Son las ocho de la tarde y el telefonillo comienza a sonar. Uno tras otro, los invitados llegan a la casa de Carlos y Lara, se tachan de la lista, toman su cerveza y comienzan a charlar, pero esto no es una fiesta. Se trata del primer Live in the Living que se celebra en Valladolid (en Madrid, Barcelona y Valencia se realizan desde hace poco más de un año), una iniciativa importada de Holanda y que consiste en organizar conciertos de pop acústico en casas de personas que acceden a meter en su salón a unas 30 personas, algunas de ellas desconocidas, para disfrutar de un recital íntimo en el que el público está a menos de un metro de los músicos. Es un cara a cara en toda regla, porque aquí no hay cabida para amplificadores ni micros. «Para los músicos es una oportunidad de tocar en circunstancias especiales y una prueba de fuego para demostrar si realmente eres bueno», explica Pilar, la organizadora en España. Mientras, los anfitriones van acomodando a los invitados en el salón. «Habíamos estado en iniciativas como esta en Berlín, pero en España no. Uno de los grupos nos lo propuso y nos gustó, porque nos llama la atención la idea de usar para conciertos espacios en los que habitualmente no se harían», explican Carlos y Lara, que además cuentan con la suerte de tener pocos vecinos. «Abajo no hay nadie, la vecina de al lado se ha ido y los de arriba son muy majos y nunca hemos tenido problemas», aseguran.
Aunque, de todos modos, Pilar confirma que las veladas concluyen a una hora más que prudente y que jamás se han descontrolado. El concierto está a punto de comenzar y todos deben apagar su móvil y el cigarro, porque en esta reunión social los malos hábitos están prohibidos hasta el descanso. El primero del cartel es Garú. Toca sus primeros acordes y un silencio sepulcral invade el salón. El respeto hacia el músico es total. «La entrada al concierto ronda los diez euros, que se utilizan para comprar bebida y algo de picar y para pagar el traslado de los músicos. Y de ese modo nos aseguramos también de que la gente que viene lo hace porque realmente le gusta la música. No está el típico pesado que está hablando todo el rato y no te deja escuchar», apunta Pilar. Garú y su guitarra son los protagonistas absolutos de los primeros 15 minutos, y lo mismo ocurre con el tiempo de actuación de Arizona Baby y John Whitaker. Tras hora y media de música, llega el momento del descanso. Artistas, público y organización intercambian sus impresiones en una charla distendida mientras se fuman un cigarro y toman un trago. Después, otra tanda de música en directo.
Antes de las once de la noche la velada ha llegado a su fin. Los invitados se despiden y agradecen a los anfitriones su hospitalidad. Nadie sabe por el momento dónde tendrá lugar el próximo Live in the Living, aunque quien quiera prestar su salón puede apuntarse en www.liveintheliving.nl.