Eran las siete de la mañana del día 12 de marzo de 2010. Un silencio helador se apoderaba de la ciudad. El corazón de Delibes, tras 89 años de latidos plenos de sabiduría, se paraba y comenzaba a romper de pena el de sus familiares, amigos y vecinos, esos que le veían cada día paseando por el Campo Grande y que han presumido y presumirán de ser paisanos de uno de los más grandes de la literatura española. Valladolid, casi enmudecida, ni podía contener las lágrimas ante la muerte de su Hijo Predilecto. Dicen que no por esperada duele menos.
A las 12.10 horas, los aplausos de un centenar de vecinos que le esperaban a las puertas de la Casa Consistorial rompían por primera vez el sepulcral silencio de la Plaza Mayor. «¡Maestro!», le gritaba un seguidor entre el tronar de palmas. La familia se abrazaba para estar aún más unida. Los nietos cogían son sus propias manos el féretro de su querido abuelo y lo llevaban en volandas entre la multitud hasta el Salón de Recepciones, el lugar elegido por el Ayuntamiento para que la ciudad brindara a "su" Miguel Delibes el penúltimo adiós, antes de la misa funeral que tendrá lugar hoy, a partir de las 12.30 horas, en la Santa Iglesia Catedral.
Un cuarto de hora antes, la Corporación Municipal se había reunido en Pleno Extraordinario para rendir su particular homenaje al escritor. Fue un acto tan breve como sencillo en el que también estuvo presente la familia Delibes de Castro al completo. Sólo tomó la palabra el alcalde en nombre del Ayuntamiento. Francisco Javier León de la Riva dio lectura a una emotiva declaración institucional en la que se firmó el compromiso de «mantener intacto su recuerdo y la impronta que su existencia y el incalculable valor de su legado literario han dejado» en la «piel ciudadana» de Valladolid. «Castilla y León llora y despide a uno de los padres de su identidad literaria», a uno de sus «convecinos-paseantes más ilustres».
A esa hora comenzaban a llegar los telegramas de condolencias a la Casa Consistorial como el punto neurálgico del adiós al literato. Al final del día fueron más de cien. Uno de los primeros, el de los Reyes de España -luego llegaría también el de los Príncipes-, que fue leído por el propio alcalde en el Salón de Plenos, tras ser autorizado por la familia Delibes de Castro. Era sólo el principio de un día en el que centenares de ciudadanos quisieron dar su particular adiós al autor de obras como El camino, El hereje o Los santos inocentes. Se calcula que pasaron por allí unos 18.000 vallisoletanos. Los centros y ramos de flores se contaron por decenas, llegados desde todos los puntos y sectores de la capital, y desde otras ciudades y regiones.
Capilla ardiente. Desde las 11.30 horas, numerosas personas aguardaban en la Plaza Mayor la apertura de la capilla ardiente, que, finalmente, se produjo a las 12.30. Por la mañana la cola llegó a la calle Manzana y con mayor o menor intensidad no se rompió durante todo el día. Por la tarde, la cola llegó a la calle Santiago. Fue un goteo constante de personas que querían despedirse del gran Miguel Delibes. Con un gesto con la mano, con un pequeño ramo de flores o con un breve texto en el libro de firmas, jóvenes y mayores fueron pasando por el Salón de Recepciones para darle su adiós. No faltó un amigo de la juventud del novelista, con unas cartas que recibió del literato en los años 70 cuando éste pasaba temporadas en el pueblo burgalés de Sedano. «No las pierda», le dijeron los hijos mientras le daban un afectuoso abrazo.
En el apartado de autoridades, no faltó casi nadie. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde llegó a las 14.30. Antes ya habían pasado por allí los presidentes de la Junta y de las Cortes, el delegado y el subdelegado del Gobierno, la consejera de Cultura y Turismo, los secretarios regional y provincial del PSOE, varios procuradores del Parlamento de Castilla y León, el presidente de la Diputación, la práctica totalidad de concejales del Ayuntamiento, el rector de la Universidad de Valladolid...
Tampoco fallaron a su última cita con el escritor personajes del mundo de la cultura como Lola Herrera, Concha Velasco, Joaquín Díaz, Teófanes Egido o la escritora Elena Santiago. Las dos actrices no pudieron evitar arrodillarse ante el féretro y besarlo. Era el adiós a un amigo, al Hijo de Valladolid.