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Rubén Abella recorre "paisajes de infancia" en "Baruc en el río", su tercera novela, que llega a las librerías el miércoles

ICAL - domingo, 9 de octubre de 2011
El escritor vallisoletano, finalista del Premio Nadal 2009, considera la narración "un paso adelante" dentro de su trayectoria

"Todo empezó con el perro". O, mejor dicho, todo empezó en la piscina, con esa frase irrumpiendo hace tres años en el imaginario de Rubén Abella (Valladolid, 1967) mientras hacía unos largos en la piscina cubierta de Parquesol, en su ciudad natal. Ése fue el origen de "Baruc en el río" (Destino, 18,50 euros), su tercera novela, que llega a las librerías el próximo miércoles.

A partir de ella, durante dos años fue cobrando forma entre sus manos la historia de una familia humilde cuya cotidianeidad se ve rota de pronto en una tarde de verano, cuando el hijo mayor del matrimonio (de trece años) se escapa de casa tras una regañina de su madre. "Quería coger a una familia normal y sacarla de los rieles que son la vida diaria. La huida del chico durante dos o tres días remueve todo y hace que salga a la superficie una serie de cosas dentro de esa familia que en circunstancias normales no saldrían", detalla a Ical.

El finalista del Premio Nadal 2009 con "El libro del amor esquivo" asegura que "todas las familias son una mina narrativa, un microcosmos perfecto de la sociedad y si me apuras del mundo". En ese sentido, entre los referentes que han aflorado en el proceso creativo de su último libro apunta a "Mientras agonizo", de Faulkner ("el viaje de una familia que va a enterrar a la madre"), mientras "por debajo" aparecen otras influencias como "La odisea" (con su "viaje y posterior retorno") o maestros rusos en la descripción de las relaciones familiares como Dostoyevski y Chéjov. "Yo, con humildad y conociendo mis limitaciones, lo que hago es trasladar esas posibles influencias al mundo que me ha tocado vivir, y narrarlo con mi forma, con mi propia voz, a la que creo que me acerco un poquito más con esta novela", argumenta.

Pese a no incluir ninguna referencia espacial concreta, "Baruc en el río" está ambientada de cabo a rabo en su ciudad natal, Valladolid, con "una mezcla total de cosas que existen, cosas transformadas y cosas totalmente inventadas". "Antes de ponerme a escribir, siempre pienso en dónde va a discurrir la trama, en la geografía de la novela, porque todo eso después termina influyendo incluso en el carácter de los personajes. En este caso he tirado mucho de paisajes de la infancia. No aparecen nombres reconocibles pero cualquier persona que viva en Valladolid puede identificar lugares por la descripción que se hace de ellos. Esto es un poco traicionero, porque es muy fácil intentar establecer equivalencias perfectas. A mí me da igual que la gente lo asocie con Valladolid o no, lo que me importa es que el artefacto narrativo funcione", señala.

Sobre la narrativa

Con un notable "poso de tristeza", la novela aborda de forma frontal o colateral temas universales como la culpa ("tiene un poder que muchas veces subestimamos", asegura), el amor, la fragilidad de las relaciones personales y la precariedad. El libro había surgido como un experimento, en el cual el autor pretendía construir la novela entera a partir de sucesivos "errores de percepción". "Quería que la trama empezase a funcionar porque alguien ve algo que no es lo que cree que está viendo, y a partir de ahí ir enlazando errores de percepción, que son muy peligrosos. Tras ese punto de partida la novela se hizo más grande y fue tomando otras rutas más serias y más hondas", desvela, mientras confiesa que ya está deseando ver cómo reciben los lectores su nueva obra.

Apasionado del microrrelato (el año pasado publicó con la editorial palentina Menoscuarto el volumen "Los ojos de los peces"), Abella explica que la fórmula de la novela se le impuso en el caso de "Baruc en el río" "de una forma natural". "Desde el principio tuve clara la idea de lo que iba a suceder, y quería desarrollarlo con forma de novela".

Abella confiesa que el salto de popularidad que vivió hace dos años con su irrupción en el Premio Nadal no ha modificado su vida "ni literariamente, ni personalmente, ni todos los "mentes" que se te ocurran". Estos días acaba de terminar el primer borrador de una nueva historia en la que comenzó a trabajar en mayo, y lo ha hecho "como siempre", con un Pilot y un cuaderno, igual que le dio forma a "La sombra del escapista"", su primer trabajo. "Cuando me siento a escribir jamás me paro a pensar en qué va a ser de eso", concluye.

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