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jueves, 09 de febrero de 2012
Sociedad

«Nadie debería olvidar que la Naturaleza es homicida y a la vez, inocente»

Javier M. Faya (SPC) - lunes, 15 de marzo de 2010

Hoy no saca la escopeta sino la pluma este periodista y escritor, que acaba de publicar El diario del perro Lord, una obra que le llegará al corazón a los que aman a los animales, sobre todo, a los fieles perros. Para otoño vuelve al Paleolítico -que

Este cazador considera que su gremio ha aportado mucho a la gente del campo. Asume que los urbanitas los desprecian, pero él ataca a su «absoluta ignorancia» de la Naturaleza, a su moralina y a «las estupideces de Disney». Asegura que mata con respeto.

¿Cómo surge El diario del perro Lord? ¿A raíz de su muerte?

Lo empecé a escribir dos años antes. Tenía ganas de hacerlo porque ha sido mi compañero prácticamente desde que nació. Siendo ya muy viejo me puse con ello. Iba muy despacio y, de pronto, un día, Lord no pudo más y, tras varios ataques, el veterinario me dijo que no podía seguir así. Tuve hasta una sensación de culpa por no haber acabado el libro antes. Era como una especie de deuda pendiente.

De todos modos, cuando empezó a escribirlo, sabía perfectamente el desenlace, con lo cual la historia se ve reforzada, más creíble, por esa tristeza infinita de la pérdida.

Es lo lógico, su vida es más corta, aunque, en cierto modo, ellos son inmortales porque no tienen conciencia de la muerte ni de la existencia. La descarga emocional que sufrí al ponerme a escribir fue muy fuerte.

Antes se refería a él como mi compañero. ¿Qué vínculo existe realmente entre el perro y su amo? ¿Padre e hijo? ¿Amigos?

No, no. Es el vínculo más trascendental que el hombre ha tenido con otra especie. El lobo ártico ya estaba unido al hombre hace decenas de miles de años. Cuando atravesábamos el Bering. Si entras en la galería del Sílex de Atapuerca verás en algunas de las tumbas que el arquero tiene a su lado un perro. Ese vínculo establece unos comportamientos emocionales muy estrechos. Hay una relación de amistad entre un hombre y un animal. El perro siempre te verá como un compañero y el jefe de su manada. Además, tienen sentimientos propios y saben captar de un modo increíble los tuyos.

De hecho, se dice que huelen el miedo.

No es que lo huelan, es que los perciben. Es más, un can se llega a parecer mucho a su amo, lo cual es lógico pues es el jefe de la manada. Me parece increíble, como cuento en el libro, cómo te apoya, cómo se te pega cuando estás pasándolo muy mal, en momentos de depresión que todos tenemos. Cómo te ponen la cabeza como diciendo:«Yo estoy aquí, ¿eh?».

Mucha gente llega a decir que parece que el perro les entiende, que les escucha, que parecen querer hablar. En definitiva, que parecen personas.

Pero no lo son. Es un error muy extendido en el mundo urbano humanizarlo.

¿Cómo se le ocurrió utilizar los ojos de este can para narrar la novela?

Fue idea de un amigo, Juan Luis Arsuaga -uno de los directores del yacimiento de Atapuerca-, que, tras charlar sobre el tema, me lo sugirió en una nota.

El mismo nombre del perro, Lord Jim, ya hace un guiño a una obra de uno de sus escritores preferidos, Joseph Conrad.

Sí, y a la película de Peter O"Toole, que me encanta. En esa novela, Conrad muestra al hombre que no es unidimensional. Narra la historia de un cobarde que, para redimirse, realizó la mayor valentía. Somos capaces de lo bueno y de lo malo, somos ángeles y demonios. Por otra parte, el nombre de su nieto, Mowgly, se debe a la novela de Kipling.

Conrad era autodidacta por obligación. ¿Hasta qué punto lo es su pluma?Lo digo por su prosa desenfadada.

Quería la máxima sencillez en esta obra pues yo soy un castellano de pura cepa. De al lado de Atienza, de Bujalaro. También por mis lecturas de juventud:Jack London, Poe o las novelas de Zane Grey, de las que nadie quiere acordarse, o de Cooper y El último mohicano, aunque prefiero la película.

Lord era fiel a su cojín y, sin embargo, adoraba salir a cazar.

Un perro es de casa y de caza. Tiene su rincón, su guarida, y también sus pasiones:cazar. Recuerdo por las noches, en mi despacho (un cuadro del animal lo preside) cuando me ponía a escribir, se tumbaba horas y horas, hasta que se cansaba un poco, ponía la pata en el teclado y me decía:«Oye, sácame un poco, ¿no?».

Le gusta mucho escribir por la noche.

Aparte de por mi (estresante) profesión de periodista, soy bastante noctámbulo y lunático. La noche me gusta y, de hecho, paso mucho tiempo en el monte solo escuchando los sonidos y los silencios de los bosques y de las tierras.

Tiene que ser muy emocionante para un cazador ver los amaneceres.

Sí, y, sobre todo, los crepúsculos. La hora bruja se produce cuando el día no ha muerto del todo y está a punto de llegar la noche. Se hace un silencio tremendo porque las criaturas diurnas se han retirado y las otras aún no han salido.

Hablando del crepúsculo, Lord, cuando se jubila, lo pasa realmente mal. Quizás lo lleva peor que un ser humano.

Siempre fue muy voluntarioso y seguía conmigo incluso cuando apenas podía portar las piezas. Recuerdo que su nieto se puso furioso cuando otro perro intentó arrebatarle un conejo que llevaba en la boca a Mari (un personaje de la historia). Saltó a por el otro de una manera...

Los celos los llevó mal cuando llegó el bebé.

Los dos sabían que tenían su sitio. Al principio, Lord lo pasó mal, ya sabes que los perros tienen estructuras jerarquizadas. Pero se respetaron.

Debe ser duro para Mowgly saber que nunca será capaz de llenar ese vacío.

Vino cuando tenía solo seis meses. Necesita mucho afecto y tiene también mucho coraje. Yno es consciente de su tamaño, pues se enfrenta a perros cinco veces más grandes. Es un bretón con un corazón de león (ríe).

Hablaba antes del mimetismo entre la persona y el animal. ¿Puede ser el dueño de un perro noble un hombre malo?

Debería fingir mucho el hombre, que es capaz de sentir compasión y también de cometer un crimen, pues los perros se someten al jefe de la manada. Los animales son inocentes hasta en sus homicidios. La Naturaleza es homicida e inocente a la vez. Hay que comer y matar.

El homo asfalticus lo tratas en tu libro...

Yo estuve en los inicios de los movimientos conservacionistas, que calaron hondo en la sociedad. Se ha avanzado mucho, pero también ha aparecido el ultraecologista, un talibán, desvinculado del contacto directo de la tierra que están en otras cosas. Es un ecologismo politizado y muy lejos de la realidad de la Naturaleza y del hombre del campo, porque el peligro radica en la desaparición del homo agrarius. El homo asfaltus considera esos parajes como una postal y no es consciente de que allí vive gente, trabaja gente, caza gente... Igual creen que los filetes de ternera crecen en las estanterías de los supermercados. Para ellos, es una especie de A mí que me los maten, y no miro.

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