Trece años y medio de cárcel por violar a su hija de 10 años

D.V. - martes, 27 de noviembre de 2018
La sentencia le impone una orden de alejamiento de la chica durante veinte años y un periodo de libertad vigilada de ocho, una vez salga de prisión

El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha ratificado la condena de trece años y siete meses de prisión a un varón con iniciales J.A.M. por delito continuado de violación sobre su hija, menor edad, cuando ella dormía en su habitación o ambos se hallaban en el salón de la vivienda, aprovechando la ausencia de la madre.

En su sentencia, la Sala de lo Civil y Penal del TSJCyL, con sede en Burgos, desestima el recurso interpuesto por el condenado y confirma en todos sus términos el fallo condenatorio, de fecha 24 de julio de 2018, de la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia de Valladolid, que halló al recurrente autor de un delito continuado de violación en su forma agravada de parentesco, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, según informaron a Europa Press fuentes del Alto Tribunal.

La condena incluía trece años y siete meses de prisión, libertad vigilada durante ocho años que se ejecutará con posterioridad al cumplimiento de la pena privativa de libertad, la prohibición de aproximarse a la víctima, su domicilio o lugar de trabajo a una distancia inferior a 500 metros durante 20 años y, en concepto de responsabilidad civil, el abono a su hija de 100.000 euros por daños morales.

El fallo, ahora ratificado por el TSJCyL, considera como hechos probados que J.A.M. convivía con mujer y la hija de ambos, y que cuando la pequeña contaba con entre 10 y 12 años el acusado adoptó la costumbre de entrar varias veces durante la semana en su habitación cuando ésta dormía y le efectuaba tocamientos en los pechos y en la zona genital, unas veces por encima de la ropa y otras introduciendo la mano dentro de la misma.

Asimismo llevó a cabo dicho tipo de tocamientos en otras ocasiones, en jornada de tarde, en el sofá del cuarto de estar, cuando la niña y su padre se encontraban solos en el domicilio.

Durante el verano de 2016 la conducta del acusado se intensificó hasta el punto de que entraba casi a diario en la habitación de la menor para realizarle tales tocamientos. Cuando ella se despertaba se oponía a la conducta del padre intentando apartarle la mano y pidiéndole que la dejase.

Ante ello unas veces el condenado le decía que era su padre, otras veces se marchaba volviendo en alguna de ellas y en otras ocasiones la sujetaba fuertemente de los brazos o de las manos para poder llevar a cabo los tocamientos que pretendía.

Un día, en el transcurso del verano del año 2016, entró el acusado en el dormitorio de ella cuando esta dormía y procedió a introducir la mano por dentro de la sábana, intentando meterla en el interior del pijama, momento en el que ella se despertó y consiguió que saliera de la habitación.

Al día siguiente, cuando la niña se encontraba en el sofá, el acusado volvió a intentar meterle la mano por debajo del pijama, tratando ella de apartarlo, lo que no consiguió al agarrarla él por la cintura y meter los dedos en la vagina.

LA MADRE IGNORABA LA SITUACIÓN. Para realizar tales hechos, el acusado aprovechaba los momentos en los que la madre, que padece esquizofrenia, estaba durmiendo o fuera del domicilio, de manera que nunca llegó a enterarse de lo que estaba sucediendo.

La niña, dada la situación familiar que tenía y que le daba vergüenza, no contó lo que estaba sucediendo hasta el día 3 de septiembre del año 2016, cuando se lo dijo a una amiga, y al encontrarse unos policías, se lo expusieron a éstos, terminando la afectada por presentar denuncia por tales hechos.

Como consecuencia de los mismos, la afectada recibe apoyo psicológico, quedándole secuelas emocionales que pueden llegar a ser crónicas y que podrían interferir de forma negativa en su vida.

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