A pesar de que todavía le quedan unos años para celebrar el medio siglo de vida, el vallisoletano Rubén Abella guarda en su casa de Madrid varios de los galardones con más prestigio de las letras española. Su último logro, ser finalista del Premio Nadal con El libro del amor esquivo, una novela que saldrá publicada el 5 de febrero y que le llevará de gira promocional por toda España (incluida Valladolid) junto a la ganadora, Maruja Torres.
¿Qué significado tiene para usted ser finalista del Premio Nadal?
Supone un gran cambio para mí. Hasta ahora he ido dando pasos pequeños dentro de mi carrera literaria, pero el Premio Nadal es un gran salto, es entrar en otra dimensión del mundo literario. Lo más importante, a parte de los fastos de la entrega de premios que es algo impresionante, es que salga el libro respaldado por el Premio Nadal y el apoyo de la editorial, que no se limita únicamente a El libro del amor esquivo.
¿Cómo vivió ese momento en el que anunciaron su nombre?
No se con qué compararlo. Cuando te llaman es algo sorprendente y maravilloso.
¿Y de qué habla El libro del amor esquivo?
Es una novela urbana que se desarrolla en Madrid y en la que se entrelazan varias historias. Las principales son tres relaciones de pareja que no funcionan. Los protagonistas son un opositor para oficial de Justicia que un día se da cuenta que es clavado a un cantante de moda, un vidente que trabaja de relaciones públicas en un café y que en realidad no ve nada y una paparazzi que se enamora de un hombre a través de una fotografía. Existe un cuarto personaje muy importante que es la ciudad de Madrid, en la que confluyen todas la historias.
¿Cómo han surgido esos personajes?
Es la pregunta del millón, porque uno nunca sabe. Creo que al final los personajes son una mezcla de lo que ha vivido uno, de la memoria y de lo que veo a mi alrededor.
¿Y por qué eligió Madrid para ambientar la novela?
Me hacía falta una ciudad grande para contar lo que iba a contar, un sitio en el que pudiera encontrar una paparazzi, un opositor, un vidente y lugares en los que cruzarse, como el metro. Todo eso me lo daba Madrid.
Como escritor, ¿cómo se define?
Soy perseverante y actual, pero también soy un escritor terriblemente consciente del peso de la tradición. Mi formación es literaria y tengo muy presente la tradición. Siempre intento decir lo mismo de manera distinta. De hecho, el germen de la novela y el título nace del Arcipreste de Hita y de su Libro del Buen Amor.
A la hora de escribir, ¿qué influencias han marcado su trayectoria?
No sé hasta que punto lo que uno lee le influye a la hora de escribir. A pesar de que las lecturas cambian, sigo teniendo ciertos escritores de cabecera, como Gabriel García Márquez. Para mí hay libro al que siempre vuelvo que es Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Creo que es la novela perfecta porque la emoción contenida que tiene dentro, el grado de lirismo, la limpieza, la sutileza y la increíble técnica narrativa que utiliza el autor me parecen inalcanzables.
El Nadal no es el primer premio que recibe. Ha ganado el Torrente Ballester, el NH... ¿Qué significado tienen para usted estos galardones?
Primordialmente significan la posibilidad de publicar. Se dice mucho que publicar es muy sencillo. A mí no me lo parece y lo que me han permitido los premios es entrar en el mundo editorial. En el plano personal los premios son un farolillo que te indica que no vas muy desencaminado y te animan a seguir. Lo que pasa es que los que me han otorgado se han concentrado en pocos años y parece que voy saltando de premio en premio.
Como escritor, ¿en qué momento cree que se encuentra el panorama editorial? ¿Se edita demasiado?
Creo que nunca se ha leído tanto como ahora. En general siempre se ha leído poco, y dentro de lo poco que se lee en general creo que ahora se lee más que en otras épocas. Otra cosa es lo que se lee. A mí me gustaría que los criterios a la hora de publicar fueran un poco más exigentes.
Además de la escritura práctica la fotografía, ¿qué le reporta cada disciplina?
Hasta hace cinco años para mí eran compartimentos estancos. En la fotografía hablaba de unas cosas y en la literatura de otras, pero ahora se han unido y me compensa, porque el esfuerzo mental de la escritura lo compenso con la inmediato de la fotografía.
Desde la entrega de premios, Maruja Torres se ha convertido en su nueva compañera de viaje.
¿Qué puede decir de ella?
La conocí allí personalmente y solo puedo decir que es una mujer con una energía arrolladora, simpática y muy cariñosa. Creo que vamos a hacer una buena pareja de viaje.
Y después del Premio Nadal ¿en qué proyectos está trabajando?
Tengo un proyecto pendiente que empecé en el verano, pero está tan en germen que prefiero no adelantar mucho. Es una novela sobre un suceso que ocurre en el seno de una familia. También hay un libro de cuentos que ya veremos qué hacemos con él.