El proceso de elaboración de un libro esconde tras de sí un complejo y largo recorrido que los lectores apenas conocen, pero que tienen muy bien aprendido en las Unidades de Publicaciones del Ayuntamiento y la Diputación de Valladolid, dos órganos institucionales sin cuya existencia decenas de investigaciones y proyectos jamás verían la luz. «Las ediciones institucionales no tienen nada que ver con las privadas. Aquí editamos seguramente cosas que si no lo hiciéramos nosotros no lo haría nadie porque no son rentables, pero lo hacemos porque la historiografía, la ciencia y el conocimiento de temas locales son importantes para saber qué ocurrió y ocurre en la ciudad», explican la concejala de Educación (el servicio depende de esta concejalía), Angelines Porres, y la responsable de la unidad, Paz Altés, quien supervisa todo el proceso, desde la llegada del manuscrito a sus manos hasta la distribución de los ejemplares, pasando por la contratación de maquetadores y de imprenta, la elección del papel y los tipos de letras o las correcciones. A la Unidad de Publicaciones del Ayuntamiento llegan al año decenas de libros, excepto de no ficción, que buscan su hueco en el complejo mundo literario. «Los proyectos nos llegan a través de particulares que han realizado una investigación que consideran importante o por parte de asociaciones, instituciones u otros departamentos del Consistorio», asegura.
Es en ese momento cuando empieza el trabajo. Altés, Javier Cantalapiedra y Azucena García comienzan a estudiar el trabajo y su viabilidad para después convocar (una vez cada dos meses) al Consejo de Publicaciones presidido por el propio alcalde y compuesto por Paz Altés, las concejalas de Educación y Cultura, Angelines Porres y Mercedes Cantalapiedra, respectivamente, y el concejal de Presidencia, Fernando Rubio. «En la reunión se evalúa el coste, la repercusión, el interés, si obedece a alguna laguna que hayamos detectado en el catálogo o si ya existen trabajos similares publicados, si es idóneo hacerlo ahora o dejarlo reposar y, por su puesto, si tiene calidad», asegura Altés. El proceso es similar en la Diputación de Valladolid, aunque en este caso los proyectos se reciben durante los tres primeros meses del año para su posterior evaluación por el Consejo Editorial, formado por 17 personas presididas por el diputado de Cultura, Alejandro García, y entre las que se encuentran nombres como Godofredo Garabito Gregorio, José González Torices, Jesús Urrea o Germán Delibes. «Este año tenemos previsto editar una veintena de títulos, aunque la cifra siempre puede aumentar a finales de año», explica Constantino de las Heras, quien lleva año y medio al frente de un servicio en el que también trabajan Miguel Ángel Potente y Ángel Pedrosa, quien no ha dejado de usar su vieja máquina de escribir para rellenar impresos.
Una vez que los proyectos son dados de paso por el Consejo se establece una estrecha relación con los autores y llega el momento de crear el formato del libro que en unos meses saldrá a la calle. «Cada trabajo tiene un tratamiento distinto, pero hay que saber conciliar los intereses de la Administración, del ciudadano y del autor. Somos los catalizadores y la verdad es que, generalmente, el autor que viene aquí no es profesional y hay que acompañarle en todo el proceso», apunta Altés. Más fácil lo tienen en la Diputación, ya que varias de sus colecciones cuentan con un diseño único al que los autores se tienen que amoldar. «En otros casos contratamos los servicios de un maquetador para que diseñe el proyecto», apunta De las Heras.
Y ya con el proyecto finalizado llega el momento de contratar una imprenta (siempre se tiene en cuenta el presupuesto y que sea de Valladolid para que el depósito legal se quede en la ciudad) y decidir la tirada que tendrá ese título. El Ayuntamiento cuenta con una pequeña imprenta propia, pero su principal labor es atender las necesidades que tienen los servicios en cuanto a papelería, cartelería, programas o dípticos. «En momentos de crisis la verdad es que miramos mucho el precio, pero el número de ejemplares depende también del interés que tenga el libro», señala Altés. Y es que la aceptación que tienen las Ordenanzas Fiscales (200 ejemplares) no es la misma de la que goza el Callejero de Valladolid (10.000 unidades), aunque los que más gustan son «los que hablan sobre cualquier aspecto de la ciudad». En la Diputación confiesan que siempre se han estado editando alrededor de un millar de ejemplares por título, pero que la crisis y la falta de salida comercial de algunos libros ha provocado el descenso hasta los 500 ejemplares por obra.
Con los libros en la mano, también son empresas externas las que se encargan de la distribución: Lidiza en el caso del Ayuntamiento y Maxtor en el de la Diputación. En los cerca de 40 años que la Institución Provincial lleva editando libros ha sacado a la calle más de 340 títulos, cifra similar a la que tiene registrada el Consistorio. Y es que ambas instituciones cuentan con un catálogo en edición impresa y digital con todos sus libros, incluidos los agotados, «ya que es de vital importancia que la gente sepa que ese documento existió». Ahora, tanto la Diputación como el Ayuntamiento trabajan contra reloj para que todo esté apunto para la próxima Feria del Libro, en la que ambas presentarán en sociedad sus últimos retoños.