El Papa Benedicto XVI llegó ayer a Sao Paulo para efectuar una visita pastoral de cinco días, la primera que hace como Pontífice a este país y a América Latina.
El avión en el que viajó el Papa, un Boeing 777 de la compañía Alitalia, aterrizó en el aeropuerto internacional de Guarulhos, en Sao Paulo, a las 16,02 hora local -21,02 en España-, casi media hora antes de lo previsto.
El Santo Padre, cuya llegada tuvo lugar bajo un cielo gris que amenazaba lluvia, salió por la puerta delantera del aparato y descendió con paso decidido las escaleras, a cuyo pie fue recibido por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva y su esposa, María Leticia.
El presidente y el Pontífice, a cuyo lado se encontraba el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Tarcisio Bertone, se saludaron con un gesto afectuoso, estrechando juntas ambas manos.
Tras el saludo, la comitiva se dirigió a un hangar donde se celebró una ceremonia de bienvenida.
El Papa viajó acompañado también por los purpurados Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión para América Latina; Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, y José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, entre otros prelados.
Al concluir el acto, Benedicto XVI se desplazó en helicóptero hasta la base área Campo de Marte, en la zona norte de la ciudad de Sao Paulo, y desde allí en el papamóvil hasta el monasterio en el que se alojará.
Cientos de personas aguardaban en el exterior del recinto la llegada del Obispo de Roma, quien permanecerá en Brasil hasta el domingo, cuando inaugurará la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.
El Brasil que el Papa tiene ante sí es un país diverso en su religiosidad, que contraviene sacramentos como el del matrimonio, practica al mismo tiempo el Catolicismo y el candomblé, y se dice creyente, pero poco practicante. En ese punto, Benedicto XVI prefiere la calidad a la cantidad.
Es el diagnóstico que hacen muchos observadores e incluso centros de estudios católicos, que en las últimas semanas vienen desmenuzando cada uno de los aspectos de la religión en Brasil, donde la población tiende a acomodar la práctica del culto a otras necesidades más laicas.
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