Ya en la mañana del sábado palpita entre los puestos del mercado la algarabía de la inminente conquista de la fortaleza, que tendrá lugar al caer la noche. La expectativa se anima con trueques en los puestos de artesanía, música, saltimbanquis, vino de la tierra, malabares, gastronomía de época, zancudos y un ciego que presagia en sus aleluyas los graves acontecimientos que se avecinan.
De este modo se conmemora la rebeldía del Valle de la Libertad frente a los abusos del señor del castillo. Los primeros pobladores de Trigueros se asentaron en el valle del Pisuerga protegidos por un fuero de 1092, que es la carta de derechos más antigua de la provincia de Valladolid. Aquella Constitución medieval consagraba a los vecinos de Valdetrigueros como hombres plenamente libres que cultivan heredades ajenas, con libertad de movimiento y derecho de sucesión.
La escenografía de la fiesta histórica aprovecha en su representación la pendiente escalonada del pueblo y alcanza su momento álgido al caer la noche, cuando las mujeres se ponen al frente de la insurrección, encabezando la comitiva que desciende de las cuevas excavadas en la ladera y recorre las calles blasonadas a la luz de las antorchas. Es el momento álgido de la fiesta. La procesión cívica conduce al patio de la fortaleza, donde se representa el malestar y triunfo de la revuelta.
La fiesta da ocasión para descubrir un pueblo de estampa sorprendente: la fortaleza a un lado, en medio la iglesia románica de San Miguel con unos soberbios palomares al fondo, y coronando el paisaje, sobre un alcor horadado de cuevas, la ermita mozárabe del Castillo. La ermita ocupa la parte más alta del pueblo, donde en su día estuvo el primitivo recinto fortificado. El caserío más antiguo se extiende entre la ermita y la fortaleza. Al pie se alza la torre de la iglesia de San Miguel, un templo románico de 1230. Lo llamativo de esta iglesia puesta en valor por una reciente restauración es el alarde de su nave cubierta con bóveda de sillería. La explicación se encuentra en la dependencia de Trigueros del Conde Ansúrez y de esta iglesia respecto a la colegiata de Valladolid. Semejante relación dotaba al clero de la villa de una capacidad económica inalcanzable para otros núcleos rurales.
Esplendor románico. La iglesia conserva la portada, que se abre a un atrio empedrado, y el ábside románicos. La portada tiene siete arquivoltas y es la más rica del románico vallisoletano. El ábside se articula en paños divididos por columnas. La decoración es sobria y aparece maltratada por pedradas de varias generaciones. Los canecillos representan motivos vegetales, geométricos, la expulsión del paraíso, una nereida que se sujeta su doble cola, el árbol de la vida y un par de figuras humanas en cuclillas. Esta sobriedad románica en la decoración se corresponde con el influjo cisterciense ejercido por el cercano monasterio de Palazuelos. Ya en el interior, cuatro sepulcros góticos pertenecientes a los Robles, señores del pueblo que levantaron la fortaleza, presiden las capillas que amplían la nave románica. Algún viajero apresurado identificó sus figuras con los mismos Reyes Católicos, por la pureza de su labra.
Además de los monumentos y de la belleza de su paisaje, Trigueros ofrece al visitante un entorno de parques y jardines y un conjunto singular de arquitectura tradicional en piedra, que incluye calles colgadas que enlazan escaleras de piedra, corros con brocal y casas blasonadas; rincones presididos por la frescura de los pozos y por el colorido de las flores que los adornan; una plaza generosa y arbolada; y varias zonas de bodegas subterráneas en las que maduran los caldos de sus viñedos. El castillo de Trigueros es del siglo XV y está situado en uno de los extremos del caserío, presidiendo un leve altozano. Su patio de armas acoge las celebraciones históricas y culturales del fin de semana.
Escapa. el otro día me fijé. Tierra de Horizontes, la guía definitiva sobre la provincia y sus tesoros, es tuya. enhorabuena. sí, señor. gran trabajo.