolorida, desorientada y en estado de shock.

Lo primero que hizo fue mandar mensajes de auxilio a distintas amigas y salir de casa medio desnuda para dirigirse a la plaza del pueblo, cuando la temperatura apenas superaba los 5 grados, donde un amigo la atendió y llevó a casa de una tía materna de ella debido a que ésta inicialmente se mostraba remisa a contárselo a sus progenitores, sobre todo a su madre, ya que se hallaba enferma.

Durante el juicio, el condenado negó tajantamente la autoría de los tocamientos, con la particularidad de que otra menor también refirió un hecho similar supuestamente sufrido un año antes durante las fiestas del pueblo pero alegó que había preferido mantenerlo en silencio por miedo.

La condena por lo ocurrido en diciembre de 2017 se fundamentó no sólo en la inalterada versión, carente de contradicciones significativas, mantenida por la víctima desde el principio, sino igualmente en la ausencia de motivo espurio alguno--eran amigos íntimos y ella no deseaba arruinarle la vida--, así como en la existencia de distintas erosiones en su cuerpo--entre ellas un hematoma en una mama--y en los testimonios de distintos testigos a los que contó lo sucedido.

En ausencia de la toma de muestras biológicas sobre la víctima, debido a la negativa inicial de ella misma de presentar denuncia, distintos informes psicológicos también dieron total credibilidad al relato de la denunciante, que sufrió un síndrome de estrés postraumático y ha visto cómo lo ocurrido ha alterado sus ámbitos personal, familiar y escolar, lo que le ha obligado a cambiar de centro educativo para no coincidir allí con el condenado.

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