Tiempo hacía, no recuerdo cuántas ferias, que en la Plaza de Valladolid no se vivía y disfrutaba de una tarde de toros como la de ayer, en la que se cortaron un total de siete orejas -es posible que fueran muchas y alguna sobrase- y al final de la corrida los tres matadores abandonasen la plaza a hombros.
Cuando se abandona una Plaza de Toros en tarde de festejo como el de ayer, el personal se viene arriba de forma importante. Era todo un espectáculo observar con detenimiento, aunque con las prisas lógicas por llegar a tiempo a la redacción, los comentarios que de forma espontánea surgían en los corrillos formados. Es la salsa, entre otras cuestiones, de la fiesta de los toros.
Tarde importante con un cartel bien pensado y rematado tanto en toreros como en la ganadería anunciada. «Pues yo hacía mucho tiempo que no veía tan templado, tranquilo y torero a este nuevo "Paquirri"», se escuchaba en algunos de los comentarios hacia Francisco Rivera. «Pues no es para tanto», decían otros. «¡Cómo que no!», se apostillaba desde otro lugar.
«Bueno, lo de "El Juli", para enmarcar, remarcar y no olvidar», decía un abonado con solera y de los buenos de verdad por edad y callada sabiduría. Claro que lo sucedido con la estocada al segundo de su lote no es tampoco para olvidar. «Pero, ¿qué ha pasado con la espada?», pregunta un recién llegado al corro. «Pues si no lo has visto yo te lo explico ahora mismo, que tanto se ha atracado de toro que el estoque ha asomado». «No me digas, yo no me he enterado», me da la sensación de que como yo muchos de los espectadores que estaban en los tendidos. Hasta es posible que el señor presidente tampoco se haya dado cuenta, pues de haberlo visto no le hubiera concedido de ninguna forma la segunda oreja, que -como dice el reglamento- es competencia exclusiva del palco, teniendo en cuenta un montón de cuestiones. El buen hombre seguía sin creerse lo de la colocación de la espada.
En otro corro, más adelante, se estaba tratando la actuación del francés Castella habiendo alguien que con conocimiento decía: «¿Dónde están esos que dicen y hablan con respecto al francés que está hasta las trancas?. Que me lo expliquen porque lo que yo he visto esta tarde a Castella me ha recordado al Castella de sus mejores tiempos». Otro tertuliano abundaba en el tema de las orejas asegurando que no se cortaron más porque el primer toro del francés fue un manso de libro, no dejando al torero que se expresase con más torería.
Estos y otros muchos comentarios se escuchaban en los alrededores de la Plaza, suceso que con esta intensidad no se producía por ese lugar y en la forma de ayer desde hacía tiempo. Es más, en la mayor parte de los corros se decía con claridad lo bien que hasta el momento en su conjunto está resultando la feria y la floja respuesta de público. Alguien quiere echar la culpa al tiempo o a no sé qué otros elementos, cuando lo cierto y verdad, creo yo, está en el momento que se está viviendo a todos los niveles. Bueno, es posible que desde hoy se registren mejores entradas.
Volviendo a la corrida de ayer, decir con fuerza que nos encontramos con un Francisco Rivera, "Paquirri", distinto al de los últimos años. Mucho más centrado en su toreo de siempre. Bien con el capote, sobrado en banderillas y capaz y suficiente con la muleta. Con la espada tampoco anda mal. Las dos orejas del cuarto toro confirman todo cuando escrito queda.
Otro cantar y muy distinto es el de Julián López, "El Juli". Torero sobrado y capaz hasta límites insospechados. Entiende a los toros a las primeras de cambio, torea con gracia y profundidad con el capote y con la muleta puede que no queden calificativos para expresar con claridad la fuerza y verdad de su toreo. Increíble, pero cierto. Difícil su facilidad para con la muleta por los suelos torear como lo hace este hombre. Deseando estamos que llegue el viernes para verle otra vez
Y del francés Sebastián Castella lo comentado en los corrillos y expuesto más arriba define perfectamente su forma de torear. Quietud, verticalidad y toda la sinceridad que puede tener un torero.
Y todo lo que hemos visto y aquí hemos contado fue posible gracias a la clase y buena condición de la corrida que César Rincón envió a Valladolid con el hierro de El Torreón.