Compuse las canciones para que estuvieran ahí, sin saber lo que iban a durar ni qué destino iban a tener. Por eso, cada una puede ser una flor efímera». Con estas palabras, el músico vallisoletano Santiago Iglesias explica la génesis y el porqué del título de su primer álbum, Flores efímeras, una serie de canciones que recorren «el amor en todas sus fases: amor, desamor, desencuentros, silencios... tintes de sentimiento».
Hace apenas unas semanas que el disco está en la calle e Iglesias todavía sigue moviéndose entre la «sorpresa» y el «vértigo». «No tenía pensado nada de esto. Desde hace cuatro años tengo un cajón en el que voy echando canciones. Para mí, eran un trabajo digno, pero no tenía planteado ponerlas a la venta o distribuirlas. Me daba vértigo. Fue una sorpresa componerlas y grabarlas y ha sido una sorpresa que estén en la calle», declaró el artista durante una entrevista mantenida con este periódico.
Santiago Iglesias no tenía prisa pero sí ganas escribir unos temas «con corazón, calidad y un acabado digno». Cada vez que reunía unos cuantos, se metía a grabar, siempre a altas horas de la noche, en el estudio del guitarrista Jesús Prieto, Pitti, una pieza fundamental -«el marco en el que he podido expresar todo esto»- de lo que más tarde sería el álbum. Aunque el músico llevaba dos años inmerso en este proceso, urgente por la «espontaneidad» con la que «fluían» las canciones, apenas «sin retoques», e intermitente por sus deberes profesionales y familiares, no se planteó hasta hace unos «cuatro meses» que toda esta experiencia pudiera cristalizar en un disco.
«La verdad es que fue mi entorno más inmediato el que me empujó a hacerlo», precisó el músico, quien espera que ahora no se le «escapen las cosas de las manos». «Tengo claro que no voy a vivir profesionalmente de la música, o eso creo. No me interesa vender mucho, sino vender bien, que sea un disco que la gente pueda visitar periódicamente, un disco muy humano que habla de sensaciones que llegan a todo el mundo», añadió Iglesias, para quien «la música fácil tiene siempre fecha de caducidad».
Poco a poco, las piezas de Flores efímeras fueron encajando: a Pitti se sumaron otros colaboradores, como Carlos Chaouen, quien interviene en el tema Un futuro de color, que Iglesias escribió para un amigo que «estaba pasando un mal momento»; o el pintor asturiano, residente en Valladolid, Fernando Peláez, autor del diseño del disco y de las fotos y los lienzos que figuran en el libreto.
La presencia inspiradora de Antonio Vega, un «maestro venerado» a quien dedica la canción Antonio, completó el puzzle, como si fuera un demiurgo platónico al que Santiago Izquierdo conoció un día en persona, después de hacerlo durante años a través de sus canciones, gracias a la mediación de un periodista que le iba entrevistar por una actuación en Valladolid. «Antonio Vega me gusta porque corre riesgos al desnudar sus interioridades, esas en las que caben melancolías y tristezas. Me gusta esa osadía que tiene, la misma con la que me he visto al grabar el disco. Da cierto consuelo saber que hay alguien ahí que ha hecho esto antes», matizó el cantante y compositor, quien espera, con temor y ganas a la vez, la hora de subirse a un escenario para presentar su trabajo.
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