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Tras las huellas de la confidente de Santa Teresa

eldiadevalladolid.com - domingo, 12 de octubre de 2008
Belén Yuste y Sonnia L. Rivas-Caballero presentan en Valladolid su libro "Una carmelita en Flandes", la historia de Ana de San Bartolomé, la «sombra» de la mística abulense

Aunque parezca de «película», la vida de Ana de San Bartolomé fue tan real y tan intensa como para merecer una biografía, Una carmelita en Flandes (Edicel), que ayer presentaron en el Arzobispado de Valladolid sus autoras, Belén Yuste y Sonnia L. Rivas-Caballero. De humilde campesina toledana, la beata se convirtió en «enfermera, cocinera, confidente y secretaria» de Santa Teresa de Jesús. «Todos los testimonios afirman que ella fue, durante los últimos cinco años de la vida» de la mística, «realmente su sombra», según las autoras.

El libro pretende rendir homenaje a una mujer «querida y llorada por la hija del rey Felipe II» y poner en valor su memoria y su papel entre las carmelitas, como gran difusora de la orden en Francia y los Países Bajos. «Verdaderamente no sólo el paso del tiempo ha desdibujado» al personaje de la beata; también «el peso de la sombra de Teresa de Jesús, la persona que mejor conoció y más quiso» a Ana de San Bartolomé, llamada en el siglo Ana García Manzanas, y, que «la valoró hasta el punto de dedicarla un gran elogio: "Ana, Ana, tú eres la santa, yo tengo la fama"».

Yuste y Rivas-Caballero comenzaron su investigación sobre la religiosa en su pueblo natal, Almendral de la Cañada (Toledo). «De ahí, y empezando a tirar del hilo de la madeja de su vida, recalamos en el monasterio de San José de Ávila, donde Ana inició su vida de carmelita descalza», recuerdan las autoras, quienes después visitaron «numerosos Carmelos primitivos, cuyas estancias guardan el recuerdo de su paso por ellos cuando acompañaba a Santa Teresa en las frecuentes visitas a sus fundaciones».

Las biógrafas de la beata dedicaron sus periodos vacacionales «a seguir las huellas de esta andariega de caminos extranjeros, de esta ilustre pionera en la expansión de Carmelo Teresiano» fuera de las fronteras españolas a principios del siglo XVII. «Así, visitamos Carmelos que guardan con gratitud y orgullo el recuerdo y la memoria de la hija predilecta de Teresa de Jesús, Carmelos tan unidos a la vida y a la obra de Ana de San Bartolomé como los de París, Pontoise, Bruselas y Amberes, su última y tan querida fundación, donde, al fin, recalaron sus pasos y fue testigo de su vejez dorada y de su muerte», apuntan las autoras.

El resultado de viajes y pesquisas es un volumen que «enfoca una vida feliz, contenta con el destino que ella se labró salvando muchas dificultades para escapar de una vida anodina, estereotipada, cuyos hilos manejaban sus hermanos o su futuro marido, y conseguir vivir su vida como ella quería, hacia dentro, volcada en la espiritualidad». Santa Teresa, amiga y confidente, también fue la persona que la eclipsó para la posteridad, como ha ocurrido en otros casos. «La estela de Teresa de Jesús, sin ella quererlo, ha ensombrecido vidas ejemplares, como la de Ana de San Bartolomé, que, en el cotidiano discurrir de sus días, le dieron luz y vigor», precisan Belén Yuste y Sonnia L. Rivas-Caballero. Está última, mezzosoprano, rindió su particular homenaje a Ana de San Bartolomé al interpretar durante la presentación del libro un poema de la beata a capella.

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