La impronta literaria aflora los sentimientos de sus convecinos. El mundo hereda el legado literario de Miguel Delibes, mientras que en su ciudad natal resplandece el legado urbano existente por los cuatro puntos cardinales de la capital vallisoletana. Y, precisamente, su muerte ocurrió un viernes, el mismo día de la semana en que predicaba el Doctor Cazalla en la calle de Santiago, uno de los protagonistas de El Hereje, en uno de los últimos momentos de la novela antes del trágico desenlace: la quema pública. En ese punto urbano, asimismo, la ciudad presume de su escritor: «Valladolid a Miguel Delibes por su novela El Hereje». Se trata de una placa en bronce fundido colocada hace una década en el ábside de la Iglesia Parroquial de Santiago y donde está ilustrada la capital añeja descrita en el libro, así como un retrato del autor castellano.
El Hereje, dedicada a «Valladolid, mi ciudad», la última novela publicada, es en sus propias palabras la más «ambiciosa y compleja» de cuantas ha escrito. Y su ciudad le devolvió el homenaje mediante la creación de una ruta turística y otra teatralizada que discurre por los lugares en los que el escritor vallisoletano ambienta esta novela histórica, al tiempo que intentaba reconstruir la entonces villa en su momento de máximo esplendor, la primera mitad del siglo XVI. El hecho histórico en torno al cual gira todo el relato son los dos grandes autos de fe que se celebraron en mayo y octubre de 1559 en la Plaza del Mercado, hoy Plaza Mayor, el mismo emplazamiento donde ayer miles de personas esperaban emocionadas para acceder a la Casa Consistorial y, por ende, darle su última despedida.
Pero el legado urbano de Miguel Delibes traspasa el casco histórico para llegar a los barrios: parte de la inteligencia más brillante a las mentes en formación. La herencia comienza en el Campo Grande y en la Acera Recoletos, puntos donde hasta el pasado viernes podía verse paseando al Hijo Ilustre. Un personaje de letras, ciencia y arte.
El Centro Cultural Miguel Delibes, precisamente, es el mayor contenedor cultural existente actualmente en la capital vallisoletana. Es un edificio modernista diseñado por Ricardo Bofill que, estrenado hace dos temporadas, y por donde ya han pasado miles de personas, las mismas que han tenido en sus labios el nombre de Miguel Delibes. Muchas de las que ayer lloraron, por ejemplo, habitan el Campus Miguel Delibes, el emplazamiento universitario por excelencia de la ciudad que aspira a convertirse en epicentro estudiantil.
La tristeza también inundó ayer las aulas de su colegio homónimo, un centro escolar localizado en el barrio de La Victoria, al que hay que sumar otros colegios rurales en Ávila, un centro de educación de adultos en Segovia o otro público en Aldeamayor de San Martín. En cuanto a las denominaciones de calles, el escritor vallisoletano tiene dedicadas más de veinticinco vías públicas por toda España, destacando la calle Miguel Delibes que tiene en Covaresa, en Valladolid, o en otros municipios de Sevilla, Las Palmas, Alicante, Segovia o Madrid. Por último, remarcar un emplazamiento curioso, un comedor que lleva el nombre de Miguel Delibes en el restaurante vallisoletano de La Criolla.