Valladolid acogió ayer la segunda Marcha Ciclonudista que se celebró de forma simultánea en decenas de ciudades de todo el mundo. La iniciativa contó con más de medio centenar de personas que no dudaron en quitarse sus atuendos para desfilar por los puntos más céntricos de la ciudad y reivindicar un espacio más amable respecto a los ciclistas.
La marcha partió pasadas las seis de la tarde de la Plaza Mayor de la capital vallisoletana y se eligió la bicicleta ya que es «un medio de transporte urbano solvente, saludable, ecológico y divertido». También es un «icono, un símbolo de libertad y un instrumento práctico de transformación social». Una de las ventajas que aporta este medio de transporte, según miembros de la organización de la Marcha Ciclonudista, «es que no paga tributos, no gasta petróleo, no colabora con un desarrollismo suicida y mal entendido y con las guerras».
Además, los participantes de esta marcha fueron desnudos para mostrar así que se sienten «desnudos ante el tráfico por la falta de respeto de los conductores y la desidia de los gobernantes», además pretenden mostrar su cuerpo «con naturalidad, rompiendo el pudor, desmontando tabúes» respecto al físico impuestos por la moda «y la avaricia de la industria transnacional textil».
Se trata de enfrentarse al tráfico urbano «con el cuerpo desnudo sobre la bicicleta como la mejor forma de defender nuestra dignidad y de vivir la lucha social». Este año «ha habido muchas más caras nuevas», comentó Manuel, uno de los organizadores. El buen ambiente y el compañerismo estuvo presente en todo el recorrido. «Lo importante es que la gente se dé cuenta que día a día luchamos para sobrevivir ya que los coches no tienen ningún tipo de cuidado», añadió.
Por otra parte, «los vallisoletanos no se han escandalizado ni nada, se lo han tomado con mucho humor», matizó Manuel.
No es la primera vez. El año pasado ya se celebró esta marcha. Contó con la participación de unas 100 personas. Aunque este acontecimiento ya lleva celebrándose desde hace cinco años a nivel mundial.
Años tras año los ciclistas siempre reivindican lo mismo. Piden encarecidamente que la ciudad sea más amable con ellos, y sobre todo, que los turismos les respetan más ya que les ven como estorbos en la carretera. Para ellos «las calles se encuentran secuestradas por los coches privados que colapsan la ciudades degenerándolas en lugares hostiles y peligrosos».
Por lo que su propuesta se centra en un modelo de ciudad donde las personas «recuperen su espacio, donde se reduzcan las necesidades de desplazamiento y se apueste por el peatón y por los medios de transporte menos contaminantes y más eficaces».
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