Un año más, miles de riosecanos acudieron a la ermita de Castilviejo a la llamada de su patrona, la Virgen de Castilviejo, para vivir un día en el que lo religioso, de nuevo, se mezcló en perfecta simbiosis con el buen ambiente festivo y campestre. A las 12.30 horas, en la pequeña ermita, no cabía ni un alfiler cuando se celebró la misa cantada por la Coral Riosecana Almirante Enríquez. Después, comenzó la procesión en la que las imágenes del Cristo y de la Virgen recorrieron la pradera en medio de los bailes del grupo de danzas Ciudad de Medina de Rioseco al son de las músicas de los dulzaineros del Valle.
En los actos estuvo presente la corporación municipal, encabezada por el alcalde, Artemio Domínguez, el predicador de la novena en honor a la Virgen el sacerdote de la parroquia, Roberto Pérez, y el presidente de la Hermandad de la Virgen de Castilviejo, Antonio García.
Fiesta familiar. La Virgen de Castilviejo es una fiesta en la que familias y amigos aprovechan para reunirse y disfrutar de una jornada campestre en la que no puede faltar la degustación de viandas típicas como la tortilla de patata.
El nombre de Castilviejo procede de un antiguo castillo que se encontraba situado en las inmediaciones de la actual ermita y donde, según la tradición, apareció una imagen de la Virgen. Aunque las fiestas grandes de la localidad son las de San Juan, en junio, los riosecanos siempre han manifestado una fuerte devoción hacia la Virgen de Castilviejo, sobre todo en épocas de sequía, cuando la imagen se llevaba en procesión hasta la iglesia de Santa María, donde se hacían novenarios.