Desamparados durante las últimas décadas, pero con un gran cariño por parte de sus propietarios actuales. Los burros se han convertido en animales en peligro de extinción por diversas circunstancias acontecidas en la provincia y en el resto de España. Aunque no existe ningún censo concreto sobre el número de ejemplares existentes en la actualidad (ni por parte de la Junta ni por otras asociaciones) se podría decir que durante los últimos 50 años han desaparecido cerca de 3.000 ejemplares en la provincia.
La causa principal está clara; la llegada de la maquinaria a las labores del campo. Los tractores, las cosechadoras... ningunearon a estos animales que habían sido una pieza básica y fundamental en el medio rural de la provincia durante la época de la postguerra. Sin embargo, poco a poco dejaron de ser útiles para muchas personas y el éxodo desde los pueblos a las ciudades dejó a muchos burros sin dueño. Aquellos que aún contaban con propietarios lo hacían para labores de menor importancia como arar la huerta o cargar leña. Así, se estima que en la España franquista cohabitaban en España 1.200.000 ejemplares, mientras que hoy se estima que sólo subsisten 50.0000.
Los especialistas alertan de que este animal doméstico, protagonista de numerosos refranes y canciones, tiene los días contados. Las seis razas puras de burros españoles se encuentran amenazadas. Asnos catalanes, mallorquines, zamorano-leoneses, andaluces, majoreros (Fuerteventura) y de Las Encartaciones (Vizcaya) apuran sus últimas opciones de supervivencia.
Varias asociaciones luchan por preservar la vida de este pequeño equino de grandes orejas. El presidente de la asociación de Criadores de la Raza Asnal Zamorano-Leonesa, Jesús de Gabriel, manifiesta que la pérdida de ejemplares ha sido continua durante los últimos 50 años. «Además, hay que tener en cuenta que muchos de los burros existentes en la actualidad viven solos, repartidos por los pueblos y casi no contamos con ellos en los registros porque ya los damos por perdidos ante la imposibilidad de que se reproduzcan», matizó De Gabriel, quien insiste en que los asnos se han convertido «en animales de compañía». «Durante los años 1955-65 se produjo la desaparición del 90% de los equinos de tracción existentes. Los censos no son fiables y ahora estamos en una situación ridícula en comparación con aquellos años».
Pero, por suerte, la provincia continúa manteniendo algunas tradiciones ilusionantes que dejan un hilo de esperanza para la recuperación. Por ejemplo, la localidad de Tordehumos ha hecho que se conserven sus burros con el fin de que no se pierda en el pueblo la tradición de celebrar el Día de la Leña. Una jornada en la que los quintos que cumplen 18 años suben al monte del pueblo a lomos de sus animales con sus llamativos ponchos de colores.
De origen desconocido, este día venía a suponer un reto y emblema de superación para demostrar que el mozo ya pasaba la mayoría de edad y estaba preparado para la nueva vida. Con el tiempo esta tradición se enmarcaría dentro del calendario festivo, que rodeaba a los mozos, previo a cumplir el servicio militar. Ese día, los quintos regresan, a última hora de la tarde, con sus burros cargados de leña con la que realizan una gran hoguera en torno a la que se organiza una gran fiesta en la que participan todos los vecinos.
Estas tradiciones junto con la utilización de los burros en las ferias y mercados medievales, cedidos por algunas empresas, son las únicas salvaguardias de estos animales que tanta importancia tuvieron en la agricultura de la provincia durante los años de postguerra. Una luz al final de un túnel por el que han tenido que pasar estos mamíferos bastante despreciados e incomprendidos ante la llegada de la maquinaria. Una esperanza para sus propietarios.
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