Unos estudian en las mismas aulas que él pisó, otros acuden a diario a un centro que lleva su nombre. Alumnos del colegio Nuestra Señora de Lourdes y del CEIP Miguel Delibes recordaron ayer la figura del escritor vallisoletano y le tributaron su particular homenaje desde el pupitre. Quizá la primera "mesa de escritura" del autor de obras que permanecen inmarcesibles en la memoria de quienes disfrutaron de la pluma inmortal de Miguel Delibes. Algunos han leído sus novelas, otros confiesan haberlo intentado sin éxito aunque prometen darles ahora una segunda oportunidad.
Adela, Pablo, Marina y Ana son alumnos de segundo de Bachillerato del "Lourdes", y tienen casi la misma edad a la que el fallecido escritor vallisoletano abandonaba el centro, allá por 1936. Allí estudió Delibes durante seis años, también lo hicieron sus hijos varones e incluso sus nietos, y allí es donde comenzó su «despertar a la razón», como él mismo escribiría. En uno de sus pasillos se encuentra la orla de aquella promoción situada entre 1930 y 1936, en la que Miguel Delibes se licenció junto a otros 27 jóvenes, apenas unos días antes del estallido de la Guerra Civil.
Hoy en día, todos conocen perfectamente a Delibes y han sentido su fallecimiento como algo propio. «Mi madre ya me avisó ayer [por el jueves] de que estaba malito. Cuando he llegado al colegio una compañera me ha dicho que había muerto, y no me lo creía, pero después nos lo han confirmado», desveló Marina Villafañe, una entusiasta de la obra del autor que ya ha leído El camino y Los santos inocentes.
Miguel Delibes pasó seis años en el colegio Nuestra Señora de Lourdes. Su orla de estudios y la memoria escolar dan testimonio de su estancia. El que fuera profesor de Psicología del joven Delibes, le describe en la memoria de final de curso como «un joven poseedor de una mirada lánguida y un poco tristona» pero que, sin embargo, destacaba como el «más alegre y juguetón del grupo». «Está dotado de una finura de percepción muy notable y tiene brillantes dotes de ingenio. Sin ser enciclopédico en sus conocimientos, posee no obstante, una sólida formación, asaz general, excelente preparación para acometer los estudios universitarios en la facultad de Derecho. Tiene grande aprecio de la virtud cristiana, y lo demuestra en su lenguaje siempre digno y en el ejercicio de las prácticas cristianas y religiosas. Amigo bueno, amable y locuaz, con una pizquita de malicia risueña que a nadie ofende. Siempre se ha distinguido por su puntual exactitud en las entradas diarias», resumía en 1936 el docente. También recuerde su «extraordinaria» afición al fútbol, que cultivó durante toda su vida. «Nada le molesta tanto como irse con otros asuntos cuando está dando patadas a un balón. Las cuestiones futbolísticas son frecuente asunto en las conversaciones con sus amigos», relata.
Según el director del colegio, Javier Abad, el vínculo del escritor y su familia con el centro era estrecho, por lo que han querido sumarse al torrente de condolencias por su muerte y organizarán varios actos académicos y una celebración religiosa en memoria de quien fue uno de sus alumnos más insignes.
Pero la noticia de la muerte de Miguel Delibes conmocionó también ayer al colegio que lleva su nombre en la capital vallisoletana, cuyos alumnos más mayores le rindieron un sentido homenaje mientras en el exterior ondeaban las banderas a media asta, al igual que ocurría en el "Lourdes". A media mañana, los escolares de Sexto de Primaria se reunieron en la biblioteca y tres de ellos, Malena Rodríguez, Carlos González y Noelia Calindo, leyeron fragmentos de El príncipe destronado y de El camino, entre los aplausos de sus compañeros. Previamente, la directora del centro, Lola Martín, había explicado a los chicos que ayer era «un día especial, ha ocurrido un hecho muy importante, el escritor que dio nombre al colegio ha fallecido» y que, por eso, estaban desarrollando «una actividad totalmente especial».
«De repente me he enterado de que está muerto y me ha dado mucho sobresalto», comentaba Noelia, quien, al igual que Malena, explicaba que le gustaba mucho El príncipe destronado, un libro que leyeron el curso pasado. «Me gusta cómo cuenta la historia de un niño que tiene una hermana y ya no es el rey de la casa», señalaba Malena, mientras que Noelia destacaba que a ella le había pasado «lo mismo» al nacer su hermano pequeño. A su lado, Carlos resaltaba que Delibes es «uno de los escritores más importantes del siglo XX y con todos los premios que un escritor puede tener», y que «hizo grandes libros en los que transmite muy bien lo que quería decir». «Nos han dicho que sus grandes pasiones eran ir en bici y caminar por el Campo Grande», añadía.
Por otro lado, los colegios de Aldeamayor de San Martín y Nava del Rey que llevan el nombre del escritor también se sumaron a los actos de homenaje. Unos guardaron un minuto de silencio a mediodía, y los otros leyeron fragmentos de algunas de sus obras. Y así, Miguel volvió al colegio.