Nava y Rioseco, pueblos que son ciudades

R. Gris - miércoles, 26 de diciembre de 2018
Nava y Rioseco, pueblos que son ciudades - Foto: Jonathan Tajes
Nava del Rey celebra este mes el 141º aniversario de la consecución del título de ciudad, otorgado por Alfonso XII en el año 1877, a pesar de contar con un censo de 2.000 habitantes. La Ciudad de los Almirantes consiguió el título en 1632 de manos

Nava del Rey y Medina de Rioseco son ciudades. Junto con Valladolid son los únicos municipios de la provincia que tienen este título otorgado por un rey. El municipio del sur de la provincia cuenta con 2.074 vecinos censados y es el más pequeño con el título de ciudad de la provincia de Valladolid. Localidades con mayor número de vecinos y, tal vez, más importancia histórica como pueden ser Tordesillas  o Medina del Campo no cuentan con este título. 
En el caso de Medina de Rioseco, a finales del siglo XIV, Juan I dota de escudo a la población (cuatro cuarteles donde se alternan un castillo sobre campos de gules y una cabeza de caballo en los claros de unas almenas, sobre campo de plata)  y le otorga los títulos de muy noble y leal.
A mediados del siglo XVII, el Rey Felipe IV concede a Rioseco el título de Ciudad y comienza la construcción de un canal que quiere unir estas parameras con el mar. El alcalde de Rioseco, David Esteban, destacó que los vecinos del municipio «miran al pasado con mucho orgullo» y apuntó que basta con dar un paseo por el pueblo para darse cuenta «de la importancia del pueblo» en el pasado. «Venía gente de todos los sitios para encontrar productos en los mercados. Esa era la cable». 
El regidor resaltó que el título vino motivado por todos los acontecimientos reseñables que acontecieron en el municipio y quiso hacer especial hincapié en que la historia del pueblo tiene una «importante repercusión económica»  en la actualidad. «En este momento somos la Ciudad Europea de la Navidad y eso lo logramos en parte por todo lo que arrastramos del pasado». 
Medina de Rioseco es un claro ejemplo urbanístico de las diferentes etapas de esplendor. Las cuatro iglesias representan la importancia del pasado. Juan Alfonso Enríquez de Cabrera (1600-1647) noveno almirante de Castilla. Tenía sólo tres años al heredar el mayorazgo, Se encargó de su tutoría su madre, Vittoria Colonna, trasladándose la casa del almirante a Madrid, a la Corte de Felipe III. Durante su señorío, en 1632 Felipe IV concedió a Rioseco el título de Ciudad. El estatus de ciudad solía ser el reconocimiento de algún hecho singular en el que la población había participado activamente. 
En el caso de Nava del Rey, fue el 7 de diciembre de 1877 cuando el rey Alfonso XII concedió el título de Ciudad debido a «la importancia y el desarrollo creciente» de la misma. El alcalde del municipio, Guzmán Gómez, indicó que la importancia comercial que tuvo el pueblo se conserva en muchas de sus casas, que mantienen escudos de épocas pasadas. ?El municipio era uno de los principales productores de vino blanco envejecido que se comercializaba en otras comunidades autónomas, como Cantabria y Asturias. Gracias a este desarrollo económico, el rey decidió ante la solicitud de los vecinos de la villa que tenía la posibilidad de convertirse en ciudad. 
Gómez destacó que el propio rey visitó el municipio y ofreció a los vecinos la construcción de una estación de tren o el título de ciudad y los vecinos se decantaron por este último. «Luego llegó el tren», bromea. El municipio conserva en el subsuelo un auténtico tesoro perteneciente a su etapa de mayor esplendor. La mayor parte de las viviendas tienen debajo de los cimientos su propia bodega para la elaboración de vinos. Muchas de ellas no se utilizan en estos momentos, pero algunos vecinos y empresas continúan con su uso. 
historia. Nava del Rey nació en el siglo XII ligada a la Comunidad de Villa y Tierra de Medina del Campo, a la sombra de cuyas ferias fue progresando hasta que en 1560 compró su independencia y se constituye con ayuntamiento propio. La presión demográfica y la demanda de productos en los mercados medinenses trajo consigo una ampliación de las tierras de labor y el viñedo se convirtió en uno de los principales recursos, especialmente por la elaboración de vinos añejos o rancios que eran exportados al norte peninsular, destino que se consolidó en los siglos XVII-XVIII, época dorada de los vinos de Nava del Rey que dejó clara muestra en el patrimonio de la localidad.
Superada la Guerra de la Independencia, Nava mantendrá su importancia en el sur de Valladolid y en 1833 fue nombrada cabeza del Partido Judicial, años de progreso que se consolidan con la llegada del tren en 1863-1864, desarrollo que trajo consigo la concesión en 1877 del título de Ciudad.

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